Ochenta años después

La derrota del franquismo está siendo muy lenta. No obstante, las celebraciones en este octogésimo aniversario van quedando relegadas a la extrema derecha, con Intereconomía de protagonista, además de otras opiniones erráticas de la todavía legal Fundación Francisco Franco o alguno de sus miembros, que encuentran acomodo en las páginas de ABC, y aparte de algunas parroquias católicas, que siguen acogiendo el acontecimiento sin avergonzarse. Para la gente normal, la fecha del 18 de julio no pasa de ser un mal recuerdo.

La historiografía también ha dado pasos definitivos. Atrás ha quedado la justificación del Alzamiento Nacional con la falacia de la revolución comunista o de la Cruzada con la hipérbole de la persecución religiosa. En la sociedad, el golpe de Estado también va perdiendo las justificaciones, a pesar del esfuerzo permanente que realiza la Iglesia católica con su martirologio y a pesar de los negacionistas, encabezados por Stanley G. Payne, que se retrotraen a la Revolución de 1934 o la proclamación de la República para encontrar justificación del golpe de Estado.

La interpretación de la equidistancia, sin embargo, aquella del “todos fuimos culpables” de Vidarte o de “no fue posible la paz” de Gil Robles, que terminaba calificando a la Guerra como una catástrofe colectiva inevitable, que había que olvidar, esa interpretación tarda más en caer. A veces reverdece, incluso, y uno puede encontrar autorizados artículos de opinión en El País cargados de expresiones como “contienda fratricida”, “cataclismo colectivo”, “deplorable catástrofe de atrocidades homicidas” y otras varias, así dichas, sin más precisión, que conducen inevitablemente a la arcaica catástrofe colectiva que nos invitaba a olvidar.

Pero esta tesis de la equidistancia ya no cuaja, como lo hizo durante el régimen de la Transición, porque ahora existen las fosas abiertas y, paso a paso, van apareciendo todos los nombres y sus esqueletos. “Aquello” ya no se puede ocultar. Por si quedaban dudas para algunos, el Tribunal Supremo calificó los crímenes del franquismo como crímenes contra la humanidad. Lo hizo en el razonamiento QUINTO de la sentencia 102/2012 de la Sala de lo Penal, por la que absolvía al juez Garzón del delito de prevaricación, con estas palabras: “Los hechos anteriormente descritos, desde la perspectiva de las denuncias formuladas, son de acuerdo a las normas actualmente vigentes, delitos contra la humanidad en la medida en que las personas fallecidas y desaparecidas lo fueron a consecuencia de una acción sistemática dirigida a su eliminación como enemigo político”. Como razonaba Antonio Elorza en El País el 1 de noviembre de 2008, de los crímenes nazis a Karadzic, una calificación (jurídica) adecuada de los crímenes vale más que una cascada de libros”. 

Pese a quien pese, esta es la novedad del octogésimo aniversario. De modo que para la ciencia histórica, el golpe de Estado del 17 de julio de 1936 fue un acto “fuera de toda legalidad”, que atentó “contra la forma de gobierno”, proyectando y ejecutando un “crimen contra la humanidad”, según está demostrado historiográficamente y aseverado por la Audiencia Nacional y por el Tribunal Supremo. Fin del debate interpretativo.

La sociedad, sin embargo, camina más lenta y el franquismo perdura. Pero el camino para remediarlo no es la ocurrencia que acaba de tener el abogado Eduardo Ranz con la aquiescencia de Zapatero, de emprender una iniciativa legislativa popular para mejorar algunos aspectos de la conocida como Ley de Memoria Histórica. El movimiento memorialista, sin necesidad de personalismos anacrónicos, hace ya mucho tiempo que viene buscando el acuerdo de los partidos con representación parlamentaria para crear un Comisión de la Verdad, que asiente con todo rigor la verdad histórica ya conocida y que oriente a los poderes públicos acerca de la legislación deseable, como han hecho todas las comisiones de la verdad en los países que sufrieron dictaduras criminales. Esta es la tarea en el octogésimo aniversario del crimen


Marcelino Flórez

«ENTRE TODOS LAS MATAMOS»


A veces sospecho que me estoy quedando sin argumentos. Que estoy dejando de creer en las promesas y hasta en las palabras. Que la posibilidad de que dejen de matar a mujeres hombres que un día dijeron amarlas es una quimera.

No soy de natural conformista y nunca he sido de esos fatalistas que aseguran que no hay nada nuevo bajo el sol, que siempre ha habido ricos y pobres y que siempre los habrá, del mismo modo que guerras o racismo. No hace tantos años llegué incluso a creer que al menos en nuestro país la igualdad entre los sexos se atisbaba en el horizonte y que el machismo se encontraba en franca retirada.

La igualdad era el discurso social hegemónico, las leyes que la promovían se aprobaban por unanimidad, las mujeres destacaban en lo académico y se incorporaban al mercado de trabajo garantizando sus ansias de autonomía. Los hombres aceptaban estos cambios con naturalidad y era más fácil observar sus resistencias en su falta de iniciativa, en el modo en que las dejaban hacer en público o en cómo se escaqueaban en lo doméstico, que en su defensa de los discursos conservadores.

Tal era el optimismo que interpretábamos el incremento de las denuncias por violencia de género como el resultado del aumento de la sensibilidad ante un fenómeno en retroceso que llevaba a las víctimas a denunciarlo en cuanto mostraba sus primeros síntomas. Cada año crecían los recursos para proteger a las víctimas, se empezó a formar a quienes las acompañaban en el proceso (policías, jueces) e incluso a intervenir psicopedagógicamente con algunos victimarios.

Al rechazo social a los ejecutores de maltrato se unía una protección efectiva de las víctimas que buscaba ayudarlas a cortar con los lazos de dependencia económica y emocional que las hacían volver con los agresores, y la presencia creciente de hombres en las manifestaciones cuestionaba el silencio cómplice en el que se apoyaban los agresores para justificar culturalmente su comportamiento con las mujeres.

Las críticas contra la Ley de violencia de género hablaban de sus insuficiencias, de que al limitar su aplicación a la violencia en las parejas heterosexuales parecía cuestionar el carácter de género del resto de las violencias machistas contra las mujeres (el acoso sexual, la violación, el asesinato...), de no hablar de las violencias que sufren los colectivos LGTB.

Hablo de una época en la que predominó la idea de que bastaba con que la acción política denunciara los privilegios masculinos, al tiempo que empoderaba a las mujeres, para que la sororidad entre estas y el aislamiento de los hombres más refractarios nos fuera llevando a un contrato social más igualitario. Una época en que la unanimidad lograda en torno a la Ley contra la violencia de género creó la sensación de que la lucha por la igualdad y contra las violencias machista había dejado de tener color político y nos hizo confundir la crisis de legitimidad del machismo con el principio del fin de su derrota, subestimando su capacidad de adaptación.

Hubo voces, apenas escuchadas, que sin cuestionar que lo prioritario era acabar con las desigualdades que sufren las mujeres, alertaban de lo injusto y peligroso que era olvidar a los hombres, de lo importante que era apoyarlos en el cambio que se les exigía para transformar su desconfianza en conciencia de los beneficios universales de la igualdad.

Se ignoró el temor, no siempre consciente, de muchos hombres que creen que lo que busca el feminismo es invertir las relaciones de poder entre los sexos, y fue un error creer que se puede posponer indefinidamente el abordaje de la violencia de género que sufren los niños en su proceso de socialización para que sean homófobos, repriman sus emociones, se expongan a riesgos innecesarios, usen la violencia en la resolución de los conflictos...

No se vio que al incorporar los problemas de los hombres a las políticas de igualdad no se pretende igualar sus problemas a los de las mujeres, ni supone un reparto de los recursos, sino que busca que vean que se cuenta con ellos en el diseño del futuro en igualdad que propone el feminismo. Que lo que se precisa es combatir las resistencias de los hombres, animándoles a que abandonen sus privilegios, a que dejen de soportar el precio que pagan por los mismos y a que vean la necesidad de deconstruir las masculinidades.

Después, la Crisis acabó con muchos espejismos; primero fue la supresión del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha y la del Ministerio de Igualdad, a las que siguieron los recortes del Gobierno del PP que dieron paso a un discurso neo- y post-
machista que, haciendo bandera de la igualdad efectiva frente a las medidas de discriminación positiva, logró ponernos a la defensiva.

Faltan recursos para apoyar a unas víctimas sobre las que se ha extendido la sospecha de las denuncias falsas, pese a que la mitad de las que resultan asesinadas lo son pese a haber denunciado su situación, sin que nadie, ni jueces ni delegaciones de gobierno, asuman ninguna responsabilidad por dejarlas desprotegidas. Se trata de un retroceso de consecuencias incalculables.

Hartas ya de estar hartas, las feministas convocaron el 7N de 2015 a cientos de miles de personas que recorrieron las calles de Madrid para exigir una lucha sin cuartel contra las violencias machistas. El 21 de octubre de 2006 celebramos en Sevilla la primera manifestación de hombres contra la violencia machista para acabar con el silencio cómplice de la mayoría, y en el tiempo transcurrido se ha avanzado mucho en este terreno, pero el número de las asesinadas no desciende y la experiencia de los países más igualitarios nos demuestra que no va a descender si no logramos una implicación más activa y consciente de los hombres.

Por eso, el próximo 21 de octubre, diez años después de aquella primera manifestación, hemos vuelto a convocar en Sevilla a hombres de todo el Estado para demostrar que, a pesar de todo, somos muchos los que vemos que el machismo es violencia. Aspiramos a ser muchos, pero nuestro éxito será lograr que quienes no acudan se sientan con la necesidad de justificar su ausencia.


José Ángel Lozoya Gómez
Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad

La naturaleza irónica del cambio climático


Vivimos en un planeta esquilmado, quebrado, con un patrimonio neto natural inferior al 50 por 100 del capital natural que existía antes de la industrialización. Su cuenta de explotación también presenta pérdidas. Éstas se traducen en una deuda de carbono, en forma de cambio climático, para la generación actual y para las generaciones futuras. Ignoramos que las decisiones que hoy adoptamos causarán problemas irreversibles e incertidumbres a las generaciones futuras. Olvidamos la naturaleza limitada de los recursos naturales y la capacidad del planeta de reciclar los residuos. Vivimos instalados en el mito del crecimiento económico y la guerra soterrada por los combustibles fósiles que están perturbando el planeta.

Para buscar respuesta al abuso de la Naturaleza, acudo a la tragedia griega de Antígona y tomo como punto de aproximación el conflicto entre los seres humanos y la divinidad. Entre las leyes de los hombres y las de los dioses. Es importante advertir la imposibilidad moderna de la tragedia debido a la sustitución de la razón sagrada por la irónica. Es esta oscilación la que nos indica el camino. Etimológicamente lo sagrado es lo que funda, lo esencial, lo que protege. E ironía significa fingir ignorancia. El uso del significado etimológico de ambos términos, en el ámbito de la relación de los seres humanos con la Naturaleza, nos muestra la negación del carácter esencial de las leyes de la naturaleza realizado y su reemplazo por las leyes económicas, desvelando la naturaleza irónica del cambio climático. Esta afirmación conlleva, a su vez, la negación de la naturaleza trágica de este acontecimiento, en cuanto que admitirla equivaldría a negar la culpa del ser humano en la producción del cambio climático, ya que la culpa, en la tragedia, es una fatalidad que deriva de un acontecimiento sobre el que el ser humano no tiene control. Aceptar la naturaleza trágica del cambio climático, supondría admitir la tesis de quienes sostienen que éste es un acontecimiento originado por la variabilidad natural del clima, no por el hombre.

En la ironía posmoderna del cambio climático y la crisis ecológica y de biodiversidad, que no tragedia, en cuanto que la culpa hay que buscarla en los hombres y no en los dioses, la Naturaleza, que se niega a ser el cuerpo fecundo de la actividad económica del hombre, representa a Antígona. Los seres humanos encarnan el papel de Creonte, el rey que impone la ley humana de la economía. Y el cambio climático, resultado de la infracción de las leyes de cierre de ciclos de la naturaleza, representa a Polinices, el hermano muerto y no enterrado de Antígona. El calentamiento global simboliza la pérdida de la conciencia del hombre de su pertenencia a la Naturaleza, semejante a la que producía el no enterramiento de los cadáveres para los antiguos. Un tabú. Los residuos (de carbono) quedan en el agua, en la tierra, en el aire, sin enterrar, como en el mito griego, condenados a vagar por el planeta sin desaparecer, igual que las almas de los muertos, no enterrados, que vagaban por la orilla del río Leto sin poder sumergirse en él. Son la forma posmoderna de la imposibilidad de olvidar el calentamiento global. De martirio de hombres, especies y ecosistemas. Se infringe así la más antigua de las leyes biológicas: la de la higiene, y tanto los seres humanos como la naturaleza sólo pueden sobrevivir.

Para sumergirnos en el río Leto y superar el acontecimiento irónico que constituye el cambio climático, es necesario que aceptemos que los límites del planeta son los elementos esenciales en los que se funda la vida. Son lo que nos protege. Son sagrados. Pero si en nuestro afán de decidir por nosotros mismos y actuar de manera independiente del entorno, continuamos fingiendo ignorancia, negando los límites, la Naturaleza nos mostrará la finitud de cualquier ley humana. «La ironía dramática de lo callado [,entonces,] será abrasadora.»

Francisco Soler

Abogado, poeta, ensayista y artículista sobre temas de ecología política

El mérito y la capacidad desde la libertad y el derecho.


¿Como medir el mérito y la capacidad en política? Últimamente leo mucho sobre estos dos conceptos en política. Y está bien ese debate... pero al menos para mí está superado y solucionado. Otra cosa es que se tengan reticencias para ponerlo en marcha por parte de muchos detractores que no cumplen la verdadera condición de mérito y capacidad en política, pero que creen que sí lo hacen por cumplir con ellos para otros ámbitos.

El derecho de participación en el sufragio pasivo tiene dos grandes axiomas en España: la libertad y el derecho de cualquier persona española a participar y ser elegido como representante público, y los partidos como canales de provisión de liderazgos políticos para la sociedad y las administraciones.

Por tanto, el mérito y la capacidad, por el primer axioma, son restricciones si se hacen en cuanto a formación, lengua, raza, credo... o cualquier punto diferenciador. Y, por tanto, los partidos deben cuidar mucho esas restricciones.

Pero… ¿puede un partido filtrar quién se presenta por sus siglas? No sólo puede, creo que debe. Otra cosa es cómo lo haga, sin vulnerar derechos fundamentales recogidos en la constitución. Un partido puede poner reglas en cuanto a comportamientos, ideario, etc. Pero nunca poner cortapisas desde unos estatutos o hacer que su comité de garantías choque con los derechos fundamentales.

Y sigo preguntándome, que no me he respondido... ¿y cómo se mide y cuantifica el mérito y la capacidad?

Medir, cuantificar, en definitiva juzgar, implica un jurado y un articulado de condiciones. Ya hemos visto que las condiciones no pueden ser excluyentes, así que debe haber una igualdad de condiciones no restrictivas en cuanto a diferencias cualitativas o cuantitativas respecto de los candidatos. El mismo jurado que decide “quién va”, puede ser también una restricción, Por tanto la fórmula para medir mérito y capacidad pasa por la “autoritas”, que no la “potestas”, es decir pasa por buscar personas que sean reconocidas por muchos, conforme a su mérito y capacidad, para que representen a los ciudadanos de una región, un municipio o de España. No vale un curriculum, ser mas alta, más guapo, mejor sonrisa, hablar mejor en público... valen sólo los apoyos que tengas.

Pero los apoyos deben ser muchos en cantidad y cualidad y, en política democrática, se miden, antes que nada, en cantidad: los consensos son el resultado de acuerdos entre mayorías y minorías; y las mayorías son muchas personas decidiendo algo conjuntamente, dando una autoridad a alguien o a algo. Por tanto el mérito y capacidad en política sólo pueden trasladarse desde unas primarias. Primarias que aportarán una persona elegida por un jurado enorme, una persona electa que, después, deberá limar asperezas para ganar el consenso de todos.

Los que ganan unas primarias ya tienen mérito y capacidad en política. Los que las revalidan... esos ya lo demuestran otra vez. Por eso la forma de elegir a los mejores en la política pasa por primarias y asambleas. No hay otra forma. Lo demás es mediocridad política. Si no eres capaz de convencer "a los tuyos", como pretendes convencer "a los de fuera". Un liderazgo ganado por primarias y mantenido es la única forma de dar mérito y capacidad. Por eso se teme tanto a las primarias por aquellos que son incapaces o no tienen mérito.



Rafael Ruiz Herbello

Mi análisis de los resultados.


1) El PP logra un resultado espectacular en Galicia, pero un resultado desastroso en Euskadi. El primero les compensa: Euskadi, como Cataluña, siempre fueron colonias de ultramar para el PP. Al final, la estrategia de abrir la mano con el déficit para reactivar la economía, a la par que cansas al electorado de izquierdas dejándoles cocerse en su propia salsa de divisiones, está dando resultado. Ahora, basta con rematar a C's para lograr volver a las absolutas que tanto les gusta. 

2) Podemos/En Marea/ Elkarrekin Podemos tiene resultados aceptables. Si no fuese por las expectativas, nadie dudaría que ser el segundo partido en Galicia y el tercero en Euskadi, y primera fuerza no nacionalista, es un gran éxito para un partido nuevo. El caso vasco es de libro: voto dual, los vascos votan una cosa en las autonómicas y otra en nacional. El gallego es menos contundente, pero de nuevo, se sacan peores resultados que en las generales. No obstante el éxito, se notan signos de cansancio en el electorado de Podemos: demasiadas citas electorales y dificultades para que el proyecto se concrete en cambios (gobiernos), las divisiones internas y, por supuesto, una estrategia de PP y PSOE, de no dar agua ni espacio a podemos, que esta desgastando a los votantes menos movilizados. De todas maneras, Podemos apunta al futuro, de la misma forma que PSOE apunta al pasado. Veremos si son capaces de organizarse para que ese futuro brille. 

3) PSOE muestra a las claras cual es su proyecto actual: perder elecciones, principalmente, en las comunidades periféricas, gracias a su recién adquirida obsesión centralista. Es tentador extrapolar los resultados vascos y gallegos a todo el estado, pero no seria preciso ni justo, pero, en cualquier caso, la tendencia a la baja del PSOE está ahí. Sin Galicia, Euskadi, Cataluña y Valencia, el PSOE nunca volverá a ser ese partido hegemónico de gobierno que fue y, si la cosa sigue así, y parece que así va a seguir porque la elección es entre el centralista sanchez y la enloquecida independentista Susana Díez, el PSOE acabará siendo el partido de oposición o gobierno principal de los electorados envejecidos y central/sureños, de las castillas, andalucía y extremadura y un partido secundario en el resto del estado. 

4) C's hace tiempo que dejo de ser interesante para el stablishment. Nunca tuvo presencia en espacios como Euskadi y apenas en Galicia, pero los señores de la derecha ya se dan cuenta que los naranjas no suman ya, restan. Parada (creen) la amenaza de Podemos, ahora Cs no sirve de mucho y, parece, quieren que Ciudadanos demuestre responsabilidad, sensatez y apoyo a la gobernabilidad pasando a la irrelevancia. La operación ha terminado y C's son la nueva UPyD en apenas 2 años. 

PD: Sería irónico que los resultados tan nefastos en las comunidades periféricas fuesen utilizados como excusa por los barones centralistas del PSOE para bloquear un acuerdo con podemos y cumplir así su sueño húmedo de cargarse a Sanchez. :) Vamos, sería realmente divertido.



Ignacio Paredero Huerta
Socialista, Politólogo, Sociólogo, Activista LGTB+. La Igualdad, real y efectiva, es mi prioridad.

Mi patria es el planeta (III): Biorregionalismo

Las fronteras de los estados, que son líneas arbitrarias, atraviesan las fronteras que dibuja la naturaleza, que son fronteras vivas. Naciones y estados se superponen a biorregiones. Delimitaciones políticas, culturales, urbanísticas, se entrecruzan, se solapan con los límites naturales, que muchas veces quedan ocultos. Unos mapas esconden otros. Debajo y alrededor de las casas en línea y fábricas, calles, cloacas, autopistas, vías de tren, aeropuertos, oleoductos, gasoductos, jurisdicciones legales, fronteras políticas y administrativas, la geografía natural de la vida perdura. Comparados con los ecosistemas los sistemas humanos resultan torpes e imperfectos.

¿Qué es un estado? Según el Tratado de Paz de Westfalia de 1648, es una organización destinada al dominio de un territorio y una población. ¿Y una biorregión? Es un área geográfica con características comunes definida por sus límites naturales: clima, ríos, geología, fauna, flora, y determinada por sus ritmos propios. Tiene un significado profundo para la gente que vive en ella. En ellos hay un arraigamiento a la tierra, al lugar donde se vive y un respeto por los demás seres vivos. A la vez hay una conexión viva con las demás biorregiones. A esta conexión se le llama resonancia y origina una forma-de-vida. La biorregión es un territorio geográfico, ecológico, social, económico, a la vez que mental y emocional, que cuestiona las fronteras políticas y la organización estatal y posibilita la reconexión con el planeta.

En el contexto de la creación de una identidad planetaria, la idea de un único espacio y múltiples territorios, el biorregionalismo la materializa en una imagen: un planeta y múltiples biorregiones. En él la identidad se entiende como identificación. «Identificarse es un proceso.» Sucesiva o simultáneamente podemos estar atravesados por diferentes identificaciones, unas más fuertes que otras. La identidad, sin embargo, «es una camiseta o un tatuaje que uno no se lo puede quitar.» Ejemplos de esta identidad-camiseta son los estados-nación étnicamente homogéneos o los organismos modificados genéticamente.

Es necesario, por tanto, comenzar la transición hacia formas de organización del territorio, cuya eficacia y funcionalidad sido probada durante millones de años: las biorregiones, que nos conduzcan a la rehabitación del territorio. A convertirlo en un lugar de vida, no únicamente en un lugar de residencia. Esto significa ser parte del territorio, familiarizarnos con sus características naturales. Convertirnos en nativos del lugar. Ser conscientes de la relaciones ecológicas que operan dentro y alrededor del mismo. Establecer una cultura adaptativa a los ciclos y a las condiciones concretas del medio. Construir una forma-de-vida conectada con el entorno. Ser los amantes de la Tierra, en definitiva. Para el paradigma biorregional los objetivos sociales se contemplan desde una perspectiva ecocéntrica, a la vez que femenina, toda vez que Terra es la deidad romana equivalente a Gea, la diosa griega de la feminidad y la fecundidad. La consecución de estos objetivos está exenta de toda forma de autoritarismo, dominación o soberanía.

El biorregionalismo no es un mero ejercicio teórico de la teoría política verde. Es, como dice Josep Puig, un objetivo político útil para la construcción de una nueva organización territorial que supere los caducos criterios económico-político-administrativos sobre los que se establece la actual división territorial. Este modelo es una mirada que se inspira en criterios biocéntricos y de sostenibilidad a largo plazo, útil para definir comarcas naturales –comunidades humanas, animales y vegetales– pensadas como unidades políticas. El paradigma biorregional es una guía válida para organizar la vida de una comunidad de acuerdo con sus sistemas naturales; sus estructuras de intercambio, tanto interiores como exteriores; sus propias necesidades como comunidad; y sus propios sistemas de sostenimiento biológico a largo plazo. Es una oportunidad para una vuelta a la naturaleza. Un regreso al futuro consciente que la vuelta al pasado es imposible.


Francisco Soler 
 http://www.laopiniondemalaga.es/blogs/barra-verde/mi-patria-es-el-planeta-iii-biorregionalismo.

La revolución pasiva en España y sus contradicciones.


Estamos viviendo en España una revolución pasiva, en el sentido que le da Gramsci, por el que la Revolución pasiva (“dependiente” para Waldo Ansaldi en el contexto latinoamericano, aunque perfectamente aplicable a la periferia europea donde se ubica España). Ésta es un entramado de continuidades y cambios , de persistencias y rupturas en el conjunto de la sociedad, que la modifican (modernizan) sin transformarla radicalmente. Se trata de un proceso que reconoce el poder y los privilegios de clases o grupos tradicionalmente dominantes en regiones menos desarrolladas en términos capitalistas, al tiempo que frenan u ocluyen el potencial transformador que eventualmente pueden expresar o demandan las clases subalternas. Es una dialéctica conservación-innovación. La revolución pasiva es un proceso de transformación capitalista que resulta del acuerdo entre clases o fracciones dominantes, con la exclusión de las clases subalternas y de los sectores “jacobinos”, con empleo sistemático de violencia o coerción y con una decisiva intervención del Estado en todos los espacios sociales. Consiste en una solución “desde arriba”, elitista y antipopular que, en la mayoría de los países de la región se resuelve bajo la forma y el ejercicio de la dominación política oligárquica […]  Waldo Ansaldi aplica esta teoría a la realidad latinoamericana diciendo, “Una singularidad de los casos latinoamericanos de revolución pasiva es que ellos se dan en una situación de dependencia […] una simbiosis de economía capitalistas (regionales y europeas, incluso norteamericanas), y economías y comportamientos sociales no capitalistas. En todo caso, las revoluciones pasivas que protagonizaban las clases dominantes latinoamericanas tienen componentes que van más allá de lo estrictamente político estatal, resuelto en el modo de dominación oligárquica, y definen imaginarios sociales, símbolos, como también comportamientos colectivos, sintetizables en la expresión modo de ser oligárquico, donde la frivolidad es una nota distintiva, como lo son también la posesión y el uso de los valores fundamentales: apellidos, ocio, dinero y raza”.

En España se da un proceso parecido al descrito por Waldo Ansaldi para América Latina, ya que España pertenece al mundo dependiente dentro de la UE. Como bien sabemos, desde los años 2009 hasta la actualidad, hemos ido viviendo la aplicación de la contrarreforma neoliberal contra los aspectos sociales de la Constitución del 78, y contra el modelo social europeo de postguerra (que llegó a España a principios de los 80 y se ha desarrollado en menor medida debido a la Dictadura). El consenso que había respecto a la Transición y a la Constitución fue roto por parte de la Derecha de este país. La pauperización de la Constitución y de la soberanía nacional se muestra con todo su esplendor con el giro que da Zapatero en 2009-11 hacia posiciones neoliberales, obligado por la TROIKA que amenazó con imponer un tecnócrata, y con la imposición por parte del PSOE y el PP de la “regla del oro del déficit” y la prioridad absoluta del pago de la deuda en nuestra Constitución. Como sabemos, dicho compromiso destierra la posibilidad de hacer una política contracíclica en un contexto de crecimiento ridículo y obliga a consumir gran parte del presupuesto de forma prioritaria para el pago de la deuda por encima de cualquier otra necesidad que tenga el Estado y la ciudadanía.

Este proceso, sin embargo, ha sido contestado desde mayo del 2011, pasando por las huelgas generales y parciales protagonizadas por los sindicatos, o las Marchas de la Dignidad, y ha erosionado el apoyo de los principales partidos de este país que han gobernado hasta entonces (PP, PSOE, CIU, etc.). La corrupción que ha saltado a primera plana día si y día también ha ayudado a agrandar la situación de crisis del bipartidismo que hemos vivido en los últimos años. Como la realidad es compleja, y las soluciones nunca son fáciles, a pesar de la brecha abierta estos años, España se encuentra en una situación de callejón sin salida. Las fuerzas que se denominan del cambio no son capaces de imponer una solución a los problemas derivados de la crisis, ni las fuerzas conservadoras tienen la suficiente fuerza para mantener el ritmo (ya bastante avanzado) de aplicación de la revolución pasiva. Aunque, hay que precisar, que al estar en el poder, el PP puede continuar implementando el modelo chileno (impuesto por Pinochet y los Chicago boys (3) en Chile a partir del golpe de Estado del 73 contra el gobierno de Salvador Allende) en España a mucha menor velocidad (y con el inestimable apoyo de la UE).

Sin embargo, este proceso se ve atravesado por contradicciones graves que se condensan en la investidura al nuevo presidente de este país, y que demuestra la autonomía relativa de los partidos políticos de los intereses del Bloque oligárquico de poder. Esta autonomía relativa provoca que la solución ideal de los poderes fácticos, la Gran coalición en sus múltiples facetas (ya sea en diferido, con abstención del PSOE, o directa, acuerdo PP-PSOE-C´S), no se pueda ensayar, a pesar de que se intente imponer dicho rumbo a través de la presión interna (barones) y externa (prensa y círculos económicos) al Secretario General del PSOE y a su equipo.

La revolución pasiva en España trae aparejadas las siguientes medidas ya ensayadas en otros países, y que pueden ser resumidas en el “consenso de Washington” (4), a saber: Semi-privatización del Estado del Bienestar y otras empresas o servicios del Estado (como RENFE o AENA) dadas a grupos empresariales preferentemente afines. Aumentar la tasa de ganancia y disciplinar la mano de obra a base de precarizar el empleo, reducir derechos, atacar a los sindicatos, acabar con la negociación colectiva, etc. Incitar a que ciudadanos pasen del sistema público de pensiones, de Sanidad o Educación, al concertado o privado a base de beneficiar fiscalmente a los consorcios empresariales, a la vez que se empeora el sistema público. Que el sistema impositivo sea regresivo y beneficioso a las clases altas y a las grandes empresas, mientras grave a clases medias y bajas con más dureza. Reducir la proporcionalidad del sistema electoral a la búsqueda de uno como el británico. Que el Estado funcione como una empresa privada (que en gran parte se ha conseguido), con la misma filosofía de gestión. Volver elitista la Educación Universitaria, intentando derivar con varias reformas a parte de los estudiantes a la FP (entre ellos la subida de tasas). Reducir normas ambientales para no “perjudicar” a los negocios, aumentar la desigualdad de clase, de género y de raza (con los inmigrantes no europeos), etc. Por supuesto, realizar las medidas de forma que sean muy difíciles de revertir  o imposibles (como se está comprobando en los ayuntamientos llamados del “cambio”) con el apoyo de la UE como paraguas e impulsor de la agenda (como se puede comprobar en la legislación que aprueban la Gran Coalición allí). Al que hay que añadir un proceso iniciado por el PP de re-centralización que ha hecho estallar uno de los conflictos más graves en la España contemporánea como es la Cuestión catalana, que está mediatizando de forma importante la agenda política española, y que las consecuencias pueden ser imprevisibles.

Las consecuencias son claras; Un país donde la oligarquía se impone a la ciudadanía. Un país más desigual. Un país con la riqueza polarizada, con mucha pobreza y un grupo de ricos muy ricos. Un país donde la democracia se ve vaciada de contenido y el sistema político pierde credibilidad dificultando, paradójicamente, cualquier posibilidad de cambiar el sistema.

Por supuesto, el Bloque Oligárquico de Poder “concederá” en esta Transición de una democracia con tintes sociales a una democracia autoritaria y antisocial, varias de las medidas que en la calle se han exigido a los gobernantes. Por supuesto, estas medidas serán las que menos afecten al núcleo duro del poder, las más cosméticas, que se ven englobadas con claridad en el “regeneracionismo” al estilo Joaquín Costa, que su mayor defensor (aunque no sólo) es Ciudadanos. Estas medidas, como buena revolución pasiva, no cambiarán la esencia del nuevo Régimen que se está construyendo sobre las ruinas del Régimen del 78, al que a este paso vamos a terminar echando de menos.

Los distintos actores políticos están en el centro de las contradicciones de la aplicación de esta revolución pasiva en España, ya que los intereses de los respectivos partidos no coinciden, en gran parte, con lo que necesita el Bloque Oligárquico de Poder, ni con la solución (la Gran Coalición) que hemos mencionado antes.

 Por la Derecha:

1. El PP apuesta claramente por continuar aplicando la revolución pasiva en España, pero capitaneada por ellos mismos. El PP está en un situación difícil ya que Rajoy no quiere dimitir para facilitar la investidura, ni hay forma de poder echarlo con un golpe en el interior del partido, y está acosado por casos de corrupción que complican el apoyo de otros grupos a su fuerza política. La jugada de las anteriores elecciones anticipadas le salió bien ya que logró recuperar apoyos a costa de C´S y vio debilitarse a los otros partidos en liza (Podemos y el PSOE). La campaña de polarización le sentó bien al PP, y un nuevo adelanto electoral probablemente le ayude a segar un poco más la hierba de los pies de C´S y permitirle ir acercándose poco a poco a la mayoría absoluta, ya que tienen un electorado bastante movilizado y pueden vender que son la estabilidad frente al resto. En este proceso de la primera investidura fallida han aprovechado para hacer tragar quina a Albert Rivera con el acuerdo entre los dos, con varias humillaciones de por medio, y está colocando a C´S en la órbita del PP sin regenerarse realmente. El PP espera que dos bacatazos electorales del PSOE, más la rebelión interna de la vieja guardia más los barones, obligue a Sánchez a abstenerse y logren mantener la presidencia del gobierno. Por supuesto culparan a Sánchez del posible adelante electoral y están consiguiendo, junto a los medios de comunicación, establecer una presión inédita sobre el jefe de la oposición.

2. C´S está en una situación muy difícil. Después de un intento fallido de llegar a un gobierno con el PSOE, pero que permitió atar en corto a Sánchez e impedir un acuerdo con Podemos, han acabado en otro intento fallido de investidura con el PP. El primer intento le costó votos, y el segundo, sin que el PP se regenerase, le costará votos también. C´S está en el dilema de convertirse en la muleta del PP, o de tratar de volar a solas para intentar ir sustituyendo poco a poco al PP. C´S, vivo reflejo del IBEX-35 y sus intereses, intenta que los partidos “constitucionalistas” (PP, PSOE y ellos) alcancen un acuerdo de Gran Coalición, ya sea en diferido (con abstención del PSOE) o directamente (en gobierno tripartito) para seguir aplicando el programa neoliberal de contrarreformas. El problema que se encuentran es que Sánchez no quiere pasar a la historia como el enterrador del partido, y el problema que tienen ellos es que en un acuerdo demasiado complaciente con los “populares” puedan quedar desdibujados y vayan poco a poco menguando y sus votos regresando al “hermano mayor”. C´S está entre la espada y la pared, elegir ser muleta del PP, con lo que ello conlleva, o explorar un gobierno alternativo, que puede hacerle perder votantes y apoyos en el Ibex.

Por la izquierda:

3. El PSOE condensa todas las contradicciones presentes de nuestro tiempo político. Es a la vez parte de la solución y del problema. A la vez pacta con Podemos (por ejemplo en Catilla la Mancha o Valencia), y con C´S (en su bastión, Andalucía). A la vez tiene un proyecto federal y una pulsión cuasi-centralista, que le está haciendo perder votos en las regiones periféricas como Cataluña, Euskadi, Navarra, Galicia y Valencia. El PSOE tiene una crisis sin precedentes, ya que comenzó a ejecutar los recortes y no ha realizado una autocrítica seria al respecto, ha ido cambiando de Secretario General y cosechando malos resultados tras malos resultados. Lo que le ha salvado es que ha logrado acceso a CCAA y ayuntamientos donde hacía mucho tiempo que no alcanzaba (como Valencia ciudad y CCAA). Sánchez tiene un difícil juego, tratar de armar un gobierno alternativo al PP con una parte del partido en contra (algunos barones y la vieja guardia socialistas), parte del partido que juega a la abstención para que Rajoy gobierne, pero con la casi imposibilidad de armarlo con los partidos independentistas. El Referéndum para el PSOE es imposible de asumir, ya que el Centro y Sur del partido se opondría frontalmente, incluso su militancia.

Sánchez está recuperando algo de espacio hacia su izquierda gracias a mantener el principio del “NO” a Rajoy, pero puede verse debilitado por el frente mediático (que carga contra él como el causante del bloqueo), al igual que por un revés más que previsible en Euskadi y Galicia, donde, barones como Susana, pueden tener la tentación de derribarle y sustituirle en el liderazgo del Partido. El PSOE se ve encerrado en la paradoja de ser parte del “Régimen del 78” y de impugnar parte de la política neoliberal aprobada en los últimos tiempos. Esta contradicción se ve claramente reflejada en este proceso de investidura, con pulsiones en dos direcciones totalmente opuestas que pueden amenazar con fracturar el partido de forma irremediable. En las próximas semanas, el equipo dirigente del PSOE (bastante débil) deberá de elegir entre lanzarse a la aventura de formar un gobierno con muchas dificultades o abstenerse con otra investidura del PP y ver como el PSOE se rompe por la izquierda y convierte las heridas abiertas del socialismo español en una riada de votos que se pierden por todos los orificios del partido. El PSOE se enfrenta al dilema de la socialdemocracia europea, ser acompañante de la derecha en el camino de destruir lo que esa socialdemocracia construyó en el pasado, o ser parte de la solución de la crisis andando por otro camino.

4. Unidos Podemos se encuentra también en una encrucijada. Por un lado, las dificultades de definición de un proyecto entre una pulsión populista cuasi-desideologizada (Errejón) y una pulsión izquierdista (Pablo e IA) que amenazan con fracturar el partido si no se busca una solución de compromiso. Unidos Podemos también tiene problemas con la cuestión nacional y el referéndum catalán, ya que, el “derecho a decidir” les da votos nacionalistas en las Comunidades históricas, a la vez que estanca el crecimiento en el resto, estando en una situación al revés que el PSOE. Unidos Podemos se encuentra con la contradicción  entre su discurso de política de alianzas parlamentarias (apoyo a un gobierno de coalición con el PSOE) y su práctica (de confrontación con el PSOE), que dificulta o imposibilita alcanzar un acuerdo con el PSOE (como pasó en la investidura pasada). Unidos Podemos deberá de elegir si confrontar con el PSOE a la espera de un improbable sorpasso en unas terceras elecciones, o tratar de alcanzar un acuerdo con el PSOE manteniendo perfil propio (evitando la táctica de Anguita, por un lado, y la de Gaspar Llamazares, por el otro). Las contradicciones en el propio Podemos pueden mediatizar la respuesta que dé el partido a esta situación. Si Podemos se ensimisma en una guerra interna será visualizado como un partido más y probablemente pierda votos a favor del PSOE en una nueva convocatoria electoral (salvo que el PSOE pacte con el PP). Las ansias de alcanzar el gobierno a toda costa, y de proponer un gobierno de coalición para el que no dan los números no facilita salir de los dilemas de la “izquierda a la izquierda” del PSOE que vuelven como una maldición desde los años 90. Hay que insistir que uno puede pactar sin diluirse si uno sabe mantener perfil propio como hizo el PCE durante mucho tiempo, y logra que la ciudadanía se entere de como cambia la práctica institucional y mejora sus vidas estando ellos en el gobierno o en la oposición apoyando un gobierno, sin tampoco renunciar a la legítima competencia electoral por intentar quedar más arriba del PSOE y poder gobernar. El experimento Podemos puede fracasar si la guerra interna se coloca por encima de la política en mayúsculas, como si el ansia del sorpasso, el tacticismo y sacrificar todo a la llegada rápida al poder se coloca por encima de la visión a medio plazo y la necesidad de clarificar el proyecto y las estrategias. Si Podemos fracasa iremos a una situación donde el desierto quedará para los tártaros y será muy difícil construir nada nuevo.

Las posibilidades de un gobierno alternativo: 

Además de la Gran Coalición, ya sea directa o en diferido, de la que ya hemos hablado, o repetir elecciones en diciembre donde probablemente se refuerce los partidos del bipartidismo (que ha fenecido) a costa de los nuevos con más baja participación, existen dos fórmulas de gobierno con sus problemas que ahora relataremos. Hay que señalar que aunque el bipartidismo haya muerto, los partidos del bipartito (PSOE y el PP) siguen siendo necesarios, y lo van a seguir siendo durante mucho tiempo, para poder conformar cualquier tipo de gobierno, y eso hay que tenerlo claro.

La primera opción de gobierno es en la que insiste Unidos Podemos con dos variantes: A) PSOE (85)+Unidos Podemos (71)+ERC (9)+PNV (5)+PDC (8)= 178 (mayoría absoluta en 176). B) PSOE (85)+Unidos Podemos (71)+PNV (5)= 161 a favor. Abstención de C´S y PDC. Votos en contra del PP y resto de nacionalistas (138).

El problema es que ERC prefiere realmente a un gobierno del PP en el poder con el que poder chocar (un nacionalismo necesita a otro) y así poder seguir con la ruta hacia la independencia y no van a aceptar (cosa que puede ser que PDC si acepte) votar “si” sin un referéndum aceptado por parte del Estado. Además, como señalamos antes, es muy complicado que en el PSOE acepten dicha opción ya que podría partir por dos el partido.

La opción con la abstención de C´S, y un gobierno de coalición con el PSOE, sería imposible ya que C´S no se puede permitir el lujo (sin herirse de muerte) de permitir un gobierno PSOE-Podemos con el apoyo de los nacionalistas a los que ha jurado combatir. Con lo cual está descartada.

La segunda opción es compleja, ya que requiere los votos a favor de C´S y Unidos Podemos sin entrar ninguno en el gobierno, que es lo que pretende el equipo dirigente del PSOE: PSOE (85)+ Unidos Podemos (71) + C´S (32)= 188 a favor lo que daría mayoría absoluta sin la necesidad del concierto con los nacionalistas. El problema es que C´S está muy entregado al PP (y al Ibex-35) pero podría tener miedo de una repetición electoral y ceder en última instancia si Unidos Podemos no está dentro del gobierno. A Unidos Podemos le permitiría ir solucionando sus problemas y construyendo el partido, mientras pasa a la oposición y vota a favor a cambio de varias medidas estrella de su programa, sabiendo que no hay correlación de fuerzas en el Parlamento actual para una ruptura completa con la austeridad impuesta por Europa, pero si hay margen para echar muchas leyes del PP al basurero de la historia mientras se rearma para otro ciclo convulso que se avecina. A fin de cuentas el gobierno que salga va a ser débil y difícilmente durará más de un año (hasta la aprobación de los próximos presupuestos generales del Estado) en un contexto de profundización de la crisis y de nuevos recortes venidos de Europa.

Posiblemente la única posible solución a este embrollo, que detendrá un tiempo el proceso de revolución pasiva que estamos viviendo en España, sea un gobierno en minoría del PSOE apoyado en la investidura desde fuera por el Unidos Podemos y C´S (además de otros nacionalistas), donde luego se negocie ley a ley, y se rearmen las fuerzas. Unas terceras elecciones no ayudarán a agrandar la ventana de oportunidad, la cerrarán más si cabe y con ello la posibilidad de lograr un cambio real en este país, y una salida a la izquierda de esta crisis.



Por Pedro González de Molina Soler.



Notas a pie de página:
  1. Antonio Gramsci, “Los cuadernos de la cárcel: Pasado y presente”. Editorial Casa Juan Pablos, México, 2009.
  2. En Waldo Ansaldi, “La democracia en América Latina, un barco a la deriva”. Editorial Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007.
  3. Los Chicago boys: https://www.youtube.com/watch?v=VDRBaw3DrdI
  4. El consenso de Washington:  https://es.wikipedia.org/wiki/Consenso_de_Washington