Una de romanos

 
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Estudio para «El juramento de los Horacios» por David, 1783


 


Comentado por Oscar Moreno
Acción Politeia


Cinco pilares para salir de la Crisis

Las Cinco ramas del árbol de la Vida. Dibujo de Esteban de Manuel


El COVID-19 nos está sometiendo a una prueba para la que no estábamos preparados. Y estamos respondiendo a ella en distintos niveles de distintas formas. Hans Klue, Director Regional para Europa de la O.M.S. ha sintetizado así cómo lo estamos haciendo en España: “Estoy profundamente impresionado por el heroísmo de los profesionales sanitarios, la solidaridad de la sociedad española y la resolución del gobierno”. Coincido con esa apreciación general pero no todo el mundo lo ve así. Es importante analizar con distancia los distintos tipos de reacciones, pero lo es todavía más enmarcar esta crisis en sus causas y consecuencias para extraer conclusiones y orientar nuestra acción. Vivimos en el siglo de la Gran Prueba, nos advierte el filósofo Jorge Riechmann, y vamos a necesitar poner en juego la mejor versión de nosotras y nosotros mismos para superarlas con el menor daño posible y poniendo las bases para un futuro mejor. Está ocurriendo espontáneamente para hacer frente a la emergencia sanitaria. Pero al mismo tiempo estamos viendo cómo otra parte, minoritaria pero muy orquestada, está mostrando su peor cara. Hay inercias e intereses muy fuertes que tendremos que vencer y que se movilizan a través de emociones muy poderosas: el miedo y el odio.

Este siglo nos está enfrentando a un escenario inédito en la historia de la humanidad. Nuestra civilización se está enfrentando a los límites planetarios y esa es la causa de que nos veamos enfrentados a grandes pruebas en las que nos jugamos nuestra supervivencia. Hemos superado ya la capacidad de los ecosistemas para reponerse de la fuerte presión a la que se ven sometidos por la acción humana, fundamentalmente por la económica, al tiempo que menguan aceleradamente las reservas disponibles de recursos no renovables. Las pandemias, nos dicen los expertos en salud de la OMS y en alimentación de la FAO, están fuertemente vinculadas al retroceso de los ecosistemas naturales y a la presión de la ganadería industrial sobre los animales. Nos advierten de que es preciso cambiar el paradigma agroalimentario. Si hemos ignorado estas advertencias es sólo porque choca con los intereses de la agroindustria y sus macrogranjas y con nuestros propios hábitos de consumo, en gran medida impuestos por esta gran industria. La buena noticia es que tenemos alternativas más saludables, más respetuosas con los animales, con los ecosistemas y con los agricultores y ganaderos tradicionales, que podrían garantizar nuestra alimentación. ¿Qué haremos? Podemos dedicar enormes recursos públicos de reconstrucción para volver a la “normalidad” del modelo de agroalimentario de producción y distribución que tenemos, o podemos seguir las indicaciones de la F.A.O. y la O.M.S y cambiar el modelo desde la base, trabajando con los agricultores y ganaderos, construyendo canales cortos y justos de comercialización, para asegurar nuestra soberanía alimentaria.

Esta crisis ha puesto al desnudo que no prestamos atención a las evidencias científicas y a sus conclusiones hasta que los males que nos anuncian nos golpean y nos paralizan. Ha puesto al desnudo que ha sido un error hacer recortes en sanidad. Ha puesto al desnudo que cuando necesitamos algo tan simple como mascarillas de protección o respiradores, nuestro sistema económico carece de capacidad de respuesta porque hemos deslocalizado nuestra industria textil y dejado la fabricación industrial en manos de China. Ha puesto al desnudo que la globalización económica y su impacto en la naturaleza es la causa de la pandemia y el medio para su propagación al tiempo que nos hace muy poco resilientes para enfrentarnos a ella. Ha puesto al desnudo que ha sido un error poner a la economía en el centro por encima de la salud y la vida, de los seres humanos y del resto de los seres vivos, de los ecosistemas que sostienen la vida.

Desde que empezó el siglo hemos pasado dos grandes pruebas de las que podemos extraer aprendizajes. La primera prueba fue el atentado contra las Torres Gemelas en septiembre de 2001. La respuesta vino en forma de Guerra por el petróleo justificada por razones falsas. No fue posible establecer la relación causa efecto. Pero hubo poderosos sectores que aprovecharon el shock que produjo el atentado para desplegar su hoja de ruta. En una economía que se mueve por el petróleo es clave hacerse con el control, de forma directa o indirecta, de los países con grandes reservas. Lo es más cuando estas reservas menguan. El 95% del transporte que mueve la economía mundial depende del petróleo. “Estados Unidos es adicto al petróleo”, como decía Jorge W. Bush. Pero no sólo Estado Unidos es adicto al petróleo, lo somos todos. Cuando Tony Blair pidió públicamente disculpas por este error histórico nuestro expresidente quedó al desnudo.

La segunda prueba fue la crisis financiera de 2008. Hacía años que se venían produciendo burbujas financieras y estallidos de burbujas, pero ésta alcanzó al corazón mismo del mundo financiero. La globalización económica había propiciado la construcción de un Gran Casino Mundial. En aquél momento Sarkozy percibió una falla de tal calibre que pidió a los líderes mundiales “refundar el capitalismo”. No se hizo nada parecido a una reforma que impidiese que esto volviese a ocurrir. Se preservaron los paraísos fiscales, se rescató con fondos y políticas públicas a la banca y se nos explicó que la crisis se originó porque “vivíamos por encima de nuestras posibilidades”. Ciertamente era así pero no por las razones y en el sentido en que se expresó para justificar lo que vino a continuación. El grupo de interés más poderoso a nivel mundial aprovechó el shock como oportunidad para impulsar la agenda de recortes en políticas sociales y de avance en la privatización de los servicios públicos. Hoy sufrimos la consecuencia de haber debilitado nuestro Sistema Público de Salud.

La tercera gran prueba es esta pandemia provocada por el coronavirus. Como en las anteriores, se nos presenta una bifurcación. Podemos aprovechar el parón sin precedentes al que nos hemos visto sometidos como oportunidad única para pensar y cambiar el rumbo o podemos asistir a un nuevo juego de malabares por medio del cual, poderosos sectores aprovechen el shock para imponer su agenda y seguir corriendo hacia el abismo, inyectando enormes cantidades de dinero público en la reconstrucción de la “normalidad”.

En las dos crisis anteriores hubo movimientos sociales contra la Guerra y contra la gestión política de la crisis. No fueron suficientes para influir en el rumbo que marcó la POLIS, pero supusieron un avance en despertar de la ciudadanía, en toma de conciencia, en construcción de la CIVITAS. También esta crisis está permitiendo avanzar el nivel de conciencia ¿Será una base suficiente para un cambio de rumbo? Aún no lo sabemos.

Hemos visto estos días como los gobiernos más afines a los más poderosos intereses económicos, el británico y el estadounidense, han sido los que más se han resistido a dar prioridad a la salud y a la vida sobre la economía. Y en nuestra tierra, vemos como el gobierno andaluz aprovecha la situación de shock como oportunidad para aprobar el Decreto Ley de Mejora y Simplificación de la Regulación para el Fomento de la Actividad Productiva en Andalucía, que elimina los limites ambientales a la actividad económica, allana el camino a proyectos urbanísticos especuladores, impulsa nuevos campos de golf en una tierra que sufrirá sequías persistentes como consecuencia del cambio climático y favorece las grandes superficies comerciales frente al comercio de barrio y frente a los agricultores y ganaderos.

Frente a esta hoja de ruta que nos lleva más rápido hacia el abismo y que ignora las evidencias científicas, proponemos a la sociedad andaluza construir las bases de un cambio de rumbo para Andalucía que nos permita vivir mejor respetando los límites y los ciclos de la naturaleza, cuidando a las personas y al resto de los seres vivos. Partimos de la visión de que en Andalucía tenemos mucho que ganar acoplando la economía a nuestro territorio, asentando nuestra prosperidad en el buen uso de nuestros recursos naturales, sociales, culturales y humanos. Somos plenamente conscientes de nuestro enorme potencial y de nuestra abundancia de esos recursos, lo cual nos hace confiar en la capacidad de Andalucía de salir adelante. Y somos conscientes de que el cambio de rumbo sólo será posible si está asentado sobre una base solidaria y justa.

Para ello proponemos a la sociedad andaluza impulsar nuestra soberanía construyendo cinco grandes pilares.

1/ La Soberanía Alimentaria de Andalucía es el primer pilar, el tronco que sostiene al árbol y a todas sus ramas. Es un aprendizaje de la Emergencia Sanitaria: puede parar toda actividad económica menos el sector primario y sus cadenas de suministro hasta llegar a las tiendas de barrio próximas a nuestros hogares. Estamos aprendiendo a valorar un trabajo que permanecía casi invisible hasta que nuestros agricultores tomaron nuestras ciudades con sus tractores. Junto a agricultores y ganaderos, transportistas, reponedores, dependientes y cajeras o cajeros nos aseguran disponibilidad de alimentos. Están en primera línea de la cadena de cuidados que sustenta la vida. Todos ellos y ellas insuficientemente valorados. Nuestro sector agroalimentario andaluz tiene la capacidad de alimentarnos de forma sostenible y saludable sobre la base de unas condiciones justas. Tenemos magníficas huertas, campos de cereal y esa joya que son las dehesas. Es preciso orientar el sector primario principalmente al consumo interior y reducir el comercio internacional de alimentos. No tiene sentido y es insostenible que los alimentos que llegan a nuestra mesa recorran 4.000 km de media. Necesitamos desarrollar canales cortos y justos de distribución al sector primario y crear un sólido sector agroindustrial andaluz.

2/ La soberanía energética de Andalucía es el segundo pilar, el que sustenta la economía. Hoy dependemos en un 80% de energía primaria importada, fundamentalmente de petróleo y gas. Sin embargo, somos ricos en recursos naturales, en sol y viento. Tenemos la tecnología necesaria para aprovecharlos y una buena base empresarial andaluza. Podemos reducir y gestionar mejor la demanda de energía que necesitamos para ser autosuficientes. Podemos hacerlo impulsando las comunidades energéticas en distintas escalas, para producir y consumir nuestra propia energía de forma cooperativa, reduciendo al tiempo drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

3/ La soberanía económico-productiva. Andalucía depende en un 80% de la fábrica global. La crisis del coronavirus ha dejado al descubierto que nuestro tejido productivo no estaba preparado para proveernos de simples mascarillas y de respiradores. También, que en situación de emergencia lo sabemos hacer. Grupos voluntarios andaluces están fabricando mascarillas en nuestras universidades. Investigadores de Málaga han preparado rápidamente un prototipo de respirador. Nos hemos dado cuenta de lo vulnerables que nos ha vuelto la deslocalización empresarial. Tenemos que re-localizar nuestra economía, producir en Andalucía la mayor parte de lo que consumimos en Andalucía imitando los ciclos cerrados de la naturaleza para reducir residuos y garantizar la disponibilidad de recursos a las generaciones futuras. Estamos redescubriendo nuestra capacidad para hacer por nosotras y nosotros mismos cosas que antes contratábamos o adquiríamos en el mercado. Tenemos que cambiar el modelo productivo re-equilibrando el reparto del trabajo remunerado y no remunerado. Hemos aprendido que buena parte de la actividad laboral se puede realizar desde casa ayudando a compatibilizar trabajo asalariado y trabajo de cuidados, al tiempo que se reduce drásticamente el consumo de energía y la consecuente contaminación.

4/ Poner la vida y los cuidados necesarios para mantenerla saludable en el centro. Pero si algo estamos aprendiendo en esta emergencia sanitaria es a darnos cuenta de la importancia de los cuidados de todo tipo que precisamos. Asistimos con horror a la tragedia que está ocurriendo en las residencias de mayores, sin recursos, sin medios, con personal precarizado. Asistimos al drama de las personas que han perdido sus trabajos, sus negocios o sus ingresos. Emergen redes informales de cuidados auto-organizadas y se reactivan redes solidarias ya existente. Nos damos cuenta de que no se puede sostener un confinamiento si no se asegura un mínimo vital a toda la ciudadanía y emerge, al centro del debate, la Renta Básica, junto con la necesidad de disponer de vivienda digna asequible y de servicios públicos universales. Si queremos cambiar de rumbo tendremos que repartir mejor los cuidados, retribuirlos mejor, garantizar un mínimo vital y unos servicios públicos universales para no dejar a nadie atrás. Hemos aprendido también que cuidarnos es poder respirar aire limpio y vivir en ciudades menos ruidosas. Y que podemos lograrlo si no volvemos a la normalidad en la forma de movernos. Podemos hacerlo de forma más saludable si aprovechamos el parón para replantearnos las prioridades, compartir recursos y activar las alternativas de transporte público que necesitamos como complemento a nuestra propia capacidad de movernos por nosotros y nosotras mismas, con nuestras piernas y con medios no contaminantes.

5/ Necesitamos soberanía política para tomar las decisiones adecuadas que impulsen el cambio de rumbo. Este es el quinto pilar. Si queremos activar esta hoja de ruta y no la que propugnan quiénes quieren seguir haciéndonos creer que el emperador está lujosamente vestido, necesitamos distribuir mejor el poder. Recuperar la Polis tal como fue concebida en Grecia: como lugar dónde hacernos co-rresponsables todas las personas de la gestión de lo común, con plena capacidad para tomar decisiones. Disponiendo para ello de medios de comunicación independientes del Emperador, con información veraz. Necesitamos escuchar a los científicos cuando nos presentan evidencias que nos advierten de que disponemos de apenas diez años para cambiar de rumbo. Si no lo hacemos el cambio climático entrará en un círculo vicioso fuera de control y las pruebas a las que nos veremos sometidos serán cada vez más frecuentes, más duras y nos cogerán con menos capacidad de resiliencia y resistencia. Resistiré, la canción que se ha hecho popular en nuestros balcones y azoteas cobra un nuevo sentido. Resistiremos si lo hacemos juntas, de forma solidaria y cooperativa, si aprovechamos el parón para cambiar de rumbo y recuperar los múltiples equilibrios rotos: sociales, económicos, ambientales, de género y generacionales y políticos.


Esteban de Manuel
Letras emergentes
https://estebandemanueljerez.wordpress.com/2020/04/09/cinco-pilares-para-salir-de-la-crisis/


Economía


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«Marzo y castillo de Lusignan» Miniatura de «las Muy ricas horas del duque de Berry» de los hermanos Limbourg S XV. Chantilly, Museo Condé







Comentado por Oscar Moreno
Acción Politeia

Tras el covid-19… ¿Qué sistema judicial vamos a resucitar?

El corona virus ha puesto en evidencia las miserias y grandezas de nuestro sistema social y económico, y de los colectivos profesionales. Personas a las que prestábamos poca consideración resulta que son esenciales y además asumen en estos momentos una gran y arriesgada responsabilidad en beneficio de la comunidad. Aplaudimos por ejemplo el valor del personal sanitario, de limpieza, de supermercados, de laboratorios, y con ello también reconocemos en parte, no suficientemente, la injusticia que hemos cometido anteriormente con esas mismas personas.

Yo formo parte de un colectivo que en general no merece ahora ningún aplauso, porque como abogada formo parte del sistema judicial, y el núcleo del sistema judicial, los juzgados y entidades colaboradoras, han protagonizado un suicidio irresponsable que ha dejado abandonada de justicia a nuestra sociedad en estos momentos de oscuridad.

En la era de Internet y el teletrabajo no se puede entender la paralización (salvo guardias) de los procedimientos. El daño en nuestra sociedad, a nivel de resolución de conflictos de convivencia y económicos, es inmenso. Y especialmente el daño a los niños y niñas en contextos de explotación sexual, malos tratos o en situación de negligencia, o inmersos en conflictos de sus progenitores. ¿Cómo es posible que en vez de potenciar los juzgados que resuelven los temas de familia y por tanto que deben proteger a los niños y niñas se posponga la intervención judicial al fin del confinamiento? ¿Cómo es posible, por ejemplo, que no se estén tramitando, más allá de las guardias, los procedimientos de violencia de género en la pareja o en otros ámbitos?¿Cómo podemos dejar paralizados los casos de abusos sexuales a menores? ¿Y cómo se puede a la vez estar diciendo que se mantiene el funcionamiento de los juzgados cuando solamente hay guardias y servicios más que mínimos, minúsculos, cuando no sale ni un papel ni se atiende una llamada ni se permite -salvo excepciones puntuales- la presentación de escritos?

Sin duda el temor razonable al contagio y a la difusión de la pandemia ha motivado el abandono de las sedes judiciales, pero debería haberse previsto por un lado un abandono menos radical (¿qué habría pasado si se hubieran vaciado igual los supermercados?) y por otro la continuación telemática de los procedimientos o de buena parte de los mismos. Al no hacerse la ciudadanía ha resultado abandonada por los Tribunales.

Pero también creo que el sistema judicial estaba ya herido, tras haber sido descuidado y empobrecido durante años.

La sobrecarga y falta de medios  especialmente acentuada a raíz de la crisis financiera del 2008 ha ido desmotivando y dificultando cada vez más la labor judicial de indagación, de profundizar en cada caso y buscar la solución correcta. Lleva mucho tiempo el sistema judicial andando en bastantes casos el camino de la "opinión" más que de la investigación y la verdad. Lleva mucho tiempo el sistema judicial no garantizando la profundidad en su actuación. Cada vez nos acercamos más a un sistema judicial superficial, como si lo único que se pudiera hacer es escuchar lo que dice una parte, lo que dice otra parte, la opinión de sus defensas, la opinión de fiscalía, y finalmente aplicar la opinión de quién juzga. Una justicia de opiniones es una justicia inútil y herida. Una justicia que no tiene medios para investigar, acercarse a la verdad y valorar de manera razonada y con conocimientos específicos, lo que corresponde a cada caso, no sirve para resolver conflictos. Y tal vez también por eso en vez de dar un paso adelante en estos momentos, el sistema judicial se ha quedado por completo ciego, sordo, mudo y paralizado. Se ha desposeído de toda percepción y fuerza, se ha suicidado.

Pero el sistema judicial es esencial para nuestra vida. En nuestro día a día y especialmente en las situaciones de crisis social como ésta necesitamos justicia, JUSTICIA con mayúsculas, y hay muchos y muchas profesionales de los Tribunales -no me refiero únicamente a la fiscalía, judicatura y abogacía- que tenemos vocación de servicio social y   queremos llevar a cabo esa labor, que queremos profundizar a la hora de hacer nuestro trabajo y para ello queremos que se renueve y potencie el sistema judicial.

Es necesario reflexionar sobre en qué consiste hacer justicia, el papel imprescindible de cada operador del derecho, y exigir respetuosa pero firmemente a quienes tienen el poder, que el sistema que se ponga en marcha tras esta parada mortal tenga la humildad, igualdad, respeto, compromiso, honestidad, planificación y capacidad necesaria para servir eficazmente a la ciudadanía en cada momento. Algo que actualmente no tenemos.




Blacksad

 
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Andrea Mantegna «Cristo muerto» h.1480 Pinacoteca de Brera, Milán



 


Comentado por Oscar Moreno
Acción Politeia


Alexandros

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«Alejandro Magno montando a Bucéfalo»

Copia helenística de un original del s.IV. a.c. Nápoles, museo arqueológico nacional.






Comentado por Oscar Moreno
Acción Politeia

Julio Cortázar, contar historias

 
Foto de Julio Cortázar
Portada de la edición de «Relatos»de Alianza ed.






Comentado por Oscar Moreno
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