Presente y proyección de la unidad europea en su setenta aniversario

I. Celebrando el setenta cumpleaños con cinco caminos

Se cumplen setenta años del Congreso del Movimiento Europeo en La Haya que alumbró la fundación del Consejo de Europa y generó un llamamiento a la unidad económica y política por parte de representantes de gran parte de las naciones del continente. Solo dos años más tarde, Robert Schuman realizaba la Declaración del 9 de mayo, fundadora de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero y daba el pistoletazo de salida a la construcción europea sentando las bases «de la futura federación europea».

Hoy día, la Unión Europea es el proyecto político de integración supranacional más avanzado del planeta. Una comunidad de 500 millones de ciudadanos, unida en la diversidad, que convive en un régimen basado en la democracia y el Estado de derecho, el respeto a las libertades y que mantiene las mayores cotas de bienestar por su modelo de economía social de mercado. Y pese a todo esto, la UE continúa siendo un proyecto porque sigue siendo un ideal, un objetivo ampliable, perfectible e inacabado.

La polémica sobre qué Europa queremos consolidar sigue viva. Si federal o confederal, si basándose únicamente en el mercado o también en la unión política, si promover o desmantelar el sistema social por insostenible, o tener una política exterior y de seguridad común propia o depender de los Estados Unidos para tal fin, entre otras. Son grandes cuestiones puestas sobre la mesa en las dos últimas décadas que siguen sin resolverse. Pero también se han consolidado realidades, entre ellas que el logro fundacional de la paz no era algo imposible, habiéndose evitado la reproducción de los instintos bélicos que destrozaron el continente durante siglos. Es más, hoy Europa, la Europa de la Unión, sigue siendo la historia de un éxito. A pesar de la crisis, y a pesar de los ataques internos de los antieuropeos y externos de nuestros competidores en el mundo. En palabras del Premio Nobel Mario Vargas Llosa:

«Europa es, en el mundo de hoy, el único proyecto internacionalista y democrático que se halla en marcha y que con todas las deficiencias que se le quieran señalar, va avanzando».

La actual Comisión Europea presidida por Jean Claude Juncker no ha permanecido ajena al complicado contexto que vive la Unión y ha decidido empezar a dar forma al futuro. Desde marzo de 2017, en el marco del sesenta aniversario de la firma de los Tratados de Roma, se vienen desarrollando en todo el territorio de la UE diálogos ciudadanos que han tenido como primer documento de discusión el Libro Blanco sobre el futuro de Europa. En dicha publicación la Comisión ha propuesto cinco posibles caminos para hacer frente a la situación de bloqueo institucional que vive la Unión por la indefinición o el recurrente papel de hostigamiento de algunos estados miembros. Resumiendo someramente esas cinco posibles salidas serían las siguientes:

— El primer camino propuesto por el Libro Blanco sería seguir igual, como en el momento actual: la Unión Europea de los 27 se centraría en cumplir su programa actual de reformas, que aun haciendo progresos resulta insuficiente.

— En segundo lugar, se contemplaría la opción de que la UE se limitara a ser un mercado único. Esta idea daría la razón a los brexiters y aquellos que abogan por una UE irrelevante en el ámbito político y en la esfera internacional. Esta posibilidad supone un paso atrás en tanto que solo una UE integrada políticamente podrá jugar el papel que la comunidad internacional espera. No debe haber más integración económica sin integración política o de lo contrario esto supondría asumir a priori un posicionamiento neocon o ultraliberal sin ningún contrapeso.

— La tercera posibilidad sería que los que deseen hacer más, hagan más: La UE permitiría en este caso a los Estados miembros que quieran avanzar en un mayor grado de integración que puedan hacerlo. Este hecho no constituiría ninguna rareza en tanto que el mismo eurogrupo es una representación muy clara de cómo la Unión se ha ido construyendo también desde diversos niveles de compromiso e integración.

— La cuarta opción sería escoger hacer menos pero de forma más eficiente: En este paso se afirmaría que aquellos logros que la UE ha desarrollado en estos años se mantuvieran, mientras que nuevas competencias u objetivos quedarían fuera de su horizonte.

— Y la quinta y última posibilidad supondría hacer mucho más conjunta- mente: los veintisiete decidirían hacer mucho más juntos en todos los ámbitos. Este camino es el que se correspondería más con la idea de una federación europea y a priori resulta la opción más difícil a corto y medio plazo.

Estas cinco posibilidades están siendo debatidas por líderes de la sociedad civil, del ámbito académico, jóvenes y el conjunto de la sociedad y también por instituciones políticas a otros niveles como parlamentos, regiones y entes locales, junto con responsables de la Comisión. Es importante considerar que el proceso de diálogos ciudadanos queda abierto hasta las elecciones al Parlamento Europeo en mayo de 2019, reflejando así su finalidad y quehacer deliberativo.

Entre las posibilidades propuestas por la Comisión Europea para el debate y la reflexión, se vislumbra como más factible que la UE siga el tercer camino. Los Estados miembros que quisieran compartir más soberanía y realizar avances importantes en la integración con Francia y Alemania en cabeza podrían hacerlo. En un futuro no muy lejano, cierta aplicación del quinto camino sería posible también, puesto que la evolución natural de la eurozona es acoger en su seno a las 27 economías de la Unión a la espera de hacer mucho más en otras esferas.

 II. Situación actual de la gobernanza europea

Desde la crisis económica en 2008, la Unión Europea ha ido dando pasos improvisados y al mismo tiempo firmes a favor de una gobernanza más efectiva de la zona euro que ha traído como consecuencia una mayor coordinación de sus economías. Este proceso ha sido liderado por los gobiernos de los Estados miembros, es decir, por el Consejo Europeo y dando mayor fuerza a la construcción europea en clave intergubernamental en detrimento de una evolución más federal. El reforzamiento de esta visión intergubernamental ha evidenciado cómo el proceso de toma de decisiones ha supuesto a veces dejar a un lado el método comunitario y restar protagonismo a la Comisión y al Parlamento.

La crisis de 2008 puso de relieve la insuficiencia del Pacto de Estabilidad y las lagunas en la arquitectura de la eurozona. La crisis de deuda soberana y consiguiente crisis del euro evidenciaron que nuestra incipiente unión económica y monetaria, compartida hoy por 19 estados y 330 millones de ciudadanos, mostraba su incapacidad para reactivar el crecimiento económico y reducir el desempleo (que se mantiene aún en los 19 millones de ciudadanos en toda la Unión). Para ello, y como una hoja de ruta valiosa, el informe de los cinco presidentes de junio de 2015 marcaba la necesidad de coordinar de una forma más eficiente las políticas económicas de los Estados miembros mejorando así la gobernanza común.

Este informe propone el fortalecimiento de la Unión Económica y Monetaria y una mayor convergencia entre los estados a través de cuatro grandes objetivos: unidad económica como garantía de prosperidad para cada Estado miembro; una unión financiera que haga posible la creación de una unión bancaria y de mercados de capitales; y una unión que culmine en un presupuesto para la Eurozona. Por último y como corolario de todas las reformas, una unión política en la que se refuercen los mecanismos de control democrático y la «legitimidad de las instituciones», potenciando el papel del Parlamento Europeo y del legislativo en cada Estado miembro. Según este documento, en el presente actual nos encontraríamos en plena realización de la Unión Económica y Monetaria para hacer avanzar el proceso de integración en estos próximos meses y años.

Uno de los grandes retos de la UE en el medio plazo debe ser la consolidación de los objetivos propuestos en el informe de los cinco presidentes y un presupuesto europeo con mayor impronta política que priorice la política de seguridad, defensa e inmigración común. Este ambicioso objetivo coincide en
el tiempo con la salida del Reino Unido de la Unión Europea. En el contexto actual, dicha coincidencia podría perjudicar los intereses inmediatos de España puesto que se podrían reducir recursos de las ayudas agrícolas de la PAC y del fondo de cohesión. A medio plazo es clave que el futuro presupuesto de la UE se aumente con recursos propios que podrían derivarse de los dividendos del Banco Central Europeo, o la tasa a las transacciones financieras y el impuesto al carbono.

III. El riesgo del repliegue nacionalista

La situación actual de la Unión Europea no está exenta de desafíos y de riesgos. Los altos indicadores de esperanza de vida y la escasa mortalidad infantil logrados en las últimas décadas se han visto a su vez relacionados en nuestra evolución con una reducción de la natalidad que nos sitúa como la región del mundo de mayor edad media y la que más precisará de mano de obra joven venida de otros países para seguir impulsando el desarrollo económico y mantener las actuales cotas de bienestar.

La evolución de la economía mundial en los últimos cuarenta años y el mayor desarrollo económico de otras regiones del mundo con el consecuente reparto del capital ha conllevado una crisis del modelo industrial europeo que ha llevado aparejada una disminución drástica del empleo, así como un aumento de la precarización de este y de las formas atípicas en el mundo del trabajo. Fruto de ello ha emergido entre la juventud una nueva clase social denominada como precariado que busca insertarse en el contrato social y que se siente poco representada por los actores sociales y políticos tradicionales.

En el contexto geoestratégico nunca la UE se vio rodeada de tantas zonas de conflicto en su frontera. Al este en Ucrania, el conflicto congelado con la Rusia expansiva dirigida por Vladimir Putin. En la frontera sur, la transición en Túnez y la inestabilidad en todo Oriente Medio con la descomposición de Estados como Libia o Siria son ya una realidad tras años de guerra. Mientras tanto, nuestro aliado estratégico en todas estas décadas, Estados Unidos, hace dejación de su papel de potencia global durante la presidencia de Donald Trump, apóstol del aislacionismo.

En el interior de la Unión Europea el grupo de Visegrado, formado por Polonia, Chequia, Eslovaquia y Hungría en los que se vive un retroceso de las libertades fundamentales, la igualdad de las mujeres, o el respeto a los derechos fundamentales de ciudadanos de terceros países. Estos casos reflejan también el repliegue nacionalista, que tiene una segunda cara en el auge de movimientos secesionistas dentro de España, en Cataluña, pero también en Italia con la Padania, Bélgica con Flandes y otras regiones en diversos Estados miembros. La situación originada tras el voto afirmativo en el referéndum sobre el Brexit ha provocado un nuevo conflicto en la frontera de Irlanda del Norte, cuestión que la UE está abordando en las negociaciones con el gobierno británico. El nacionalismo escocés, que desea permanecer en la Unión Europea, reclama un segundo referéndum de autodeterminación.

 Pese a todo ello, el repliegue nacionalista y proteccionista en Estados Unidos y Gran Bretaña abre para la Unión Europea una ventana de oportunidad. El regreso al aislacionismo por parte del amigo americano puede ser rentabilizado por la Unión Europea, que debería potenciar su colaboración con China, que muestra cada día una actitud más aperturista y un creciente papel en el mundo. Respecto al caso británico y como mal menor, el Brexit ofrece más oxígeno para el avance en políticas comunes anteriormente muy combatidas por los sectores británicos conservadores y desbloquea el escenario para una mayor ambición en el proceso de integración europea.

 IV. La esperanza y el ideal de los Estados Unidos de Europa: Los discursos de Macron y Schulz

La campaña por la elección presidencial en la vecina Francia reflejó gran parte de las contradicciones del momento presente. El candidato Macron lanzó un mensaje en positivo basando su eje central en la modernización de Francia, haciendo depender su futuro y avance del regreso del país como actor líder en la UE. Frente a su propuesta de programa de reformas, el Frente Nacional, con un discurso xenófobo, nacionalista y antieuropeo. Macron ganó en la segunda vuelta ampliamente tras haber sabido reflejar las nuevas coordenadas del marco político continental: La dialéctica transnacional-nacional, que supera al insuficiente eje izquierda-derecha. Conviene recordar aquí la apuesta programática para Europa del presidente Macron con las líneas fundamentales del discurso que ofreció en la Sorbona en septiembre de 2017:

— La voluntad expresa de construir una Europa soberana que garantice la seguridad, integrando ampliamente la política de defensa común. En este punto Macron se pronunció a favor de crear una fuerza militar europea y en evolucionar a un espacio común de fronteras y de asilo para hacer frente al reto de las migraciones. La soberanía de la UE se construiría también con programas industriales a nivel europeo que ayudaran a generar empleo y a cumplir los objetivos de desarrollo sostenible.

— Unir a Europa haciéndola converger socialmente a través de una unión social y fiscal y aumentar en mayor grado los intercambios y experiencias educativas de los jóvenes en otros países de la Unión para seguir así fomentando el sentimiento de pertenencia al proyecto común.

— Una Europa más democrática, que desarrolle convenciones para hacer partícipe a la ciudadanía y que promueva las listas transnacionales para vincular a los votantes con la idea de Europa desde los próximos comicios de 2019. Macron defiende el resurgir del eje francoalemán y un nuevo pacto del Elíseo abogando por un grupo de estados que refunde la UE con una clara orientación federal. El ambicioso programa del presidente galo ha encontrado un gran aliado en Martin Schulz, expresidente del Parlamento Europeo, que ha recogido el guante y en su discurso ante el Congreso del SPD el pasado 7 de diciembre convocó a la ciudadanía a trabajar desde Alemania por una convención que redacte una reforma de los tratados con el fin de hacer realidad los Estados Unidos de Europa. Tras confirmarse la posibilidad de un gobierno de gran coalición las expectativas aumentan exponencialmente. El papel del gobierno alemán en favor de fortalecer las posiciones integracionistas dentro del Consejo Europeo será clave.

 V. El papel de la ciudadanía europea

La Unión Europea es percibida en ocasiones por parte de la ciudadanía como un ente lejano, frío y con un proceso de toma de decisiones excesivamente complejo. Existe una parte de la sociedad que no desea que sus Gobiernos cedan soberanía al nivel de la UE porque no entiende que haya decisiones que escapan al poder de los estados y porque el relato transmitido por los gobiernos de la UE se ha basado en la mayoría de los casos en un mensaje nacional y de agravio privándonos, al conjunto de la ciudadanía europea, de una visión común.

El papel a jugar por la sociedad civil europea organizada será fundamental. Un ingrediente necesario para que cualquier comunidad política o estado decida ceder más soberanía a instancias comunes es una mayor interrelación de sus respectivas comunidades, y la consecuente germinación de un demos común.

Cuando se habla sobre ciudadanía europea hemos de acudir al Tratado de Maastricht que la consagró y al Programa Erasmus, del cual recientemente se han cumplido treinta años, y que ha jugado un papel clave en la formación de más de nueve millones de jóvenes en la UE.

Parte de estos jóvenes han hecho posible que el pasado 2017 haya sido el año de la movilización política de la ciudadanía europea. Coincidiendo en el tiempo con el setenta y cinco aniversario de El Manifiesto de Ventotene, la sociedad civil organizada en Europa ha dicho basta. Merece la atención recordar las manifestaciones que en diferentes ciudades europeas han estado recorriendo las calles y plazas, con el lema «Pulse of Europe». Ante la falsa imagen de que las expresiones populares están siendo contrarias al proyecto europeo vivimos también las manifestaciones masivas en Roma, las concentraciones en Londres contra el Brexit, o las que tuvieron lugar en Varsovia contra la actitud antieuropea del gobierno del PiS, que dan muestra del apoyo popular que la Unión va recabando.

La condición ciudadana se va construyendo a través de estas formas de acción colectiva y socialización política que nacen como respuesta a los riesgos y a las crisis presentes. Pero no puede quedar ahí, necesitamos urgentemente una articulación definitiva de actores sociales a nivel continental que traigan el debate europeo a la esfera nacional para así poder ganar mayorías a favor de una mayor cesión de soberanía desde los estados miembros a la Unión.

En conclusión, la Unión Europea debe afrontar en los próximos años el eterno dilema shakespeareano del ser o no ser. De llegar a ser el proyecto de integración supranacional que ha despertado admiración como referente de libertad, paz y bienestar en el mundo o por el contrario perecer y quedar sumida en la irrelevancia por la falta de visión de sus líderes y de una ciudadanía desconcertada ante los retos del siglo xxi . Solo del esfuerzo común de los europeístas depende preservar esta utopía en constante evolución, porque como ya dijo Helmut Kohl: «Europa es nuestro futuro, Europa es nuestro destino».


Luis Yáñez -B arnuevo García
Presidente del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo
Alejandro Peinado García
Secretario General del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo





Organizzazione Mondiale della Sanità, l'abbandono degli USA e gli effetti sui Paesi a basso reddito

Tedros Adhanom, direttore dell'Organizzazione Mondiale della Sanità 


 Senza precedenti la parabola di attacchi contro l’Oms, nel bel mezzo della più grave crisi pandemica della globalizzazione

Ha lasciato definitivamente l’Organizzazione Mondiale della Sanità (Oms), Donald Trump. Con uno dei suoi coup de theatre, ne ha dato notizia durante la conferenza stampa di venerdì pomeriggio, occasione di altri roboanti annunci costruiti ad arte dal presidente degli Stati Uniti per richiamare su di sé l’attenzione di un paese prostrato dalle morti dovute alla pandemia, in ginocchio per la disoccupazione, ferito dall’ennesima uccisione pubblica di un cittadino afroamericano: George Floyd, soffocato brutalmente da un poliziotto a Minneapolis. Ancora una volta in preda alla crisi razziale, l’America si trova sull’orlo di una pericolosa escalation di tensione sociale, che secondo accreditati analisti prelude all’avvio di una guerra civile.   

La parabola di attacchi all'OMS. Senza precedenti è questa parabola di attacchi contro l’Oms, nel bel mezzo della più grave crisi pandemica della globalizzazione. Senza precedenti sono le minacce rivolte a Pechino sulla scorta di accuse che vanno dallo spionaggio industriale in campo farmaceutico, all’illegittima rivendicazione cinese di alcune isole nell’Oceano Pacifico, per arrivare infine alla recente approvazione delle autorità cinesi della legge per la sicurezza, in risposta alla ennesima ondata di proteste di Hong Kong. Nella conferenza stampa Donald Trump ha dichiarato di “terminare la relazione con l’Oms”, a causa delle mancate riforme sul coronavirus dovute al fatto che la Cina, il paese che “con le sue malefatte ha prodotto  sofferenza globale di molti morti e profonde ferite all’economia del globo”, a suo avviso  “ha il controllo totale sull’agenzia”.

Un punto di svolta. Siamo a un punto di svolta nella crisi geopolitica scatenata dal nuovo coronavirus che ha trasformato l’agenzia delle Nazioni Unite per la salute nel capro espiatorio della nuova guerra fredda commerciale, sanitaria, e di egemonia tecnologica, tra Stati Uniti e Cina. Una torsione che nelle scorse settimane ha prodotto la paralisi di tutto il sistema ONU - gli USA hanno bloccato una risoluzione del Consiglio di Sicurezza per il cessate al fuoco globale volto a promuovere il contenimento del contagio negli scenari di conflitto, per via di un riferimento al ruolo dell’Oms negli interventi contro la pandemia.

Il disimpegno nella lotta a malattie nel Sud del mondo. Il 14 aprile l’amministrazione Trump aveva già decretato un primo congelamento dell’erogazione dei fondi all’Oms, attirandosi molte e aspre critiche dagli addetti ai lavori. Richard Orton, direttore editoriale della prestigiosa rivista The Lancet, aveva reagito alla sospensione dei fondi con una puntuale ricostruzione degli eventi nelle primissime fasi della epidemia a Wuhan, che rimandava al mittente tutte le congetture relative a una proditorio silenzio della Oms sullo scoppio della epidemia - esercizio che replica il New York Times in queste ore. Molto più dura era stata la reazione di una consistente rappresentanza della comunità sanitaria internazionale, che sempre su The Lancet avevano bollato la decisione di Trump “un crimine contro l’umanità”, in considerazione del notevole impegno americano nella lotta di importanti patologie nei paesi del sul del mondo – polio, Hiv, malaria e tubercolosi, ma anche la salute materno infantile e i programmi di vaccinazione.

Niente ha scalfito la strategia presidenziale. Donald Trump è stato il solo leader mondiale a disertare la prima Assemblea Mondiale della Salute online il 19 e 20 maggio scorso, storica anche per il livello di rappresentanza della comunità internazionale. La presenza degli Usa si è fatta sentire nel durissimo j’accuse di Trump contro il direttore generale dell’Oms, Tedros Adhanom Ghebreyesus, in una lettera del 18 maggio nella quale si concedevano all’Oms 30 giorni per cambiare passo, richiedendo tanto “significativi” quanto imprecisati miglioramenti.  Smentendo se stesso, dopo solo dieci giorni, Trump taglia i ponti con Ginevra.

Un gesto unilaterale di dubbia costituzionalità. “Non può andarsene così, per vezzo personale, senza passare dal Congresso” - sostiene il professor Lawrence O. Gostin del Law Centre della Georgetown University – ed è di dubbia realizzazione, visto una delle condizioni per lasciare l’Oms è quella di aver saldato i debiti pregressi con l’organizzazione, come sancito dal Senato americano negli anni ’40".

Un ritiro che ne annuncia altri. Questo ritiro si pone però in linea di coerenza con precedenti ritiri unilaterali di Washington da accordi internazionali - l’ultimo, in ordine di tempo, il trattato sulla sorveglianza dei cieli (Open Skies Surveillance Treaty) – e potrebbe prepararne altri futuri: si parla di Nato e di Wto.  I fondi erogati all’Oms – 553 milioni di dollari nel 2019, quasi il 15% del budget dell’organizzazione – saranno d’ora in poi destinati ad “altri urgenti necessità globali di salute pubblica che meritano finanziamenti”. Sappiamo anche che Trump sta lavorando con la Segreteria di Stato per la creazione di un’agenzia sanitaria internazionale, alternativa all’Oms.

Una singolare coincidenza. La ironia della sorte è che gli Usa lasciano l’Oms proprio nel giorno in cui l’Organizzazione ha lanciato la Solidarity Call to Action, la mobilitazione alla solidarietà per dichiarare la risposta a Covid19 un bene comune globale, assieme a 37 stati membri. Questa iniziativa abbraccia la contestuale costituzione di un pool della conoscenza scientifica su base volontaria – brevetti, dati clinici, procedimenti regolatori, etc. – da mettere in comune per facilitare e velocizzare la scoperta e la produzione di nuovi rimedi contro SARS-CoV-2.

Verso la produzione di beni comuni. Si tratta di un significativo segnale di deroga della proprietà intellettuale e di indiscutibile miglioramento della visione operatività della agenzia, in un’ottica di salute pubblica. Una visione di Cooperazione internazionale nel segno della produzione di beni comuni, che non trova corrispondenza nella gestione autarchica della crisi sanitaria negli Stati Uniti, frutto di una sorprendente mescolanza di dinieghi, approssimazione, isolazionismo, impreparazione, irresponsabilità. Il risultato finora è la conta di 100.000 morti e il contagio quotidiano di circa 20.000 persone.

Le "sirene" di Trump e le seduzioni sulla stampa. Oltre la cronaca, occorre fare alcune riflessioni, anche perché ho constatato che la sirena argomentativa di Trump contro la Cina ha prodotto anche in Itaia effetti di seduzione sulla stampa e su alcuni circoli intellettuali poco addentro alle dinamiche della salute e delle Nazioni Unite. Il direttore generale dell’Oms, smentendo la nozione di una sua pedissequa sindrome di dipendenza dalla Cina, sostiene che se l’Oms deve essere accusata di qualcosa, la sua colpa è casomai di essere stata in passato americano-centrica (“US-centric”).

Eppure gli USA ebbero un ruolo importante.  In effetti, gli Stati Uniti sono stati fondamentali alla creazione dell’Oms nel 1948: la Fondazione Rockefeller ha ricoperto un ruolo decisivo nell’impostazione concettuale e istituzionale dell’Organizzazione. Gli Stati Uniti inoltre sono da sempre i primi finanziatori dell’agenzia, seguiti dalla Fondazione Bill e Melinda Gates, dalla Germania, Gavi (l’iniziativa sui vaccini finanziata da Bill Gates) e dalla Gran Bretagna. La Cina partecipa in ragione dello 0,21% del bilancio Oms, in una posizione molto distanziata e tradizionalmente poco attiva nelle dinamiche del multilateralismo.

Il colpo ai programmi sanitari dei paesi poveri. Oltre a colpire al cuore programmi sanitari decisivi nei paesi a basso e medio reddito, il ritiro di Trump dall’Oms rischia di avere implicazioni molto negative anche in America, come spiega in una nota il Senatore Lamar Alexander, presidente della Commissione Salute: “il ritiro dall’Agenzia potrebbe interferire con gli studi clinici che sono essenziali allo sviluppo dei vaccini, necessari ai cittadini degli Stati Uniti come a tutti gli altri”. Inoltre, l’abbandono dell’Oms complica e non poco le collaborazioni con altri paesi per fermare il contagio e ottenere i vaccini.

Come si colmerà quel vuoto. La filantropia americana – oltre a Bill Gates, la Bloomberg Foundation e Rotary International, assieme alla UN Foundation di Ted  Turner - esercita una notevole influenza sulla Agenzia; si tratterà di capire come potrà mediare il vuoto che verrà a determinarsi, anche in termini di personale statunitense presente dentro l’Oms. Con Covid19 la Cina ha scoperto il multilateralismo e l’importanza della diplomazia sanitaria per contare nel mondo. Una visione che il leader Xi Jinping ha inquadrato nella centralità dell’Oms e nel ruolo che la Cina intende giocare con due miliardi di dollari di investimento, per la costruzione di un hub operativo pandemico, con approvvigionamento di dispositivi medicali e rotte commerciali di solidarietà con almeno 30 Paesi africani. La ritirata di Trump lascia a Pechino campo libero di azione.  Se la profezia cinese di Trump si avvererà, il presidente dovrà solo ringraziare sé stesso.

* Nicoletta Dentico, giornalista esperta di salute globale, ha guidato in Italia la Campagna per la messa al bando delle mine anti-persona e promosso quella per la cancellazione del debito dei paesi poveri. Come direttrice di Medici Senza Frontiere ha lanciato in Italia l’azione per l’accesso ai farmaci essenziali. Ha collaborato con l’Oms e diverse organizzazioni internazionali. E’ responsabile del programma salute globale di Society for International Development (SID).
 

https://www.repubblica.it/solidarieta/emergenza/2020/05/30/news/organizzazione_mondiale_della_sanita_-257992438/

AQUÍ HAY DE TODO


Por fin nuestro Gobierno ha levantado gran parte del castigo y he podido pasear por la playa de mi barrio e incluso nadar antes tumbarme en la arena. Y no es que no esté de acuerdo con las medidas de confinamiento, solo es que necesitaba nadar par quitarme el agobio. A varios metros de mi había unas señoras, de esas que van a la playa pintadas como una puerta y muy conjuntadas: zapatillas, bolsos, bikinis, toallas; en fin, todo tan a juego que siempre me pregunto como hacen para elegir esas cosas solo para tumbarse al sol. No pude evitar escuchar lo que se estaban diciendo:

- Pues nada, que no hablamos nunca, no nos reímos, no paseamos, no salimos nunca solos, no nos contamos nada. Solo habla de que estamos en crisis y en pandemia y que ¡hay que trabajar, hay que trabajar para recuperar la economía perdida! Los sábados nos echamos un polvo ¡y a dormir! ¿Sabes lo que te digo?, ¡que no aguanto más, que me parece ortopédico, frustrante!, ¡que me divorcio! Tengo que añadir que el calificativo ortopédico, aplicado al sexo, me pareció muy interesante. 

 
Y la otra va y le contesta:

- ¡Confórmate mujer! Dentro de poco solo echareis un polvo cada tres meses y luego una vez en invierno y otra en verano. ¡Podrías fingir los orgamos con él y darte un revolcón con el primer desconocido que encuentres en las redes y asi no tendrías razones para quejarte!... más interesante aún -pensé- más intereresante.

Me quedé sin saber si esta última practicaba el revolcón con el primer desconocido que encuentres en las redes; más bien me parecía que lo de una vez en invierno y otra en verano era su caso, porque llegado a ese punto de la conversación, les prestaba toda la atención del mundo y no me pasaba inadvertido el riptus amargo de su boca.

Me decía que, aunque tenían apariencia de burguesas ¡vaya cómo nos hemos espabilado las mujeres! La próxima vez que las vea, tengo que preguntarles como les ha ido con sus amantes. Lejos de denostarlas, creo que tengo mucho que aprender sobre esas cosas. Igual ellas me dan ideas para crear una Escuela de Orgamos, On line. En uno de sus levings, Yolanda Domínguez, Directora de Empresas y licenciada en Bellas, empapeló la Gran Vía de Madrid con cartelitos que decían: Finge un orgasmo. O mejora tu nivel de interpretación. Parece ser que los teléfonos de Yolanda echaron humo de tanto como sonaban. Si se piensa bien, se trata de herramientas de transformación social y las mujeres debemos encontrar nuevos caminos que nos resulten más estimulantes. No debemos descartar ninguna idea para ayudarnos en plena crisis.

Tal y como está el foro político, dice una amiga que quejándose no se arregla nada y que el Gobierno debería crear un Ministerio de Asuntos Sentimentales que regule las relaciones de pareja. Digo yo que sería una forma de recaudar dinero para las arcas del estado, tan maltrechas; y tambien de arreglar de paso las relaciones mal avenidas por el confinamiento. Estoy de acuerdo con mi amiga en que este Ministerio, se encargue de establecer unos impuestillos. Podría crearse por ejemplo, un Impuesto sobre las Relaciones Amorosas, que multe con 500 € a todo aquel que no sea capaz de encontrar el punto G; con 300 € a los/las que terminen una relación con la consabida frase de “ necesito tiempo", o “no eres tu, soy yo” ; y con la misma cantidad a las mujeres que dicen haber tenido dos novios, cuando en realidad han sido doscientos; con 100 € a los que digan "que no saben poner una lavadora”; o a las mujeres que intentan convencerte de que "su vida emocional está muy cubierta con sus hijos o su trabajo", etc. etc.

Seguro que esas dos señoras tan conjuntadas, aprobarían el multón de 500 € para sus respectivos maridos, con tal de conseguir un poco de justicia o de venganza para su frustración sexual. Y hasta puede que alguna de ellas, harta de tanto meneo inútil, saque una bandera blanca con un "¡Me Rindo!", o que ambos cónyuges se pongan de acuerdo para no continuar unidos por el fisco, la hipoteca y unas garantías de amor que caducaron hace tiempo.


Los psicólogos afirman que el fallo en una relación no viene del que abusa, sino del que lo permite y que no debemos esperar que los otros cambien; solo nosotros podemos fijar los límites. Y que este mecanismo no solo funciona en las relaciones de pareja, cualquier otro tipo de intercambio debe regirse por la reciprocidad.

Mi pescadero tiene un letrero en la puerta que dice textualmente “Hay de To” y otro dentro: “Prohivido ablar de la Pandemia”. Así es que seguí tumbada al sol mientras pensaba en esa ingeniosa idea del pescadero y en esa otra idea mía de encontrar una relación que se base en admiración, erotismo y reciprocidad, que tenga al menos algo de comercio justo ¿no?

También pensaba que en mi barrio hay mujeres que hablan de sexo virtual en la playa, personas mayores muy solas, negocios que han cerrado, familias que no tienen un ingreso mínimo vital, personas que no cobran el paro y no tienen ninguna posibilidad de trabajo, otras que aún no han cobrado los ERTES y mendigos que duermen en las calles cada noche. Es la vulnerabilidad que nos deja el Coronavirus y sobre la que no podemos pasar de largo.

Como comprenderéis que no se trata de un huevo que se echa a freir, me quedé dormida mientras pensaba en todo esto. Lo único que veo claro es lo que dice el pescadero de mi barrio, en andaluz, que tiene más gracia: Hay de To. 


Carmen Ciudad 

La ayuda mutua en tiempos de pandemia y emergencia ecológica

Esta pandemia nos ha pillado por sorpresa, nos está sometiendo a una prueba para la que no estábamos preparados, nadie podía esperar lo que está ocurriendo… no estoy seguro de suscribir estas afirmaciones, no en su totalidad al menos: quizá algunas personas y organizaciones ya nos habían advertido de esta circunstancia y de otras relacionadas con el momento histórico que vivimos. 

Sólo por citar algunas (1): Toffler en 1970, Mintzberg en 1979, Battram en 2001, Subirats en 2011, Santiago Muiño en 2016, Martí, Barreiro y Khanna en 2017, nos hablan de la crisis social que nos afecta como una crisis de la globalización que va más allá de una crisis económica para presentarse como una crisis civilizatoria. Hemos superado ya la capacidad de los ecosistemas para reponerse de la fuerte presión a la que se ven sometidos por la acción humana, fundamentalmente por nuestra acción económica.

La consecuencia de la industrialización, la explotación de los recursos naturales, la contaminación, la producción de alimentos a escala industrial y del aumento de la población mundial ha sido un tremendo impacto ecológico que ya fue subrayado en 1972 por el estudio Los límites del crecimiento (2), que elaboró el Massachusetts Institute of Technology (MIT), por encargo del Club de Roma. El informe y sus actualizaciones en 1992, 2002 y 2012 han dejado claro que “no puede haber un crecimiento poblacional, económico e industrial ilimitado en un planeta de recursos limitados”.

Gracias a este informe –y sus actualizaciones– cada vez más gente ha comprendido el aumento que se ha producido en los peligros inherentes a las relaciones que la Tierra mantenía con los seres humanos, hasta entonces estables, Latour dixit (3). Todo el mundo presentía –señala– que había que plantearse la cuestión de los límites. “Pero se ignoró para poder seguir saqueando el suelo y hacer uso y abuso de él”. Las élites sintieron en esos años que la fiesta había terminado. Entendieron perfectamente –continúa diciendo– la amenaza que se cernía sobre la seguridad de sus fortunas y la la permanencia de su bienestar. 

Concluyeron entonces que ellas no serían las llamadas a pagar el vuelco que estaba ocurriendo, resolvieron abandonar la idea de un futuro común y se desembarazaron, más si cabe, de la solidaridad: de ahí el desguace del Estado del Bienestar y la explosión de más desigualdades sobre las desigualdades estructurales que ya nos acompañaban. 

Decretaron la construcción de su fortaleza dorada donde estar a salvo: de ahí la extracción masiva de todo lo que queda por extraer para ellos y sus hijos y las barreras en las fronteras a las personas migrantes.

Sin embargo para los demás mortales esta unión de libertad y mercado, que tan bien parece haber tratado a algunos, es el huevo de serpiente que nos ha privado de la libertad para decidir sobre nuestras vidas y nos ha conducido al borde del colapso ambiental. No existe, ni puede existir, la libertad en una realidad de desigualdad social, precarización, desempleo estructural, injusticia y falta de oportunidades. Para los más afortunados y afortunadas de entre nosotras, la tiranía de la libertad de mercado nos ofrece lo único que puede entregar: poder elegir pero no poder decidir.

En todo caso, hayamos hecho o no ojos ciegos y oídos sordos hasta ahora, en estos momentos la humanidad entera estamos viviendo una gran prueba marcada por la crisis social y la crisis medioambiental: necesitaremos sacar lo mejor de nosotros y nosotras mismas si queremos salir adelante poniendo las bases para un futuro mejor. Algunas personas (4) nos indican que la intergeneracionalidad es un elemento clave de futuro a la hora de definir las agendas clímática y social siglo XXI. Dicho en román paladino, no sólo hay que pensar en las necesidades de los individuos del presente, también hay que hacerlo en las de las generaciones futuras.

No podemos, como parece que estamos haciendo y como hay quien defiende incluso con éxito, salir de ésta sólo pensando en el corto plazo y en la urgencia de lo nuestro, también tenemos que pensar en el resto del mundo y en el mundo que dejaremos a quienes nos sucederán.  

Para evitar que la libertad de mercado, en la recuperación de la «economía de posguerra» que viene, se convierta en una déspota, para otras personas menos afortunadas y para el futuro, es esencial una ciudadanía imbuida de virtud cívica, consciente de lo que es y lo que no es real, que no permita el agotamiento de recursos, la injusticia, la degradación de los servicios y la calidad ambiental. 

Hemos de que tomar conciencia de que ni el planeta ni los recursos son nuestros, sino que pertenecen a todas las generaciones que lo habiten en el presente y en el futuro. No podemos, por tanto, continuar apropiándonos de los recursos igual que quien roba algo porque nadie lo ve. No hay libertad sin igualdad ni fraternidad. Sin ellas cada individuo —presente y futuro— no puede desplegar sus potencialidades. Y ese derroche de capacidades y talento ninguna sociedad se lo puede permitir.

Necesitamos alumbrar un cambio de estado. Una metamorfosis. Un proceso de cambios económicos y sociales que conduzcan a una nueva civilización, que descanse en el consumo justo, equitativo y frugal de energía y materiales y en la conquista de una nueva abundancia social: de tiempo, de relaciones sociales, de sentidos y de experiencias. Un cambio que no permita comprar ‘sostenibilidad’ con dinero (como paradigma y ejemplo de lo que estamos haciendo y de lo que corremos el inmenso riesgo de seguir haciendo mal).

Para poder conjugar todas estas necesidades, no sólo de todas las personas que habitamos el planeta sino de todas las generaciones que lo habitarán, el primer mandamiento es el del ‘cuidado’: de la naturaleza y de las personas. 

Es falso el dilema entre libertad e igualdad que nos plantea la economía ortodoxa al uso, necesitamos otra economía que plantee la conexión de la libertad y la igualdad desde el cuidado y la justicia.

Otra economía posible, que se defina en función de la “sostenibilidad de la vida” y el bienestar de sus miembros y de toda la sociedad como sistema global. Una economía para la equidad, la soberanía ciudadana, el mutualismo y el valor del trabajo cooperativo, el beneficio como no lucro, la propiedad como usufructo, el municipalismo y la gobernanza en redes glocales de ciudades, municipios y territorios.

Una economía cívica y solidaria, que sirva para la transformación local y global, que nos cuide y que nos proteja de las violencias del capital, que ponga primero a las personas.

Una economía como la que proponemos desde FonRedess, Fondo para el Desarrollo de Redes de Economía Social y Solidaria, acompañando con ayudas reintegrables a proyectos de agroecología y soberanía alimentaria, canales cortos de distribución, mercados ecolocales y alimentos saludables, movilidad sostenible que favorezca la reducción de las emisiones de gases a la atmósfera y que favorezca la recuperación de las ciudades para la ciudadanía; también proyectos de cultura como elemento de enriquecimiento personal, de transformación social y de cuidados de la vida de una población y de su territorio y de los seres vivos, humanos y no humanos, que lo habitan.



Necesitamos cerrar la brecha entre lo que estamos haciendo de la mano de quiénes piensan más en el dinero que en la vida y lo que debemos hacer, lo que sabemos cada uno de nosotros y de nosotras que es correcto hacer. 

Primero necesitamos no adormilar nuestra conciencia y nuestra inteligencia; después necesitamos decir bien lo que pensamos, sacudiéndonos el miedo que nos hace hablar como si esgrimiéramos un arma; y, finalmente, necesitamos hacer lo que nos dicta nuestra conciencia y nuestra inteligencia en compañía, reconociéndonos libres e iguales para pactar y acordar. Ésta es la manera que queremos alimentar: libertad para pensar, responsabilidad para decir, compromiso para actuar. 

Para esto te invitamos, para pensar, decir y hacer la economía del apoyo mutuo.


  Javier Moreno Ibarra socios de FonRedess
http://fonredess.org/ 
Articulo publicado originalmente en Valor Social 
https://valorsocial.info/pensar-decir-hacer-la-economia-que-queremos/



NOTAS
(1)
Barreiro, B. (2017) La sociedad que seremos.  Planeta, Barcelona.
Khanna, P. (2017) Conectografía: mapear el futuro de la civilización mundial. PAIDÓS Estado y Sociedad,  Barcelona.
Battram,  A. (2001) Navegar por la complejidad: guía básica sobre la teoría de la complejidad en la empresa y la gestión. Ediciones Granica.
Martí, J.M. (2017) La España de las ciudades. El estado frente a la sociedad urbana. EDLibros, Barcelona.
Mintzberg, H. (1979) The structuring of organizations. Englewood Cliffs, N.J.: Prentice-Hall, Inc. Trad. cast. La estructuración de las organizaciones (1998). Ariel, Barcelona.
Santiago Muiño, E. (2016) Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial. Catarata.
Subirats, J. y otros. (2011) ¿Cómo gobernar la complejidad? Invitación a una gobernanza urbana híbrida y relacional. Barcelona, Athenea Digital - 11(1): 63-84.
Toffler, A. (1970) El shock del futuro. Plaza & Janés, Barcelona.
(2)
Meadows, D.H.; Meadows, D.L.; Randers, J; Behrens, W. (1972) Los límites del crecimiento: informe al Club de Roma sobre el predicamento de la Humanidad. Creative Commons BY-NC  http://www.donellameadows.org/wp-content/userfiles/Limits-to-Growth-digital-scan-version.pdf
(3)
Latour, B. (2018) Dónde aterrizar. Cómo orientarse en política. Taurus, Barcelona
(4)
Brown, E. (1999) Un mundo justo para las futuras generaciones: derecho internacional, patrimonio común y equidad intergeneracional. Mundi Prensa Libros S.A.
       Edith Brown plantea que es propósito del Estado y de la sociedad realizar y proteger el bienestar y prosperidad de todas las generaciones: el principal deber planetario es el que establece que cada generación presente sólo puede tomar del planeta aquello que le resulte necesario para satisfacer sus necesidades sin comprometer la capacidad ecológica y socioeconómica de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Cumplir con este deber es dejar de quitar a las generaciones futuras algo a lo que tienen derecho, no entregarles algo. Los deberes planetarios –dice Brown– se imponen a cada sujeto en cuanto miembro de la generación presente y sólo tienen significado si se traducen en deberes específicos, en el derecho internacional y en el derecho interno de cada estado, respecto a la utilización de los recursos naturales y la conservación del medio ambiente. Según esta autora existen cinco clases de deberes de uso: a) de conservación de los recursos; b) de acceso equitativo a la utilización de los recursos; c) de prever o disminuir el impacto negativo sobre los recursos o la calidad ambiental; d) de minimizar los desastres; e) de soportar los costos del daño.


      

Transición ecológica, justicia social y modernización política: un esbozo del patriotismo ecológico*



Asfixiados por el mercado y ahogados por la subida del mar que está causando el calentamiento global, necesitamos una alternativa política que acometa una ofensiva de modernización económico-ambiental, político-social y tecnológica. Diferente a toda la panoplia sostenible que pulula y cuyo último invento comunicativo es la «economía low cost sostenible» (Juan Verde). Una alternativa que no busque tener la razón, sino que diga la verdad. «Si las personas no son plenamente conscientes de lo que está sucediendo no podrán ejercer presión sobre los líderes. Y sin esa presión, los líderes políticos no harán nada» (G. Thunberg).

La unión de libertad y mercado es el huevo de serpiente que nos ha privado de la libertad para decidir sobre nuestras vidas y nos ha conducido al borde del colapso ambiental. No existe, ni puede existir, la libertad en una realidad de desigualdad social, precarización, desempleo estructural y falta de oportunidades (1). Y mucho menos cuando a esas circunstancias se le suma un contexto de crisis virológica —covid-19— y emergencia climática. Solo nos es posible elegir entre las opciones que nos ofrece el mercado: commodity (calidad estándar mínima) o premium (características especiales o calidad superior a la media). Un ejemplo es el turismo masivo y de baja calidad (low cost) que tenemos en España y al que continuamos vinculados a pesar de su insostenibilidad. La tiranía de la libertad de mercado nos ofrece lo único que puede entregar: poder elegir pero no poder decidir, democracia de mercado o democracia limitada.

Para evitar que la libertad de mercado, en la recuperación de la «economía de posguerra» que viene, se convierta en una déspota para el futuro es esencial una ciudadanía imbuida de virtud cívica —consciente de que es y lo que no es real: la crisis ecológica y el crecimiento ilimitado—, que imposibilite un endeudamiento ecológico insostenible de las generaciones futuras que reduzca su capacidad para tomar decisiones y satisfacer sus necesidades, en forma de externalidades intergeneracionales: agotamiento de recursos y degradación de los servicios y la calidad ambiental. 

Hemos de que tomar conciencia que el planeta ni los recursos no son nuestros, sino que pertenecen a todas las generaciones que lo habiten en el presente y en el futuro. No podemos, por tanto, continuar apropiándonos de los recursos igual que quien roba algo porque nadie lo ve. No hay libertad sin igualdad ni fraternidad. Sin ellas cada individuo —presente y futuro— no puede desplegar sus potencialidades. Y ese derroche de capacidades y talento ninguna sociedad se lo puede permitir.

De la misma manera que hay que desacoplar la libertad del mercado, hay que proceder con el patriotismo y la bandera. La «producción y la reproducción de la vida» en las sociedades industriales ha generado una crisis climática, de biodiversidad y de recursos que no existía en la época de las revoluciones de la libertad, ni en la de las revoluciones sociales en los siglos XVIII a XX. Por ello la savia debe sustituir a la sangre. Savia y Tierra en vez de sangre y tierra.
El patrón globalizado de producción de hoy, mediante cadenas de valor o producción en lugares remotos con bajos costes y nula protección ambiental, ha causado el desacoplamiento entre el espacio ambiental y el espacio político (2). Esto se observa cuando se hace el cálculo de la huella ecológica (3) de los Estados-nación que al estar esta incompleto, por no integrar el flujo neto de carbono incorporado de los países en desarrollo a los países desarrollados, da lugar a un ‘espejismo de reducción’.

La patria, entonces, no puede estar circunscrita al espacio político del Estado-nación, es preciso vincularla al espacio ambiental: que es el espacio «diacrónico» producido por las actividades de los individuos con capacidad para extender e imponerse en otros espacios geográficos, sin contigüidad territorial» ni temporal. La articulación de ambos espacios: el político y el ambiental, a través de la huella ecológica da lugar a un nuevo espacio político en el que las personas se expresan como ciudadanas,  ponen en práctica su virtud,  cumplen su obligación, ejercen su patriotismo: el de la «ciudadanía ecológica».

La idea del patriotismo, por tanto, ha de ser repensarla y conectada al medio ambiente. De la misma manera que durante decenios se ha inculcado a la ciudadanía la idea de que el consumo es bueno, es progreso, ahora se debe imbuir en la población la idea opuesta: la de reducir el consumo. Decrecer es lo correcto, lo patriótico, ya que la crisis ecológica y la emergencia climática demandan la reducción del espacio ambiental que cada individuo usa y la consiguiente huella ecológica que origina, hasta un límite que sea asumible por el planeta. Si mi modo de vida —mi huella ecológica— es insostenible, es decir, si ésta «pone en peligro o restringe las posibilidades de otras personas en el presente o en el futuro», mi obligación es reducirla. Reducir la huella ecológica es una virtud cívica y un acto de patriotismo ecológico.

Esta ciudadanía, diferente a la tradicional, se construye de manera concreta y material. Entonces son conciudadanos y conciudadanas no solo aquellos que comparten nacionalidad y contigüidad territorial y temporal, sino también aquellas que habiten o puedan habitar en el futuro el espacio creado por la huella ecológica. La justificación de esta extensión está en evitar la externalización de los efectos negativos de la degradación ambiental, debido a la capacidad que tenemos para extender e imponer a los habitantes de otros espacios geográfico/políticos y tiempos las consecuencias ambientales de los actos que afectarán a su capacidad de tomar sus decisiones. 

¿Y cuál es el estado del patriotismo ecológico de los españoles? El estudio realizado por investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) (4) sobre el crecimiento económico, el medio ambiente y la prosperidad (5), nos dice que está regular.

La mayoría de los encuestados (59%) está a favor de continuar con el crecimiento, ya que puede combinarse con la sostenibilidad ambiental (lo que se conoce como crecimiento verde).

Más de un tercio de la población (37%) preferiría ignorar o detener el crecimiento económico para lograr la sostenibilidad ambiental. De este porcentaje El 21% se mostró a favor de ignorar el crecimiento como objetivo político, mientras que el 16% apoyó detenerlo por completo (decrecimiento). Y alrededor del 40% de la población cree que «una buena vida sin crecimiento económico es posible». Sólo el 4% expresó una clara e incondicional apuesta a favor del mismo (crecimiento a cualquier precio).

Un 44 % cree que el crecimiento económico podría detenerse en los próximos 25 años, mientras que casi el 30 % cree que éste podría ser infinito. Y el 80% cree que es necesario para crear puestos de trabajo.

También nos muestra la baja calidad del patriotismo ecológico de los españoles la inexistencia de obligaciones de justicia ambiental —erróneamente camufladas bajo el discurso de la sostenibilidad— y la prioridad que se otorga a las obligaciones de justicia social sobre las de justicia ambiental, interconectadas a través de la huella ecológica de tal manera que la primera no puede existir sin la segunda y viceversa.

Puede afirmarse, por tanto, que la «ciudadanía ecológica» no se halla aún ni en el primer estadio de desarrollo. Para avanzar en su consecución el patriotismo ecológico —en cuanto virtud cívica— puede favorecer que las necesidades de todas las generaciones —y no solo las preferencias de la actual— queden salvaguardadas. En el ámbito de la economía esta virtud se fragua con el principio de equidad intergeneracional. Una verdadera España social necesita una economía ecológica e intergeneracional, en cuanto que no hay libertad, igualdad ni fraternidad sin el cuidado de la vida. El covid-19 nos ha enseñado que la economía se puede parar, que podemos producir menos para vivir con dignidad. Y de todo ello debemos extraer la enseñanza de que ningún español puede ser dejado atrás ni que reducir la huella ecológica no es una opción sino una necesidad (6).

El covid-19 ilustra la «inviabilidad de las políticas del siglo XX», que no se adaptan a las «vulnerabilidades» ni a la «crisis sistémica del siglo XXI» que es ambiental, energética, financiera y productiva. Una «ciudadanía ecológica» requiere que nos interroguemos sobre el país que queremos: un país que explota y descuida a sus ciudadanos o un país que los cuida y les ayuda a desplegar sus potencialidades. 

Si queremos volver al país de antes del covid-19 —de insostenibilidad y de injusticia— la salida a la crisis económica es la creación de cantidades ingentes de dinero, como se está haciendo. La deuda crecerá así más rápido que el PIB, alimentando una burbuja de deuda que acabará estallando. Para este tipo de salida la estrategia es la reconstrucción.

Y si queremos un país nuevo, un ‘país de los cuidados’ (7) —democrático, justo, sostenible— ahora se dan las condiciones propicias para que florezcan nuevos mecanismos que antes no parecían viables: como unos servicios públicos robustos, ahora desmantelados por las políticas neoliberales. Pero la premisa para instalarnos en este nuevo país es asumir que somos ecodependientes e interdependientes. El covid-19 ha puesto dramáticamente de manifiesto el sentido de ambos términos. Que somos dependientes de la naturaleza. Hay una estrecha vinculación entre la pérdida masiva de biodiversidad y la merma de protección que esta perdida supone, como hemos visto. Pero de igual manera dependemos de la sociedad y poco podemos hacer en solitario, como nos han enseñado los trabajadores y trabajadoras de los servicios esenciales: médicas, enfermeros, celadoras, auxiliares de clínica, transportistas, reponedoras, cajeros, policías. Colectivamente hacemos más. 

Estas dependencias hacen necesario crear espacios comunes de solidaridad, de transferencia de riesgo y transferencia de riqueza, a la vez que respetamos los límites del planeta y nos integrarnos armónicamente en la naturaleza (7). Reconoceremos, así, a todas la misma dignidad que a nosotros si queremos «vivir vidas que merezcan la pena ser vividas», justas. Si queremos un ‘nuevo país’ la estrategia entonces es un nuevo reparto de los recursos, de los cuidados y del poder. Un reparto verde.


Francisco Soler


Notas

* En esta entrada he tomado como fuentes el artículo de Andrew Dobson: «La ciudadanía ecológica» y la charla de Luis González Reyes: «Como educar en el contexto de crisis múltiple»:
http://isegoria.revistas.csic.es/index.php/isegoria/article/view/437/438


(1) Con un 16% de trabajadores pobres, 1 de cada 5 españoles en riesgo de pobreza o exclusión social y un crecimiento de la pobreza extrema (5’4%), amén del paro y la precariedad laboral, el trabajo por hacer es inmenso.

(2) La huella ecológica es el espacio usado para «producir y reproducir la vida» de un individuo, una empresa, un municipio, un estado.

(3)Ese desacoplamiento no es solo espacial —traslado de la producción a lugares remotos con mano de obra barata y escasa o nula protección ambiental— sino también temporal o intergeneracional —debido a las externalidades que ubicamos en el futuro consecuencia del agotamiento de recursos y la contaminación—.


(5) Un resumen del estudio es el que se transcribe a continuación: «El debate público y académico de larga data sobre el crecimiento económico, la prosperidad y la sostenibilidad ambiental ha ganado recientemente un nuevo impulso. Sin embargo, carece de una perspectiva amplia sobre la opinión pública. Las encuestas de opinión anteriores generalmente ofrecían una opción dicotómica simple entre crecimiento y protección del medio ambiente. Este estudio examina las creencias y actitudes públicas sobre una gama más amplia de aspectos del debate sobre el crecimiento. Con este fin, realizamos una encuesta en línea que incluyó una muestra representativa de 1008 ciudadanos españoles en todo el país. Mediante el análisis factorial, identificamos seis dimensiones distintas de las actitudes públicas, denominadas: prosperidad con crecimiento; límites ambientales al crecimiento; optimismo general; prioridad equivocada; PIB sobrevalorado; y control gubernamental. Analizamos aún más varias preguntas específicas asociadas con el debate sobre el crecimiento, como las relativas a la tasa de crecimiento del PIB deseada, la posición preferida del entorno de crecimiento y las creencias sobre, así como las razones, para un posible final o continuación del crecimiento. Encontramos que la mayoría de los encuestados favorecen tasas de crecimiento del PIB de más del 3%. Una mayoría considera que el crecimiento y la sostenibilidad ambiental son compatibles (crecimiento verde), mientras que aproximadamente un tercio prefiere ignorar el crecimiento como un objetivo de política (crecimiento) o detenerlo por completo (decrecimiento). Solo muy pocas personas desean un crecimiento incondicional (crecimiento a toda costa). Alrededor de un tercio de los encuestados cree que el crecimiento puede ser interminable. Examinamos cómo se relacionan entre sí el apoyo o el desacuerdo con diferentes afirmaciones sobre el crecimiento, y cómo están influenciadas por las variables sociodemográficas, de conocimiento, de ideología/valores. En general, estos hallazgos pueden informar los debates públicos sobre el paradigma de crecimiento y sus posibles alternativas al proporcionar una comprensión más matizada de la opinión pública. Hacemos sugerencias para futuras investigaciones, incluida la modificación de las preguntas de la encuesta sobre crecimiento y medio ambiente mediante la oferta de un conjunto más diverso de opciones de respuesta.»


(6) A pesar de que las clases dirigentes —la española también— solo tratan ponerse a salvo fuera del mundo, porque saben que la fiesta se ha acabado, que hemos llegado a los límites del planeta. Por ello han decido extraer (apropiarse) todo lo extraíble para ellas y sus hijos.

(7) Caen fuera del patriotismo ecológico las políticas de «quien contamina paga». Un ejemplo de estas políticas son los mercados de emisiones de CO2.




Exploradoras

 
Ilustración de Sonia Delaunay para «la prosa del Transiberiano» 
de Blaise Cendrars 1913





Comentado por Oscar Moreno
Acción Politeia