O derechas o derechos

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Me preocupa sinceramente la convocatoria de la Elecciones Generales del día 28 de abril...y la preocupación obedece a que en esta ocasión nos jugamos la democracia. En esta cita se retan a muerte los valores que permiten la convivencia pacífica, que son el paraguas de la diversidad, de la pluralidad, de los derechos y libertades conquistados por nuestros antepasados y que por primera vez son cuestionados de forma grosera. Me parece especialmente peligrosa la tendencia que cala cada más en la sociedad de la antipolítica.

Consiste en desacreditar las instituciones, en evidenciar el coste económico de los cargos representativos y proponer la eliminación o el recorte de los mismos, haciendo creer que nuestra economía va a mejorar con ello. Es evidente que la corrupción ha dañado de muerte la credibilidad de la política, pero yo quiero hacer una reflexión al respecto: no se trata de la política, que es el arte de lo posible; el problema ha sido la mala gestión, los malos políticos que se han apoderado de una forma zafia de las instituciones y las han prostituido. Por ello quiero poner de relieve la extraordinaria necesidad de reforzar y ensalzar la actividad política y la representación de la ciudadanía.

Cualquiera puede argumentar que yo me expreso así porque me apasiona la política y soy Alcaldesa, vaya como se diría popularmente que "vivo de la política". La grandeza de la democracia es que hoy estoy yo pero mañana puede estar otra persona u otro partido político. Es muy relevante que valoremos la importancia de la diversidad de partidos políticos e ideologías para representar al máximo número de personas, pues en los matices, en la pluralidad se haya la grandeza de una sociedad democrática. En estas elecciones que se avecinan creo que todos tenemos una enorme responsabilidad pues se ciernen sobre nosotros serias amenazas que no podemos obviar. Hace un tiempo nos parecía imposible que alguien como Donald Trump pudiera gobernar Estados Unidos o que un personaje tan xenófobo y machista (que además defiende públicamente la tortura) como Jair Bolsonaro pudiera dirigir los destinos de Brasil.

Tampoco hubiéramos dado crédito a lo ocurrido en Suecia, Italia o en Reino Unido con el Breixit. Pues ha ocurrido y ya casi lo hemos normalizado y ahí precisamente radica el peligro y la amenaza: nos hacen creer que no ocurre nada. El primer día del gobierno de Bolsonaro redujo el salario mínimo, sacó de la lista de los derechos humanos a proteger a los gays, lesbianas y transexuales y anunció la salida de Brasil del acuerdo de París sobre el cambio climático. Pero seguimos creyendo que esto no ocurrirá aquí. Pues ocurre..en el Parlamento Andaluz se ha pedido una relación de personas y colectivos que trabajan contra la violencia de género, que trabajan para proteger a mujeres especialmente vulnerables. Ese hecho es extraordinariamente grave pues evidencia que ha comenzado una "caza de brujas" insoportable.

Se trata de las primeras escaramuzas de los adalides de la antipolítica, los que proclaman que los colectivos feministas son innecesarios y que hay que reducir los cargos públicos mientras ellos, claro, los ocupan y nos salvan de los malvados demócratas. Su táctica, la del autoritarismo, consiste en devaluar la credibilidad de las instituciones, de las ideologías políticas para ocupar las primeras y acaparar el control absoluto de las personas y de los recursos económicos y naturales (tremendamente escasos y vitales).

Quiero apelar al sentido común, a la sensatez, a la reflexión; demos un paseo por nuestra historia reciente y comprobaremos la coincidencia de discursos que existe entre los fascismos que conocemos y que florecieron tras la crisis económica de 1929 y los neofascismos que se están instalando en nuestro planeta (el odio al diferente, la culpabilización de colectivos especialmente vulnerables, la identidad nacional...la patria como valor superlativo...) No hay nada nuevo bajo el sol; son los mismos perros pero con collares modernos.


En esta ocasión se trata de elegir entre DERECHOS O DERECHAS. Reflexionemos...


Encarnación Páez


Alcaldesa de Villanueva de Tapia










Participación ciudadana y calidad democrática

El concepto de participación ciudadana se reivindica como una alternativa a los modelos de democracia por delegación cada cuatro años. Aunque no deja de haber oportunistas que lo utilizan para indicar que el estado dejará de prestar servicios y que serán los ciudadanos y las ciudadanas las que tengan que buscarse la vida por su cuenta para cuidar al hermano discapacitado o la madre con alzehimer. Algo así como el modelo de filantropía norteamericano, en el que se asume que el estado no cubre a la mayoría de la población y que la comunidad ha de implicarse en solucionar las necesidades sociales.

Si queremos, podemos ver una parte positiva en ese modelo: la generación de un sentimiento de pertenencia a tu comunidad y la implicación ciudadana, como parte de ella, en la búsqueda de soluciones; la otra parte es que ese modelo al final se ciñe a la participación social y no política (o como mucho la política se limita a lo puntual), con lo cual tampoco se cuestionan las causas subyacentes de los problemas, sino que se concibe la participación como elemento utilitarista y que aleja a la ciudadanía (en muchos casos) de la incidencia en las causas importantes.
El problema es que en un sitio hemos dejado que el Estado sea algo extraño y no controlado por la ciudadanía; y en otro han reducido el Estado a la mínima expresión y dejado que sea el apaño de cada cual, coordinado con los vecinos o no, el que vaya buscando soluciones. ¿Retomar el control en el primer modelo sin arriesgarme al segundo? ¿Rescatar cosas de los dos mundos ya que deberían ser complementarios y no excluyentes?
En los países con mayor participación ciudadana (voluntariado, política...) hay una mayor calidad de vida media, mayor equilibrio social y menor número de injusticias. Por contra en los países con menor participación ciudadana, una pequeñísima parte de la población se aprovecha del control político para hacer lo que quiere y saquear los recursos del país...Hay quien afirma que estas dos premisas se pueden discutir, pero estaremos de acuerdo en que nosotros vemos con envidia sociedades más dinámicas y activas en sus procesos de innovación y participación social.
Al respecto quiero traer a colación algunas conclusiones de Vargas Machuca, Pérez Yruela y algunos otros ya en el año 2010, cuando publicaron “Calidad de la democracia en España: una auditoría ciudadana”, con los resultados de un estudio del CIS realizado en 2007. Allí constatan que los españoles consideramos de manera mayoritaria que los que detentan el poder político y económico están por encima de la voluntad de la ciudadanía, de la soberanía popular y, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que la sociedad civil española no llega a niveles de participación suficientes para ser un actor relevante en el proceso político. Todo lo que ha llovido desde entonces, todas las tormentas y soles que han caido sobre la sociedad española, todas las plazas, toda la nueva politica, todas las mareas y las nuevas voces, no parece que hayan hecho cambiar el diagnóstico: los problemas de nuestra democracia se localizan en un circulo vicioso alimentado por un débil funcionamiento de la sociedad civil y por la baja calidad de la representación política.
La cosa no ha resultado tan fácil como ha podido parecer en algunos momentos de los años recientes. Una sociedad civil desmotivada por la política en el mejor de los casos, cuando no en abierta confrontación, y un sistema de representación alejado de la ciudadanía, incluidas instituciones del estado y organizaciones políticas partidarias, son los dos ingredientes que determinan la calidad de nuestra democracia. Indudablemente no son mimbres para tejer una suficiente calidad democrática.
Quiero resaltar que la construcción de la ciudadanía compete a las instituciones gobernantes y organizaciones políticas a la hora de generar marcos de oportunidad para la generación de modos ciudadanos de comportamiento, pero no es posible sin la confluencia deliberada de la propia ciudadanía autoorganizada. Es decir, que necesitamos modos comunitarios de percibir la democracia como transformacional, no como transaccional: se trata de modificar democráticamente nuestra realidad social, no de firmar un “contrato” en virtud del cual yo te proveo de derechos, en forma servicios públicos, a cambio de tu voto.
La construcción políticosocial tiene tres patas (lo público, lo privado, lo civil). Creo que esto es importante. Antes la discusión se centraba en lo público y lo privado (lo cívico-social se desdibujaba en lo privado para los liberal-anglosajones o en lo público para los jacobinos), ahora ya no se discute el papel preponderante de la iniciativa privada mercantil en la construcción social, se da por hecho que el estado y la iniciativa pública ya no juegan y se han de traspasar sus funciones a la sociedad civil (menos la parte del león contante y sonante que se privatizará a mayor gloria del capital).
Algo derivado de esta situación habrá que aprender, pero sin perder el papel de las administraciones del estado, también y sobre todo las municipales, como redistribuidoras de riqueza, generadoras de igualdad, reguladoras de los procesos económicos, garantes de los derechos básicos de salud, educación y bienestar, responsables, dueñas y promotoras de la iniciativa económica en sectores estratégicos.
Reivindicando también el papel de la sociedad civil autoorganizada: entender la ciudadanía como virtud cívica y compromiso social, garantizar y facilitar el acceso a la interlocución social a poderes ciudadanos colectivamente organizados (en torno a las necesidades y reivindicaciones autodeterminadas) como mínimo en igualdad de condiciones con los poderes mercantiles.
Y para terminar por donde empazábamos, no dejarse engañar por los cantos de sirena sobre la big society y exigir a los partidos que estén a la altura de las circunstancias y se reinventen como partidos ciudadanos.

Ciudadano Moreno Ibarra
http://www.elcorreoextremadura.com/noticias_region/2019-02-05/2/30076/participacion-ciudadana-y-calidad-democratica.html

Política ficción


Según Jeremy Rifkin, los modelos de sociedad, las civilizaciones, se pueden definir a partir de la combinación entre los sistemas de comunicación y las fuentes de energía que utilizan para la génesis y el mantenimiento de sus propias estructuras económicas y sociales: la madera, la energía hidráulica, el carbón, el petróleo, la electricidad…se han sucedido como fuentes energéticas primordiales; la escritura, la imprenta, las telecomunicaciones han sido el paralelo en los sistemas de comunicación.

Todas ellas han propiciado tecnologías productivas que han condicionado la estructura social, el modo cultural de concebir la vida, la ideología, la religión, el reparto de la riqueza, la posibilidad de que la justicia, la igualdad y la libertad sean o no una realidad y para quién sí y para quién no.

La revolución agrícola, con la energía hidráulica, nos trajo la escritura y las primeras civilizaciones complejas. 

La primera revolución industrial del carbón y la máquina de vapor fue acompañada del ferrocarril y fue posible gracias a los cambios sociales que introdujo la invención y la utilización de la imprenta en los inicios de la edad moderna. 

La segunda revolución industrial, basada en el petróleo y la electricidad, trajo los sistemas de transporte basados en el automóvil (con sus sistemas de fabricación en serie) y la primera generación de los sistemas de comunicación basados en la electricidad: la radio y el teléfono. 

Cada uno de los momentos indicados ha sido acompañado por importantes cambios en la conciencia humana, individual y colectiva. Parece que eso que llamamos civilización está formado por un complejo de relaciones entre energía, comunicaciones y conciencia. 

Hoy, el complejo energía-comunicación-conciencia está marcado por el cenit y el declive a la vez del petróleo como fuente primordial de energía, por la revolución de internet y las redes sociales en las comunicaciones y por los cambios individuales y colectivos en la conciencia humana, mucho más difíciles de determinar. 

En 2005 el 85% de la energía consumida en el mundo provenía del petróleo y hoy hay voces autorizadas que hablan de que ya las reservas mundiales de petróleo han llegado a su punto máximo (es decir, a partir de aquí y hasta, menos que más, final de siglo veremos cómo el petróleo es cada vez más difícil y caro de extraer, con todas las tensiones políticas que eso conlleva). 

Las energías límpias y renovables como la eólica y la solar, aunque tecnológicamente desarrolladas, presentan serios problemas por la combinación de dos de sus principales características: la discontinuidad de su producción y la imposibilidad de su almacenamiento. Ello hace que no se pueda disociar el momento de la producción de la energía del momento de su consumo y que la producción energética a partir de éstas fuentes no pueda ajustarse a sistemas que permitan abaratar sus costes. 

Hay opciones para solucionar esto, por ejemplo la opción tecnológica del hidrógeno: el hidrógeno que es susceptible de ser transformado en gas a partir de agua a la que se le aplica un proceso eléctrico, con la felíz posibilidad de ser almacenado, usado como combustible en forma de gas o de revertir el proceso y volver a obtener energía eléctrica: es lo que vulgarmente se denominan pilas de hidrógeno. 

La tecnología para llevar a cabo estos procesos u otros similares está incipiente pero suficientemente desarrollada (hay quien se atreve a aventurar que en pocos años veremos resultados sorprendentes alrededor de estas metodología de obtención de energía). El problema es si estamos en condiciones de sustituir con estas tecnologías al complejo energético social y económico de los combustibles fósiles. El reto es tecnológico, pero también económico y político. 

Una de las posibilidades que se avecinan con el el uso de estas fuentes de energía y procesos de transformación energética al alcance de todo el mundo es la implantación de redes de energía de generación distribuida (redes de prosumidores de energía, en las que seremos productores y consumidores a la vez, en un mercado energético horizontal con más forma de red que de pirámide). En definitiva estaríamos hablando de un sistema energético paralelo y similar al sistema de relaciones que se está implantando en la sociedad mundial a través de las redes sociales de la mano de la comunicación por internet. 

Si esto es así, si ocurre de verdad, las consecuencias sociales acarrearían posiblemente procesos de redistribución del poder económico y político: ahí tenemos un atisbo del complejo energía-comunicación-conciencia de la sociedad que, para las personas más optimistas, podría venir: estructuras de producción y consumo energético más democráticas y horizontales, modos de comunicación social y decisión política más participativos e igualitarios. 

Si yo fuera uno de los magnates de la economía del petróleo (grandísimas factorías de automóviles, petroleras enormes, refinerías y todo lo que en nuestra economía depende del petroleo: plásticos, envases, ropas...y capacidad financiera) estaría preocupado por las posibilidades de perder hegemonía económica y predominio político si esta sociedad de verdad se avecina, con un más que posible transvase de poder desde la capacidad de producción hacia las acciones políticas de consumo. 

Todo, claro está, si están en lo cierto los que proclaman que las sociedades se definen a partir de la combinación entre los sistemas de comunicación, las fuentes de energía que utilizan y la conciencia individual, política y social resultante. 

Tengo un amigo, al que muchos tachan de chiflado, que defiende que la actual situación económica responde a una ofensiva de los poderes económicos hacia las instituciones políticas y la sociedad civil para posicionerse en condiciones de ventaja ante la posible pérdida de hegemonía que se les viene encima.
Yo no soy depositario de una capacidad de especulación tan fantástica, pero sí creo que la lógica mercantil del beneficio por encima de todo funciona de tal manera que produce estos resultados de devastación, ya lo ha demostrado en otras ocasiones: arrasará con todo lo que consideramos bueno y digno y que tanto nos ha costado conseguir. 

...Y deduzco como necesaria una alianza entre lo público y lo civil, el estado y la sociedad para atajar el miedo que quizá los poderes económicos tienen a perder su hegemonía. ¿Hacia dónde se dejarán caer las instituciones del estado?

Javier Moreno Ibarra
http://www.elcorreoextremadura.com/noticias_region/2019-01-08/1/29848/politica-ficcion.html

La salute dei migranti, il rapporto dell'OMS-Europa: una "foto" (tardiva) del drammatico presente



Certo, l’argomento è da qualche anno il tema più acuminato della agenda politica degli stati europei, e su di esso si gioca la tenuta stessa dell’Unione, come l’abbiamo finora conosciuta; a pochi mesi dall’appuntamento elettorale di maggio, la prudenza è d’obbligo. Certo, le agenzie delle Nazioni Unite hanno natura intergovernativa, con i singoli stati membri ci devono interagire, così non possono giocarsi la relazione fiduciaria sul terreno della critica politica. Per la Organizzazione Mondiale della Sanità (Oms), poi, si tratta del primo rapporto sulla salute dei rifugiati e dei migranti nei 53 paesi che formano la componente europea della Agenzia, ciò che forse spiega l’esitazione del principiante. Il rapporto è in buona sostanza una revisione della letteratura esistente, e presenta giocoforza le evidenze principali. Eppure resta un uggioso retrogusto, è inutile negarselo. Il lancio a Ginevra del Report on the health of refugees and migrants in the WHO European Region, a pochi giorni dalla sessione del Consiglio Esecutivo dell’Oms, arriva con consistente ritardo rispetto alla storia decennale dei flussi migratori in Europa.

  Certo, l’argomento è da qualche anno il tema più acuminato della agenda politica degli stati europei, e su di esso si gioca la tenuta stessa dell’Unione, come l’abbiamo finora conosciuta; a pochi mesi dall’appuntamento elettorale di maggio, la prudenza è d’obbligo. Certo, le agenzie delle Nazioni Unite hanno natura intergovernativa, con i singoli stati membri ci devono interagire, così non possono giocarsi la relazione fiduciaria sul terreno della critica politica. Per la Organizzazione Mondiale della Sanità (Oms), poi, si tratta del primo rapporto sulla salute dei rifugiati e dei migranti nei 53 paesi che formano la componente europea della Agenzia, ciò che forse spiega l’esitazione del principiante. Il rapporto è in buona sostanza una revisione della letteratura esistente, e presenta giocoforza le evidenze principali. Eppure resta un uggioso retrogusto, è inutile negarselo. Il lancio a Ginevra del Report on the health of refugees and migrants in the WHO European Region, a pochi giorni dalla sessione del Consiglio Esecutivo dell’Oms, arriva con consistente ritardo rispetto alla storia decennale dei flussi migratori in Europa.

  La responsabilità è soprattutto dei governi. Che solo nel 2016 hanno adottato una strategia europea su salute e migrazioni, e nel 2017 un programma di priorità. Almeno dai primi anni duemila, lo dico con qualche cognizione di causa in quanto direttrice allora di Medici Senza Frontiere (MSF) Italia, le organizzazioni umanitarie e mediche si sono cimentate in una produzione di dati e di relative analisi molto ricca, ancorché parziale, su vari aspetti della salute della popolazione delle persone rifugiate e migranti. Il ritardo pesa e non poco, vista la regressione culturale e politica che si è calcificata nel frattempo nelle politiche europee su questo versante (mentre partecipavo alla conferenza stampa si consumava la chiusura del Cara di Castelnuovo di Porto). Meglio di ogni altro ragionamento, la salute può far intendere anche ai decisori politici più riluttanti un dato inconfutabile: siamo tutti esseri umani, rifugiati o residenti in Europa, persone fatte di corpi, reazioni fisiologiche e processi identici, e la salute degli uni è una garanzia per la salute
di tutti.

Cosa dice il rapporto dell’Oms in proposito. I 53 paesi dell’Oms Europa abbracciano una popolazione di 920 milioni di
persone, il 10% della quale (90,7 milioni) sono persone migranti, anche di lunga data, che si sono spostate soprattutto per motivi di lavoro (solo in Russia ci sono 50 milioni di migranti provenienti dai paesi della vecchia Unione Sovietica). Ma accanto al desiderio di una vita migliore, c’è la violenza, ci sono i conflitti, i disastri naturali, gli abusi dei diritti umani che forzano molti a lasciare il proprio paese. Queste presenze rappresentano il 35% di tutta la popolazione migrante sul pianeta, che l’ONU calcola in ragione di 258 milioni di individui nel 2017. La proporzione di migranti internazionali e rifugiati nei paesi della regione europea varia dal 50% di presenza a Monaco e Andorra, a meno del 2% in Albania, Bosnia ed Erzegovina, Polonia e Romania. Meno del 7,4% sono rifugiati, ma la percezione dell’opinione pubblica in alcuni paesi europei è che la presenza dei rifugiati sia 3 o 4 volte superiore al loro numero effettivo.

 La regione UE dell'Oms è l'unica dove aument HIV-AIDS. Mentre l’idea comune associa ai flussi migratori le più esotiche malattie infettive, è bene dire subito che se la regione europea dell’Oms è l’unica al mondo a registrare un aumento della trasmissione del virus HIV/AIDS, questo non dipende dalla presenza dei migranti, ma dalla totale assenza di politiche sanitarie di prevenzione e controllo della malattia, soprattutto nei paesi dell’Est. Le persone che fuggono o emigrano sono esposte, certo, al rischio di  infezioni e malattie trasmissibili (vedi le infezioni respiratorie), ma ciò deriva perlopiù dalla mancanza di assistenza sanitaria durante il viaggio, dalla interruzione di eventuali cure, dalle insoffribili condizioni di vita nelle rotte migratorie. Spesso, sono le condizioni di vita e di sfruttamento nel paese di approdo che producono malattie infettive come la tubercolosi, gestite peraltro con competenza in tutti i paesi europei.

Tassi alti di diabete tra i migranti superiore alla media UE.  dati inducono a ritenere che siano piuttosto le malattie croniche e condizioni acute a interessare la popolazione in movimento – nel caso degli uomini, gli incidenti sul lavoro, ad esempio. Rifugiati e migranti hanno un tasso di incidenza, prevalenza e mortalità da diabete superiore alla media dei residenti europei, in particolare fra le donne. Risulta inferiore la percentuale di tumori, con l’eccezione del tumore cervicale nelle donne, salvo che le patologie tumorali nella popolazione migrante sono perlopiù intercettate e diagnosticate in fase avanzata, e con difficoltà di continuità della cura, con conseguenze irreversibili per la vita dei pazienti. Un capitolo importante concerne le vaccinazioni. Può essere che le persone migranti arrivino in Europa prive di una completa copertura vaccinale. Perciò serve una presa in carico immediata del sistema sanitario nazionale del paese ricevente, con un programma di vaccinazioni di base, soprattutto (ma non solo) per i bambini.

La sicurezza ha a che fare con l'accesso ai servizi sanitari. L’accesso ai servizi sanitari e sociali dei paesi ospitanti, occorre ribadirlo ai politici europei che non hanno ancora capito, secondo i consolidati principi di universalismo e di diritto alla salute, è una condizione fondamentale di sicurezza. E questo vale anche per la salute mentale: queste persone arrivano in Europa con pesanti fardelli di paure e violazioni dei diritti umani, prima e durante il viaggio. Depressione e ansia sono condizioni frequenti, accanto a forme di stress post traumatico, spesso trascurate. Anzi, peggiorano per le condizioni di incertezza e sfruttamento cui queste persone - in particolare donne e minori non accompagnati - sono sottoposte, in Europa. Ovviamente l’Oms non si sbilancia.

  "Governi impreparati ad affrontare i flussi migratori". ZsuZsanna Jakab, direttrice di Oms Europa, riconosce la mancanza di preparazione dei governi europei ad affrontare i flussi umani degli ultimi anni, ma non formula denunce su politiche che fanno male alla salute, e non ricorda neppure che i flussi sono in netta diminuzione. Si limita a citare la “riluttanza” di alcuni paesi a capire la posta in palio. Molto più seria del gioco sulle definizioni tra migranti economici, rifugiati, clandestini, illegali. O “profughi vacanzieri”, secondo la subcultura geopolitica del nostro ministro degli interni. Nulla si dice sul trattato di Dublino, che disciplina la gestione dei richiedenti asilo nei paesi europei. Uno dei determinanti politici della cattiva salute dei migranti in Europa. E della xenofobia che velocemente si diffonde tra le persone residenti nel nostro continente: epidemia che l’Oms farebbe bene a considerare per un prossimo, questa volta tempestivo, rapporto.