Participación ciudadana y calidad democrática

El concepto de participación ciudadana se reivindica como una alternativa a los modelos de democracia por delegación cada cuatro años. Aunque no deja de haber oportunistas que lo utilizan para indicar que el estado dejará de prestar servicios y que serán los ciudadanos y las ciudadanas las que tengan que buscarse la vida por su cuenta para cuidar al hermano discapacitado o la madre con alzehimer. Algo así como el modelo de filantropía norteamericano, en el que se asume que el estado no cubre a la mayoría de la población y que la comunidad ha de implicarse en solucionar las necesidades sociales.

Si queremos, podemos ver una parte positiva en ese modelo: la generación de un sentimiento de pertenencia a tu comunidad y la implicación ciudadana, como parte de ella, en la búsqueda de soluciones; la otra parte es que ese modelo al final se ciñe a la participación social y no política (o como mucho la política se limita a lo puntual), con lo cual tampoco se cuestionan las causas subyacentes de los problemas, sino que se concibe la participación como elemento utilitarista y que aleja a la ciudadanía (en muchos casos) de la incidencia en las causas importantes.
El problema es que en un sitio hemos dejado que el Estado sea algo extraño y no controlado por la ciudadanía; y en otro han reducido el Estado a la mínima expresión y dejado que sea el apaño de cada cual, coordinado con los vecinos o no, el que vaya buscando soluciones. ¿Retomar el control en el primer modelo sin arriesgarme al segundo? ¿Rescatar cosas de los dos mundos ya que deberían ser complementarios y no excluyentes?
En los países con mayor participación ciudadana (voluntariado, política...) hay una mayor calidad de vida media, mayor equilibrio social y menor número de injusticias. Por contra en los países con menor participación ciudadana, una pequeñísima parte de la población se aprovecha del control político para hacer lo que quiere y saquear los recursos del país...Hay quien afirma que estas dos premisas se pueden discutir, pero estaremos de acuerdo en que nosotros vemos con envidia sociedades más dinámicas y activas en sus procesos de innovación y participación social.
Al respecto quiero traer a colación algunas conclusiones de Vargas Machuca, Pérez Yruela y algunos otros ya en el año 2010, cuando publicaron “Calidad de la democracia en España: una auditoría ciudadana”, con los resultados de un estudio del CIS realizado en 2007. Allí constatan que los españoles consideramos de manera mayoritaria que los que detentan el poder político y económico están por encima de la voluntad de la ciudadanía, de la soberanía popular y, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que la sociedad civil española no llega a niveles de participación suficientes para ser un actor relevante en el proceso político. Todo lo que ha llovido desde entonces, todas las tormentas y soles que han caido sobre la sociedad española, todas las plazas, toda la nueva politica, todas las mareas y las nuevas voces, no parece que hayan hecho cambiar el diagnóstico: los problemas de nuestra democracia se localizan en un circulo vicioso alimentado por un débil funcionamiento de la sociedad civil y por la baja calidad de la representación política.
La cosa no ha resultado tan fácil como ha podido parecer en algunos momentos de los años recientes. Una sociedad civil desmotivada por la política en el mejor de los casos, cuando no en abierta confrontación, y un sistema de representación alejado de la ciudadanía, incluidas instituciones del estado y organizaciones políticas partidarias, son los dos ingredientes que determinan la calidad de nuestra democracia. Indudablemente no son mimbres para tejer una suficiente calidad democrática.
Quiero resaltar que la construcción de la ciudadanía compete a las instituciones gobernantes y organizaciones políticas a la hora de generar marcos de oportunidad para la generación de modos ciudadanos de comportamiento, pero no es posible sin la confluencia deliberada de la propia ciudadanía autoorganizada. Es decir, que necesitamos modos comunitarios de percibir la democracia como transformacional, no como transaccional: se trata de modificar democráticamente nuestra realidad social, no de firmar un “contrato” en virtud del cual yo te proveo de derechos, en forma servicios públicos, a cambio de tu voto.
La construcción políticosocial tiene tres patas (lo público, lo privado, lo civil). Creo que esto es importante. Antes la discusión se centraba en lo público y lo privado (lo cívico-social se desdibujaba en lo privado para los liberal-anglosajones o en lo público para los jacobinos), ahora ya no se discute el papel preponderante de la iniciativa privada mercantil en la construcción social, se da por hecho que el estado y la iniciativa pública ya no juegan y se han de traspasar sus funciones a la sociedad civil (menos la parte del león contante y sonante que se privatizará a mayor gloria del capital).
Algo derivado de esta situación habrá que aprender, pero sin perder el papel de las administraciones del estado, también y sobre todo las municipales, como redistribuidoras de riqueza, generadoras de igualdad, reguladoras de los procesos económicos, garantes de los derechos básicos de salud, educación y bienestar, responsables, dueñas y promotoras de la iniciativa económica en sectores estratégicos.
Reivindicando también el papel de la sociedad civil autoorganizada: entender la ciudadanía como virtud cívica y compromiso social, garantizar y facilitar el acceso a la interlocución social a poderes ciudadanos colectivamente organizados (en torno a las necesidades y reivindicaciones autodeterminadas) como mínimo en igualdad de condiciones con los poderes mercantiles.
Y para terminar por donde empazábamos, no dejarse engañar por los cantos de sirena sobre la big society y exigir a los partidos que estén a la altura de las circunstancias y se reinventen como partidos ciudadanos.

Ciudadano Moreno Ibarra
http://www.elcorreoextremadura.com/noticias_region/2019-02-05/2/30076/participacion-ciudadana-y-calidad-democratica.html

Política ficción


Según Jeremy Rifkin, los modelos de sociedad, las civilizaciones, se pueden definir a partir de la combinación entre los sistemas de comunicación y las fuentes de energía que utilizan para la génesis y el mantenimiento de sus propias estructuras económicas y sociales: la madera, la energía hidráulica, el carbón, el petróleo, la electricidad…se han sucedido como fuentes energéticas primordiales; la escritura, la imprenta, las telecomunicaciones han sido el paralelo en los sistemas de comunicación.

Todas ellas han propiciado tecnologías productivas que han condicionado la estructura social, el modo cultural de concebir la vida, la ideología, la religión, el reparto de la riqueza, la posibilidad de que la justicia, la igualdad y la libertad sean o no una realidad y para quién sí y para quién no.

La revolución agrícola, con la energía hidráulica, nos trajo la escritura y las primeras civilizaciones complejas. 

La primera revolución industrial del carbón y la máquina de vapor fue acompañada del ferrocarril y fue posible gracias a los cambios sociales que introdujo la invención y la utilización de la imprenta en los inicios de la edad moderna. 

La segunda revolución industrial, basada en el petróleo y la electricidad, trajo los sistemas de transporte basados en el automóvil (con sus sistemas de fabricación en serie) y la primera generación de los sistemas de comunicación basados en la electricidad: la radio y el teléfono. 

Cada uno de los momentos indicados ha sido acompañado por importantes cambios en la conciencia humana, individual y colectiva. Parece que eso que llamamos civilización está formado por un complejo de relaciones entre energía, comunicaciones y conciencia. 

Hoy, el complejo energía-comunicación-conciencia está marcado por el cenit y el declive a la vez del petróleo como fuente primordial de energía, por la revolución de internet y las redes sociales en las comunicaciones y por los cambios individuales y colectivos en la conciencia humana, mucho más difíciles de determinar. 

En 2005 el 85% de la energía consumida en el mundo provenía del petróleo y hoy hay voces autorizadas que hablan de que ya las reservas mundiales de petróleo han llegado a su punto máximo (es decir, a partir de aquí y hasta, menos que más, final de siglo veremos cómo el petróleo es cada vez más difícil y caro de extraer, con todas las tensiones políticas que eso conlleva). 

Las energías límpias y renovables como la eólica y la solar, aunque tecnológicamente desarrolladas, presentan serios problemas por la combinación de dos de sus principales características: la discontinuidad de su producción y la imposibilidad de su almacenamiento. Ello hace que no se pueda disociar el momento de la producción de la energía del momento de su consumo y que la producción energética a partir de éstas fuentes no pueda ajustarse a sistemas que permitan abaratar sus costes. 

Hay opciones para solucionar esto, por ejemplo la opción tecnológica del hidrógeno: el hidrógeno que es susceptible de ser transformado en gas a partir de agua a la que se le aplica un proceso eléctrico, con la felíz posibilidad de ser almacenado, usado como combustible en forma de gas o de revertir el proceso y volver a obtener energía eléctrica: es lo que vulgarmente se denominan pilas de hidrógeno. 

La tecnología para llevar a cabo estos procesos u otros similares está incipiente pero suficientemente desarrollada (hay quien se atreve a aventurar que en pocos años veremos resultados sorprendentes alrededor de estas metodología de obtención de energía). El problema es si estamos en condiciones de sustituir con estas tecnologías al complejo energético social y económico de los combustibles fósiles. El reto es tecnológico, pero también económico y político. 

Una de las posibilidades que se avecinan con el el uso de estas fuentes de energía y procesos de transformación energética al alcance de todo el mundo es la implantación de redes de energía de generación distribuida (redes de prosumidores de energía, en las que seremos productores y consumidores a la vez, en un mercado energético horizontal con más forma de red que de pirámide). En definitiva estaríamos hablando de un sistema energético paralelo y similar al sistema de relaciones que se está implantando en la sociedad mundial a través de las redes sociales de la mano de la comunicación por internet. 

Si esto es así, si ocurre de verdad, las consecuencias sociales acarrearían posiblemente procesos de redistribución del poder económico y político: ahí tenemos un atisbo del complejo energía-comunicación-conciencia de la sociedad que, para las personas más optimistas, podría venir: estructuras de producción y consumo energético más democráticas y horizontales, modos de comunicación social y decisión política más participativos e igualitarios. 

Si yo fuera uno de los magnates de la economía del petróleo (grandísimas factorías de automóviles, petroleras enormes, refinerías y todo lo que en nuestra economía depende del petroleo: plásticos, envases, ropas...y capacidad financiera) estaría preocupado por las posibilidades de perder hegemonía económica y predominio político si esta sociedad de verdad se avecina, con un más que posible transvase de poder desde la capacidad de producción hacia las acciones políticas de consumo. 

Todo, claro está, si están en lo cierto los que proclaman que las sociedades se definen a partir de la combinación entre los sistemas de comunicación, las fuentes de energía que utilizan y la conciencia individual, política y social resultante. 

Tengo un amigo, al que muchos tachan de chiflado, que defiende que la actual situación económica responde a una ofensiva de los poderes económicos hacia las instituciones políticas y la sociedad civil para posicionerse en condiciones de ventaja ante la posible pérdida de hegemonía que se les viene encima.
Yo no soy depositario de una capacidad de especulación tan fantástica, pero sí creo que la lógica mercantil del beneficio por encima de todo funciona de tal manera que produce estos resultados de devastación, ya lo ha demostrado en otras ocasiones: arrasará con todo lo que consideramos bueno y digno y que tanto nos ha costado conseguir. 

...Y deduzco como necesaria una alianza entre lo público y lo civil, el estado y la sociedad para atajar el miedo que quizá los poderes económicos tienen a perder su hegemonía. ¿Hacia dónde se dejarán caer las instituciones del estado?

Javier Moreno Ibarra
http://www.elcorreoextremadura.com/noticias_region/2019-01-08/1/29848/politica-ficcion.html

La salute dei migranti, il rapporto dell'OMS-Europa: una "foto" (tardiva) del drammatico presente



Certo, l’argomento è da qualche anno il tema più acuminato della agenda politica degli stati europei, e su di esso si gioca la tenuta stessa dell’Unione, come l’abbiamo finora conosciuta; a pochi mesi dall’appuntamento elettorale di maggio, la prudenza è d’obbligo. Certo, le agenzie delle Nazioni Unite hanno natura intergovernativa, con i singoli stati membri ci devono interagire, così non possono giocarsi la relazione fiduciaria sul terreno della critica politica. Per la Organizzazione Mondiale della Sanità (Oms), poi, si tratta del primo rapporto sulla salute dei rifugiati e dei migranti nei 53 paesi che formano la componente europea della Agenzia, ciò che forse spiega l’esitazione del principiante. Il rapporto è in buona sostanza una revisione della letteratura esistente, e presenta giocoforza le evidenze principali. Eppure resta un uggioso retrogusto, è inutile negarselo. Il lancio a Ginevra del Report on the health of refugees and migrants in the WHO European Region, a pochi giorni dalla sessione del Consiglio Esecutivo dell’Oms, arriva con consistente ritardo rispetto alla storia decennale dei flussi migratori in Europa.

  Certo, l’argomento è da qualche anno il tema più acuminato della agenda politica degli stati europei, e su di esso si gioca la tenuta stessa dell’Unione, come l’abbiamo finora conosciuta; a pochi mesi dall’appuntamento elettorale di maggio, la prudenza è d’obbligo. Certo, le agenzie delle Nazioni Unite hanno natura intergovernativa, con i singoli stati membri ci devono interagire, così non possono giocarsi la relazione fiduciaria sul terreno della critica politica. Per la Organizzazione Mondiale della Sanità (Oms), poi, si tratta del primo rapporto sulla salute dei rifugiati e dei migranti nei 53 paesi che formano la componente europea della Agenzia, ciò che forse spiega l’esitazione del principiante. Il rapporto è in buona sostanza una revisione della letteratura esistente, e presenta giocoforza le evidenze principali. Eppure resta un uggioso retrogusto, è inutile negarselo. Il lancio a Ginevra del Report on the health of refugees and migrants in the WHO European Region, a pochi giorni dalla sessione del Consiglio Esecutivo dell’Oms, arriva con consistente ritardo rispetto alla storia decennale dei flussi migratori in Europa.

  La responsabilità è soprattutto dei governi. Che solo nel 2016 hanno adottato una strategia europea su salute e migrazioni, e nel 2017 un programma di priorità. Almeno dai primi anni duemila, lo dico con qualche cognizione di causa in quanto direttrice allora di Medici Senza Frontiere (MSF) Italia, le organizzazioni umanitarie e mediche si sono cimentate in una produzione di dati e di relative analisi molto ricca, ancorché parziale, su vari aspetti della salute della popolazione delle persone rifugiate e migranti. Il ritardo pesa e non poco, vista la regressione culturale e politica che si è calcificata nel frattempo nelle politiche europee su questo versante (mentre partecipavo alla conferenza stampa si consumava la chiusura del Cara di Castelnuovo di Porto). Meglio di ogni altro ragionamento, la salute può far intendere anche ai decisori politici più riluttanti un dato inconfutabile: siamo tutti esseri umani, rifugiati o residenti in Europa, persone fatte di corpi, reazioni fisiologiche e processi identici, e la salute degli uni è una garanzia per la salute
di tutti.

Cosa dice il rapporto dell’Oms in proposito. I 53 paesi dell’Oms Europa abbracciano una popolazione di 920 milioni di
persone, il 10% della quale (90,7 milioni) sono persone migranti, anche di lunga data, che si sono spostate soprattutto per motivi di lavoro (solo in Russia ci sono 50 milioni di migranti provenienti dai paesi della vecchia Unione Sovietica). Ma accanto al desiderio di una vita migliore, c’è la violenza, ci sono i conflitti, i disastri naturali, gli abusi dei diritti umani che forzano molti a lasciare il proprio paese. Queste presenze rappresentano il 35% di tutta la popolazione migrante sul pianeta, che l’ONU calcola in ragione di 258 milioni di individui nel 2017. La proporzione di migranti internazionali e rifugiati nei paesi della regione europea varia dal 50% di presenza a Monaco e Andorra, a meno del 2% in Albania, Bosnia ed Erzegovina, Polonia e Romania. Meno del 7,4% sono rifugiati, ma la percezione dell’opinione pubblica in alcuni paesi europei è che la presenza dei rifugiati sia 3 o 4 volte superiore al loro numero effettivo.

 La regione UE dell'Oms è l'unica dove aument HIV-AIDS. Mentre l’idea comune associa ai flussi migratori le più esotiche malattie infettive, è bene dire subito che se la regione europea dell’Oms è l’unica al mondo a registrare un aumento della trasmissione del virus HIV/AIDS, questo non dipende dalla presenza dei migranti, ma dalla totale assenza di politiche sanitarie di prevenzione e controllo della malattia, soprattutto nei paesi dell’Est. Le persone che fuggono o emigrano sono esposte, certo, al rischio di  infezioni e malattie trasmissibili (vedi le infezioni respiratorie), ma ciò deriva perlopiù dalla mancanza di assistenza sanitaria durante il viaggio, dalla interruzione di eventuali cure, dalle insoffribili condizioni di vita nelle rotte migratorie. Spesso, sono le condizioni di vita e di sfruttamento nel paese di approdo che producono malattie infettive come la tubercolosi, gestite peraltro con competenza in tutti i paesi europei.

Tassi alti di diabete tra i migranti superiore alla media UE.  dati inducono a ritenere che siano piuttosto le malattie croniche e condizioni acute a interessare la popolazione in movimento – nel caso degli uomini, gli incidenti sul lavoro, ad esempio. Rifugiati e migranti hanno un tasso di incidenza, prevalenza e mortalità da diabete superiore alla media dei residenti europei, in particolare fra le donne. Risulta inferiore la percentuale di tumori, con l’eccezione del tumore cervicale nelle donne, salvo che le patologie tumorali nella popolazione migrante sono perlopiù intercettate e diagnosticate in fase avanzata, e con difficoltà di continuità della cura, con conseguenze irreversibili per la vita dei pazienti. Un capitolo importante concerne le vaccinazioni. Può essere che le persone migranti arrivino in Europa prive di una completa copertura vaccinale. Perciò serve una presa in carico immediata del sistema sanitario nazionale del paese ricevente, con un programma di vaccinazioni di base, soprattutto (ma non solo) per i bambini.

La sicurezza ha a che fare con l'accesso ai servizi sanitari. L’accesso ai servizi sanitari e sociali dei paesi ospitanti, occorre ribadirlo ai politici europei che non hanno ancora capito, secondo i consolidati principi di universalismo e di diritto alla salute, è una condizione fondamentale di sicurezza. E questo vale anche per la salute mentale: queste persone arrivano in Europa con pesanti fardelli di paure e violazioni dei diritti umani, prima e durante il viaggio. Depressione e ansia sono condizioni frequenti, accanto a forme di stress post traumatico, spesso trascurate. Anzi, peggiorano per le condizioni di incertezza e sfruttamento cui queste persone - in particolare donne e minori non accompagnati - sono sottoposte, in Europa. Ovviamente l’Oms non si sbilancia.

  "Governi impreparati ad affrontare i flussi migratori". ZsuZsanna Jakab, direttrice di Oms Europa, riconosce la mancanza di preparazione dei governi europei ad affrontare i flussi umani degli ultimi anni, ma non formula denunce su politiche che fanno male alla salute, e non ricorda neppure che i flussi sono in netta diminuzione. Si limita a citare la “riluttanza” di alcuni paesi a capire la posta in palio. Molto più seria del gioco sulle definizioni tra migranti economici, rifugiati, clandestini, illegali. O “profughi vacanzieri”, secondo la subcultura geopolitica del nostro ministro degli interni. Nulla si dice sul trattato di Dublino, che disciplina la gestione dei richiedenti asilo nei paesi europei. Uno dei determinanti politici della cattiva salute dei migranti in Europa. E della xenofobia che velocemente si diffonde tra le persone residenti nel nostro continente: epidemia che l’Oms farebbe bene a considerare per un prossimo, questa volta tempestivo, rapporto.



 

¿Dónde estaban las feministas?

¿Dónde estaban las feministas cuando apareció el cadaver de mi hija Diana...? 

El parque, el mercado, la guardería, el trabajo, el gimnasio... cualquier sitio es bueno para cambiar impresiones, conocer gente o hacer nuevos amigos ¿Qué se estarán contando? es una sentencia que la mayoría de las mujeres hemos escuchado. Y es verdad. Los niños, los maridos, las amigas, el sueldo, el sexo, las emociones, los dolores, el jefe, la casa, la compra... cualquier tema es posible con una amiga, un tesoro de confidencias mutuas que desahoga y no aprieta.

Pero a veces convertimos en confidentes a mujeres que después de un saludo o unas primeras palabras intuimos que nos podemos entender y poco a poco reímos o lloramos según tengamos el día. Sí, las mujeres nos comunicamos mucho entre nosotras y nos contamos nuestras vidas por fascículos. Depende de con quién estemos abrimos uno u otro y así descubrimos vidas ajenas que nos ayudan a mejorar la nuestra, conocernos mejor, buscar soluciones y sentirnos más libres. Así, viviendo, aprendemos a identificarnos con otros y compartir sus sentimientos. Aprendemos a tener empatía, a ser solidarias.

Las mujeres salimos y vamos a seguir saliendo a la calle para que los derechos que tanto nos cuesta conseguir no se pierdan por estrategias partidistas. ¿Dónde estaban las feministas cuando...? es una frase que intenta dar en la diana de la igualdad y vaciar de contenido los derechos de las mujeres. Utilizar a un ser querido para clamar contra un colectivo no es ético ni justo. Quizás intentando desprestigiarnos a nosotras, quien se hace esta pregunta no es capaz de analizar su propio desprestigio personal que sale a la luz pública, entre rencillas familiares, en el momento del dolor y de la ausencia.

Las mujeres estamos donde tenemos que estar, al lado de la víctima, del que sufre, del maltratado, del débil, del inferior. ¿Y sabe por qué?, porque son situaciones que conocemos muy bien. Hacemos lo que sentimos y las mujeres sentimos a cada una de las víctimas, desaparecidas o asesinadas, como una amiga, una hija, una madre, una hermana, una misma. Cada muerte nos hace sentirnos Laura, María, Andrea, Gabriel o Diana y por eso chillamos “Todas somos…” y se llama feminismo solidario.

Es de cobardes intentar desprestigiar al movimiento feminista para reconquistar las parcelas recuperadas por las mujeres y que les fueron arrebatadas durante siglos. Ahora saben que el maltrato se penaliza, que NO es NO, que comprar el cuerpo de la mujer para el sexo o la maternidad es cosificar y esclavizar a un ser humano, que las tareas del hogar hay que compartirlas, que los hijos son de dos, que a igual trabajo igual salario, que existe un techo de cristal, que mandarnos callar ya no funciona, que una mujer no va pidiendo guerra por vestir o pensar como quiera, que en el uso del sexo un hombre no es un macho ni una mujer una puta, que morir no es sinónimo de asesinato, que, que... que somos más de la mitad de la población mundial y que queremos que nos respeten y nos devuelvan lo que es nuestro. Ni más ni menos. 

Marisa Márquez

ASPETTANDO LA #SUPERCOPPA - GLI INTERESSI ITALIANI IN ARABIA SAUDITA TRA ARMI, CALCIO E DIRITTI UMANI


Questa è una storia di bombe prodotte in Italia, bombe spacciate con l’inganno del diritto al lavoro.

Questa è una storia esplosiva della peggiore politica, quella che pur di fare affari non guarda in faccia nessuno, nemmeno le leggi.
Questa infine è la storia di una banca che mette in campo il proprio posizionamento sul concetto di “gestione della casa”, che poi è il vero significato della parola economia.

Cosa sta succedendo in Yemen

C’è un conflitto implacabile che da quattro anni sconquassa lo Yemen. Una guerra rimasta perlopiù nell’ombra degli interessi geopolitici che l’hanno prodotta e giustificata, salvo sortire poi dal lungo silenzio grazie alla vicenda di Jamal Khashoggi, il giornalista saudita fatto a pezzi il 2 ottobre 2018 nella sede del consolato del suo paese a Istanbul, dove si era recato per formalizzare un procedura di divorzio. Il corpo smembrato del noto editorialista del Washington Post è metafora e specchio dello smembramento sociale ed economico dello Yemen sotto le bombe: vite parallele di uomini e paesi che non si possono ignorare.

Quei resti umani del saudita, ancora introvabili, rimandano agli squarci dei bombardamenti e alle viscere rivoltate dell’intera società yemenita sotto scacco per via del colera, un’epidemia come non se ne vedevano da secoli. Sulla soglia di una carestia senza precedenti - le proiezioni dell’ONU parlano di malnutrizione acuta, la versione più estrema della fame, per 400.000 bambini. Una popolazione allo stremo, insomma, ancora largamente inaccessibile, se non per le poche coraggiose presenze di uomini  e donne alle prese con la crisi umanitaria. La più grave, ci rammentano i rapporti delle agenzie internazionali, e le narrazioni giornalistiche di chi ha deciso di non voltare lo sguardo.

Poi c’è la corona regnante in Arabia Saudita, regista e mano del duplice scempio. C’è lo strano caso di Mohammed bin Salman (MBS), rampollo e promessa della modernizzazione della monarchia, che ha saputo gabbare la comunità internazionale con poche abili mosse di sostanziosi affari militari e roboanti operazioni di maquillage sui diritti (le donne saudite al volante). Con il piglio scanzonato che la gioventù impone, MBS ha ritenuto ammissibile nel 2015 porsi alla testa di una coalizione militare di paesi sunniti (Marocco, Egitto, Sudan, Giordania, Emirati Arabi Uniti, Kuwait, Bahrain e Qatar) contro le forze antigovernative shiite degli Houti in Yemen, per attizzare di fatto un nuovo conflitto internazionale contro l’Iran. Con altrettanto piglio ha poi ritenuto possibile orchestrare, con un team di 15 collaboratori – tanti ne ha contati la CIA – un’imboscata per azzittire definitivamente la voce non proprio accondiscendente del giornalista Khashoggi. Il principe ha esagerato, mettendo la comunità internazionale in imbarazzato subbuglio. Ma non demorde: il processo appena avviato in Arabia Saudita sulla morte di Khashoggi, a porte chiuse e senza citare i nomi dei sospettati, è un “un travestimento della giustizia”, commenta a ragione il Washington Post. Gli intrecci economici che legano il mondo intero all’Arabia Saudita, in barba alle ben note violazioni dei diritti umani (delle donne e non solo), sono di immensa portata e nessuno vuole veramente rompere con Riyadh. Le acrobazie narrative per scagionare il principe saudita non sono solo quelle di Donald Trump, anche se il presidente USA è sempre più alle strette: lo scorso dicembre, il Senato americano uscente ha approvato all’unanimità una risoluzione che punta alla responsabilità di MBS e invoca un’indagine urgente dell’amministrazione, per accertarla. 

E l’Italia?

Di mezzo c’è anche l’Italia. Partner indiscusso dei sauditi. Alleato senza inquietudini. Le nostre relazioni spaziano dalle armi prodotte in Sardegna su procura di aziende tedesche, agli accordiper disputare là finali di calcio made in Italy, come è il caso della Supercoppa Juventus-Milan, trasmessa in diretta il 16 gennaio da Rai 1: “una partita che si gioca per un solo dio, il dio denaro, alla faccia dei molti giornalisti scrittori, pacifisti e blogger che marciscono a centinaia nelle carceri saudite”, ha chiosato il presidente della Federazione Nazionale della Stampa Giuseppe Giulietti. La strategia italiana illustrata sul sito del Consolato del resto non lascia equivoci: “L'Italia è uno dei migliori partner commerciali dell'Arabia Saudita in Europa, al primo posto negli ultimi anni. Nel 2014, le esportazioni italiane verso il Regno hanno raggiunto più di 18 miliardi di Reali Sauditi ed includono principalmente macchinari industriali, prodotti raffinati e apparecchiature elettriche. Il nostro obiettivo comune è quello di raggiungere cifre ancora più grandi ed una maggiore diversificazione”.  

In Sardegna c’è chi dice no

Chi mette alle strette il mondo politico italiano è un piccolo inflessibile nucleo di uomini e donne della Sardegna, il Comitato per la Riconversione della RWM Italia (dal nome dell’azienda che produce a Domusnovas le bombe esportate in Arabia Saudita e lanciate in Yemen) di cui fa parte anche Fondazione Finanza Etica, che da oltre due anni non cede di un passo, incalza battendo il tempo e creando un’onda di mobilitazione che nessuno può fermare, con risultati importanti. Un’esperienza politica che dal Sulcis Iglesiente ha lambito le pagine della stampa internazionale, e comincia finalmente a intaccare l’indifferenza del governo, se dobbiamo prendere per buone le parole pronunciate da Giuseppe Conte alla conferenza stampa di fine anno: “Non siamo favorevoli alla vendita di queste armi e quindi ora si tratta solo di formalizzare questa posizione e agire di conseguenza”.

Infine c’è una legge. La legge 185/90 che regolamenta in Italia il commercio dei sistemi d’arma secondo principi che hanno fatto scuola nel mondo, e che ora qualche parlamentare vorrebbe modificare nel corso della nuova legislatura, paradossalmente, per “migliorarne l’attuazione”. Una strada scellerata e inutile, se si vuole mettere mano alla crisi dello Yemen. Quella norma è un bastione che ha permesso alla società civile di impugnare le scelte dei molti governi incuranti delle clausole che impediscono all’Italia di esportare armi a chi viola i diritti umani ed è coinvolto in conflitti. Lo Yemen non può diventare un pretesto. La legge 185/90 va piuttosto attuata seriamente, casomai intervenendo sui decreti attuativi, in modo da restringere le maglie e ripristinare la trasparenza che abbiamo conosciuto ai tempi della Prima Repubblica. Su questo Banca Etica – la cui storia ed esistenza è molto legata alla legge 185/90 – non ha dubbi.

Se è servita la morte di Jamal Khashoggi perché il mondo squarciasse il velo del cinismo saudita fino a puntare lo sguardo sulla guerra in Yemen, l’Italia deve fare la sua parte e sospendere immediatamente le esportazioni all’Arabia Saudita, ripristinando subito la più rigorosa applicazione della legge in materia, anche laddove prevede la attivazione e il finanziamento di un fondo per la riconversione dell’industria militare.  E’ giunto il tempo di una discussione pubblica seria sull’impatto del complesso militare-industriale italiano sulla instabilità geopolitica (in particolare in Medio Oriente) e nella definizione della politica estera e di sicurezza dell’Italia.
Per non parlare solo di immigrazione…


 di Nicoletta Dentico, consigliera di amministrazione di Banca Etica e vicepresidente della Fondazione Finanza Etica
 https://www.bancaetica.it/blog/aspettando-supercoppa-gli-interessi-italiani-arabia-saudita-tra-armi-calcio-diritti-umani

Este podría ser el comienzo de un cómic fantástico-futurista

Los dueños de las riberas del río acudieron en cuidadoso tropel a espiar al animal forastero que, precedido durante meses por las alarmas de las otras tribus mensajeras, habitaba el río nadando contracorriente.

De nada habían servido los ataques nocturnos y los dardos envenenados con que las más audaces le habían acosado; tampoco los rituales de las brujas de las tribus y de los chamanes vagabundos habían logrado conjurar a la misteriosa bestia.

El animal estaba habitado, en su lomo, por parásitos grandes como hombres y peludos como monos. Los que eran tocados por ellos caían enfermos y morían con la cara llena de pústulas sangrantes y pestilentes. Muy pocas veces la medicina más poderosa de los espíritus antepasados había podido vencer al mal: las que sobrevivían quedaban marcadas por las pústulas de fuego de los diablos parásitos.

Muchos años después todavía las riberas del río caían asoladas por la pestilencia cada vez que los espíritus se perdían en la niebla que desdibujaba las fronteras del mundo celeste de los antepasados.

Una tribu de sacerdotes había surgido del culto a aquel animal fantástico que una vez había habitado las aguas; eran los descendientes de aquellos que habían sobrevivido tras ser tocados por los parásitos deificados. Eran malvados y avariciosos y algunos también eran peludos como monos. Construían templos gigantescos que parecían inmensos termiteros y allí sepultaban las vidas de todas aquellos que se dedicaban a horadar la tierra trabajando al servicio de aquellos semidioses tocados por el infortunio.

Atesoraban las entrañas de la tierra, la herían y rasgaban hasta que se convertía en un laberinto de canales vacíos que a veces se derrumbaban dejando al descubierto la inerte nada de los restos del obsceno robo.

Las dueñas de las riberas del río todavía no sabían que todo eso iba a ocurrir y no sabían tampoco que muchos de ellos iban a ser los héroes infames que, envilecidos por la victoria, instauraron la nueva era.

Todo comenzó así, entre las que no eran dueños de sí mismos, para sobrellevar el trabajo. Todavía no había máquinas; luego, sólo lo entendieron los que eran jóvenes y obreras: era casi lo mismo, pero con máquinas.

Esa fue la juventud alegre y combativa, fuente de donde manó toda la cultura popular capitalista. Las sectas tradicionalistas no lo podían entender, como no lo entendieron las escuadras de las estéticas fascistas, ni de las vanguardias bolcheviques: era tan simple… 

Entonces arrasó el mundo conocido y toda la progresía pija lo pulió y lo reconstruyó en forma de arte culto, levantando los adoquines para encontrar la playa; acto constitutivo de la nueva sociedad: el reino de los deseos florecía como un árbol multicolor. 

Parecía que lo habían conseguido, pero no les quedó más que el mercado. Los bolcheviques y los fascistas patalearon en sus tumbas: ¡Capitalismo decadente!

Varias generaciones después, el mundo se había ramificado en las ortocracias del interior, dominadas por grupos terroristas y guerrilleros, y en las talasocracias marítimas.

Algunas ciudades costeras conservaban su independencia, organizadas en ligas de taifas municipales.

También progresaban infinidad de monasterios semiautónomos, gobernados por heresiarcas integrados, enriquecidos por los tributos de los altares y las tasas comerciales y protegidos por milicias de monjes mercenarios. Eran los depositarios de los saberes místicos de los antepasados y desarrollaban una cienciología críptica para los iniciados.

En algunos ramales remotos del río se asentaban comunidades que se seguían considerando a sí mismas dueñas de las riberas y acogían aún con veneración a los chamanes vagabundos.

Eran ya tiempos en que las primeras épocas eran recordadas en formas poéticas, como la mano invisible del mercado o como la providencia que propició la epidemia de los cataclismos nacionalistas de la etapa interbélica, justo antes de que la ingeniería del poder híbrido neutralizara aquella pandemia de voluntades con las tecnologías del agua corriente y el alcantarillado. En algunos monasterios de heresiarcas marginales aún se adoraban los restos degenerados de héroes de la pureza y de la ética del combate. Allí cultivaban exóticas plantas milenaristas y las rodeaban de rituales mesiánicos, a la espera de los advenimientos oportunistas.

También se habían desarrollado ídolos popchamánicos y merodeadores que salmodiaban en sus cánticos los nombres secretos de dios y eran concebidos como la máquina de dios, capaz de resolver las situaciones si eran convenientemente convocados en ritos multitudinarios, en los que se relataban una y otra vez, en invocaciones tautológicas y poliédricas, los fatalismos de la fortuna.

Las escuadras vándalas estaban al acecho, surgían, siempre en nombre de la imposición de la pureza, diversas, multicolores, a veces abigarradas e inexorablemente dotadas de miradas fatalistas, armadas con los adornos del asombro, obedeciendo simultáneamente a determinaciones de creación y devastación. Los ídolos deificados rompían aquel mundo una y otra vez. No lo dejaban ser. Ya nunca fue.

De vez en cuando se veían grupos desmadejados que deambulaban en el mundo, como héroes que realizaran un viaje inciático por las diversas formas de convivencia, poder y organización social, como nuevas Ulises andróginos, postdemocráticos, utópicos y consumistas. Conservaban, escondidos de la mirada del hámster enemigo, esa personalización de todo lo que hace degenerar una idea, un proceso, un proyecto o un mecanismo, algunos legajos de la filosofía y, entre los desperdicios, rebuscaban trozos de ciencia.

Entre tanta religión y tanta tecnología a veces encontraban piezas rotas que parecía que eran saber. 




Javier Moreno Ibarra
http://www.elcorreoextremadura.com/noticias_region/2018-12-27/1/29814/este-podria-ser-el-comienzo-de-un-comic-fantastico-futurista-lleno-de-heroes-y-semidioses-macarras.html

EL SILENCIO DE ELLOS

 

Fui a ver ‘El silencio de otros’ con mi familia. Mi padre en especial tuvo una infancia novelesca debido a la posguerra. Cuando salimos de la peli, ‘Papá, ¿qué te ha parecido? ¿Te ha gustado?’. ‘Me ha movido demasiado. Preferiría no haberla visto. De hecho, si hubiera sabido cómo es, no habría venido’.

Yo había puesto alguna esperanza en la película como detonante para una catarsis compartida. Había puesto empeño en que la viéramos juntxs lxs de la familia. Pensé que podríamos conjurar infortunios pasados. Brevemente, mi padre nació en la cárcel (no literalmente; a mi abuela, que estaba en la cárcel, la sacaron para dar a luz, y la volvieron a meter una vez vacía). A los cinco años volvió a ver su madre y dos años después a su padre. Lo peor fue, dice, que enseguida esos extraños le plantaron dos hermanos de los que él tenía que cuidar al salir el cole. Vivían en un pueblo de la Manchuela. Su padre, mi abuelo, iba para abogado (mejor pluscuamperfecto: había ido), pero volvió de la cárcel inhabilitado y por supuesto vencido. Callado. Se dedicaron a labrar el mini-/ mediofundio propio de esa parte de la península, a cargar, comer y callar.

La familia no se tuvo que exiliar, ni que enterrar a nadie. No tenían muertos sobre los que auparse ni público al que embelesar con sus desventuras. No había público. Todxs en el pueblo sabían todo. Y lo único posible era callar. Me dijo mi padre que no se hablaba nunca de política en el pueblo, que lo único que él sabía entonces era que él era de izquierdas. ‘¿Por qué?’. ‘Pues porque mi familia era de izquierdas’. ‘Ah! Entonces se hablaba de eso en familia’. ‘Noooo, ¡qué va!’. ‘Entonces cómo lo sabías’. ‘Pues hija está claro, mi padre y mi madre habían estado en la cárcel’. Nada más. Lo novelesco se acabó en cuanto volvieron de la cárcel. Después, borrón y cuenta nueva, desde cero absoluto (-273 grados, creo recordar).

Hoy, mientras leo lo que mi abuelo escribió sobre Miguel Hernández cuando estuvieron juntos en el frente (‘Perdonabas con tu sonrisa nuestra estridencia. Y tu perdón era una fuerte soldadura para nuestra amistad’), escucho el silencio incesante de mi padre contando sus hazañas en la mili en Sidi Ifni y al volante del camión. No quiere, no puede, oír el silencio de otros.




Hotaru
http://territoriocarbonilla.tumblr.com/post/181767128321/el-silencio-de-ellos