Víctimas somos todas

La violencia de género la sufrimos todas las mujeres en numerosos momentos a lo largo de nuestras vidas. Y sin salir de nuestro entorno.

Es imposible comprender en toda su magnitud la violencia de género si reducimos nuestra mirada al maltrato que sufren no pocas mujeres por parte de los hombres con los que tienen o han tenido una relación de pareja. Desde esa perspectiva para muchas mujeres, entre ellas yo, la violencia de género es algo que sufren otras mujeres. Algo terrible que merece ser erradicado, pero algo que en modo alguno define a nuestra sociedad. Así podemos dejar apartado el problema en nuestra cabeza y mantener una imagen positiva de nuestra sociedad.

Pero si extendemos la mirada a los otros ámbitos en los que se produce la violencia de género, como hace el Convenio de Estambul (ratificado el 18 de marzo de 2014, gobernando Rajoy, que a veces se nos olvida) nos encontramos con que la violencia de género la sufrimos todas en numerosos momentos a lo largo de nuestras vidas. Sin salir de nuestro entorno, comentarios obscenos siendo adolescentes y jóvenes que nos hacen sentir miedo, persecuciones por la calle, hombres buscando en los parques la cercanía para exhibir su pene ante mujeres, grupos de niños para tocar a las niñas a la salida del instituto, emborrachamientos para meter mano, hombres que pegan sus penes a las chicas en el metro y en el autobús, presiones para mantener contactos sexuales en el entorno laboral, propuestas de relaciones sexuales en el entorno educativo o laboral con la advertencia de castigos en el caso de no claudicar, chantajes a niñas y adolescentes para mantener relaciones sexuales, instituciones públicas que discriminan a las mujeres, bien aplicando paternalismo, bien hostilidad o humillación, bien simplemente incumpliendo con sus obligaciones u obviando en buena parte las situaciones específicas de colectivos no mayoritarios o marginales…

Todo esto está a la orden del día, es un secreto a voces, y es bastante improbable que una mujer no se haya encontrado alguna vez en situaciones de este tipo. Son vulneraciones de derechos humanos que hacen que el espacio público al igual que el privado sea menos seguro y libre para las mujeres que para los hombres. Y desafortunadamente, no pocas personas lo consideran dentro de lo aceptable. Les parece que ha existido siempre, que siempre va a existir, y que es responsabilidad de las mujeres saber protegernos y evitar el riesgo. Hay quién piensa, incluso, que lo que tenemos que hacer es relajarnos y disfrutar. Y desde luego, quejarnos menos. Porque las mujeres calladas estamos más guapas, y estar guapas y agradar a los demás, sobre todo a los hombres, dentro del orden machista, debe ser nuestro ideal, muy por encima de ser felices o estar satisfechas con nuestras vidas.

La magnitud del fenómeno —incluida la violencia institucional— y el hecho de que parte de nuestra sociedad considera aceptables muchas formas de violencia de género o las minimiza (como que cinco hombres acorralen a una joven), en modo alguno se trata de algo puntual o parcial. Al contrario, la violencia sobre las mujeres debido a la cultura machista y la falta de contundencia social frente a todas las formas de violencia de género, definen nuestra sociedad como la sociedad de la desigualdad y la cosificación de la mujer: una sociedad en la que no está garantizada todavía la justicia para las víctimas en los tribunales, ni el apoyo eficaz para la recuperación integral en las administraciones públicas.

Se han dictado numerosas leyes con el objetivo de garantizar la igualdad entre los hombres y las mujeres y erradicar la violencia de género, aunque centradas sobre todo en el ámbito de la pareja. Pero a pesar de la voluntad del legislador al crear esas leyes, parte de su articulado no se cumple, o su cumplimiento depende de la voluntariedad de quieren intervienen.

Por eso en mi opinión es importante que miremos de frente a todos los ámbitos en los que se da la violencia de género, incluido el institucional. Porque en esta sociedad que quienes defendemos los derechos humanos queremos cambiar, todas las mujeres somo diferentes, únicas, pero todas somos víctimas del machismo. Lo somos aunque prefiramos pensar en nosotras como lo que también somos, mujeres adaptadas al sistema, o mujeres supervivientes, o como lo que estamos empezando a ser, combatientes. No frente a los hombres sino frente al machismo que nos hiere y mata.

Si miramos de frente toda la magnitud de la violencia de género, ya no podremos apartar el problema en nuestra cabeza a la hora de pensar en nuestra sociedad. Creo que entonces y solo entonces empezaremos a cambiar en profundidad este orden social por uno en el que de verdad exista igualdad, justicia y libertad.

 Amparo Díaz Ramos es abogada especialista en violencia de género.
 https://elpais.com/elpais/2019/08/19/opinion/1566229047_609123.html?id_externo_rsoc=whatsapp


Oltre il fuoco di quest’estate. Un «Green New Deal» per Ue e Italia

Sta per concludersi l’estate più infuocata di sempre. Luglio 2019 sarà ricordato come il mese più caldo della storia. Abbiamo presente. Incendi impressionanti hanno annerito superfici vaste della Groenlandia e dell’Alaska. Non si era mai visto prima che le vampe di fuoco infiammassero le vette più alte delle montagne, e il Circolo Artico. 

I roghi della Siberia hanno innalzato nuvole di fumo più estese della superficie di tutta l’Unione Europea. Il fuoco ha reso rovente il cuore verde dell’Africa. Furiosi incendi hanno investito anche l’Europa, le isole della Grecia e la Francia, ma non solo. La Spagna, oltre ai fuochi, ha subito tornado e piogge torrenziali, che alla fine di agosto hanno cambiato i connotati di Madrid e trasformato le sue strade in fiumi scatenati. Scriviamo mentre il "mostro" dell’uragano Dorian sta investendo Florida e Giorgia, dopo aver fatto scempio delle Bahamas. 

Forse, con l’implicito intento di rompere l’ostinazione di Donald Trump: gli effetti del cambiamento climatico sono la prima priorità di lungo periodo di cui i politici, appena rientrati dalle vacanze, dovrebbero occuparsi. In Italia, complice la crisi d’agosto, è accaduto. E il capitolo "verde" promette - vedremo se la promessa sarà mantenuta - di essere parte essenziale della nuova intesa programmatica e di governo giallo-rossa. Meno male. Il catalogo degli orrori potrebbe continuare, infatti, volendo.

Lo squillo di tromba, sia chiaro, non vale solo per Trump. Risuona questo richiamo anche per noi italiani, che possiamo impegnarci per assumere una leadership morale e concreta lungo questo cammino, e soprattutto per le rappresentanze europee che stanno per insediarsi. Fresca di voto, la nuova leader della Commissione di Bruxelles Ursula von der Leyen sfoderò il piano di produrre un Green Deal nei primi 100 giorni della sua presidenza. Sia chiaro: Il programma da lei annunciato appare del tutto inadeguato alla portata della sfida, sia per dimensione delle misure che per approccio proposti. Ma la campagna Green New Deal for Europe ha deciso di prendere sul serio le intenzioni della presidente. E così si è messa al lavoro per dare forma e forza di proposte all’idea del Green New Deal, evocazione ripetuta da più forze politiche nella competizione per le elezioni europee.

Da questo sforzo, al quale chi scrive ha avuto il privilegio di partecipare, scaturisce il documento A Blueprint for Europe’s Just Transition (Un progetto per la giusta transizione dell’Europa) lanciato lunedì 2 settembre in tutto il continente (https://report.gndforeurope.com/). Un pacchetto di misure volte e disegnare una visione ambiziosa e realistica dell’Unione Europea nel contrasto alla crisi climatica e ambientale, un piano che poggia in primis sulla valorizzazione della funzione pubblica degli Stati e su un nuovo utilizzo della finanza pubblica, come strumento potentissimo per garantire alla Ue una giusta e solida transizione ecologica. Infatti il documento, con robustezza di dati e fonti, risponde a sfide ben precise: come possa l’Europa raccogliere i fondi necessari per combattere il cambiamento climatico; come investire soldi delle istituzioni finanziarie europee; come porre al centro di questo processo la giustizia ambientale.

Crisi climatica e crisi socio-economica vanno di pari passo, questo il punto di vista del documento. Gli effetti negativi delle disuguaglianze sono riconoscibili e dirompenti tanto quanto le devastazioni del surriscaldamento del pianeta. Le disuguaglianze sono pericolose perché prosciugano ogni distribuzione delle ricchezze: il 10% delle famiglie più ricche in Europa detiene il 50% della ricchezza di tutto il continente, sempre più lontane e separate dal 40% delle famiglie della fascia sociale che controlla il 3% appena della ricchezza.

Innalzano i livelli di esclusione sociale, sicché, nel 2016, erano 118 milioni i lavoratori europei poveri, un fenomeno che non risparmia neppure economie leader come quella tedesca. Il documento si ispira esplicitamente alla Amministrazione dei Lavori Pubblici ( Public Works Administration) con cui il presidente Roosevelt impostò la politica di investimenti governativi negli Usa durante la Grande Depressione. Il Green New Deal si fonda strategicamente su tre assi, e tre ambiti istituzionali. I Lavori Pubblici Verdi ( Green Public Works), cioè un nuovo e storico programma di investimenti pubblici per lanciare la giusta transizione europea, con una forte componente di disincentivi alla prosecuzione di politiche fossili e insostenibili da parte degli Stati Ue. L’Unione Ambientale ( Environmental Union), ovvero un pacchetto di norme per allineare le politiche europee al consenso scientifico, orientando l’economia verso la solidarietà e la sostenibilità, come sancito del resto nei Trattati europei. La Commissione di Giustizia Ambientale, un organo indipendente con mandato di monitoraggio e orientamento ai politici europei sulla causa della giustizia ambientale. Irrealizzabile utopia? Scrive Bill McKiben nella prefazione del documento che «il Green New Deal per l’Europa è il primo tentativo di risposta politica al cambiamento climatico all’altezza della gravità del problema ». Una risposta che non può essere data in pasto al solo mercato, per una vaga tinteggiatura di verde nello scenario perdurante della deregolamentazione. Se l’estate infuocata senza precedenti sarà servita almeno a convincerci dell’urgenza di questa svolta, potremo dire come i latini: e malo, bonum, dal male è venuto un bene. 

 
 
Vicepresidente Fondazione Finanza Etica
https://www.avvenire.it/opinioni/pagine/oltre-il-fuoco-di-questestate

AMINER, la Junta, ABC y los lodos de Rio Tinto

Las compañías mineras están ampliando las fronteras de la extracción, llegando a lugares antes inaccesibles (fondos marinos, polos, bosques primarios, tierras de pueblos ancestrales), o volviendo sobre yacimientos explotados a mover montañas para hacerse con algunos kilos de mineral. Esquilman el subsuelo y devastan suelos y aguas, lo que provoca a menudo protestas, que están logrando repeler su voracidad en muchos casos[1]. Pero en otros, las mineras  extienden un manto de silencio tan denso como la manta de aire ácido y metálico que a fines del XIX provocaban las compañías mineras en el país de los humos (comarca del Andévalo) al quemar al aire libre las piritas. Ya entonces, ciertamente, tuvieron que imponer el silencio masacrando una manifestación pacífica en febrero de 1888[2].

Sí, esquilman, porque nunca tienen bastante y lo que extraen no se repondrá y antes o después quedará disperso e inaprovechable. Y devastan, porque por mucho que prediquen sofisticación y fiabilidad técnica, y hasta la mejoren, el azufre, cianuro, arsénico, mercurio, etc. que extraen, vitales al industrialismo pero letales para la vida si sobrepasan dosis ínfimas, van a terminar envenenando suelos y aguas, si no en nuestra generación en las siguientes: porque son sustancias intratables, que solo pueden almacenarse o trasladarse a otros lugares donde se haya impuesto mayor silencio aun. Su extrema toxicidad permanecerá siempre, mientras que las vasijas que deberán contenerlos (balsas, cápsulas…) sufrirán deterioro, escapes, roturas ¿en cinco, veinte, cincuenta años? Y sí, silencio, que procuran obtener con trasnochada apelación al “Crecimiento”, chantaje del “Trabajo”, soborno y crimen, combinándolos en dosis variables, según lo requiere el lugar que se proponen esquilmar.

En la minería de sulfuros polimetálicos en Andalucía vienen lográndolo. En silencio reventó la balsa de lodos de Aznalcóllar, o el muro de contención de la corta de La Zarza, y en silencio están reaprovechando viejas o abriendo nuevas. 

El sindicato minero AMINER, con la alianza de los sindicatos obreros, ha convencido a las autoridades de la Junta de que la minería es una actividad que traerá riqueza, un “sector estratégico”. La Estrategia Minera de Andalucía 2020 lo afirma con entusiasmo. Y muchas actuaciones de las autoridades lo avalan. Algunas son especialmente significativas, como el protocolo de colaboración firmado por Junta y AMINER en 2015, para actuar conjuntamente en “el fomento, difusión y promoción de la minería metálica” y sumar esfuerzos para la “atracción a inversores potenciales al territorio”. El protocolo ha tenido sus actualizaciones y no parece que vaya a ser denunciado por el nuevo gobierno. Se afirma en él que “Andalucía se situará como referente europeo para el subsector de la minería metálica”. Y todo en silencio, porque los firmantes se comprometen a que “el desarrollo de su finalidad tendrá carácter confidencial y no podrá ser revelada a terceros sin el previo consentimiento de ambas partes”. Los terceros somos la ciudadanía, objeto silenciado del pacto. Los firmantes han decidido que es mejor el democrecimiento, que requiere acallar palabras para traernos cachivaches, que la democracia, a la que sobran muchos cachivaches pero requiere de palabras independientes.

Mucha reserva blinda también los contratos de publicidad y patrocinio entre las compañías con poder para esquilmar y los grupos mediáticos con poder para influir en la opinión pública. Lo que publican sobre minería atestigua que, en lo fundamental, convienen con AMINER y la Junta en que Andalucía sea “una región minera con predicamento internacional”.

Pero entre las voces de exaltación minera sobresale ABC: con motivo de la celebración del I Salón Internacional de la Minería Metálica, patrocinado por la Junta, publicó un especial de 44 páginas a todo color (3/11/2015). El artículo central se titulaba “Sevilla, epicentro mundial de la minería metálica”. Y el Consejero de entonces ofrecía contento a las mineras todo el suelo andaluz disponible para explorar, porque, remachaba, “no puede permanecer en barbecho” (p. 19). Volvió ABC a publicar otro especial durante el II Metallic Mining Hall (7/10/2017) donde todo eran loas al “despertar de un gran sector industrial”. Además, el periódico hace un seguimiento cotidiano de los avatares mineros: solo entre abril y julio de este año ha publicado doce noticias relacionadas con la faja pirítica. En ellas, ciertamente, da cabida a posiciones críticas con la minería, accidentes o sentencias condenatorias contra las mineras, como la reciente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que da la razón a Ecologistas en Acción, que había denunciado las inseguras condiciones ambientales que la Junta había alegremente aprobado a Atalaya Mining para operar en Rio Tinto. Claro que, en estos casos, para no empañar su entusiasmo extractivista, termina las noticias dando la voz a las mineras (5/4/2019).

Sorprende por eso que ABC no haya recogido –como sí lo han hecho otros medios- la rueda de prensa que Steven Emerman ofreció en Sevilla el pasado 24 de junio tras inspeccionar las balsas de lodos tóxicos de Rio Tinto. Y es el caso que sí estuvo presente la periodista del Diario, que fue, además, la que más preguntas formuló a Emerman. El profesor Emerman es especialista en modelización hidrológica e interpretación geofísica de presas de lodos mineros, ha enseñado en la Universidad de Utah, y ejerce actualmente peritando este tipo de depósitos. Estuvo en Rio Tinto a requerimiento de Ecologistas en Acción y con el apoyo de London Mining Network, organización dedicada a denunciar abusos y desastres de la minería en el mundo.

Las tres balsas de Rio Tinto (Aguzadera, Gossan y Cobre) contienen muchas veces la cantidad de lodos que contenía la balsa de Aznalcóllar, y creciendo, pues Atalaya Mining está vertiendo en ellas los residuos de su planta. Se trata de un tipo de vasijas que, como la que reventó en Aznalcóllar o las siniestradas de Bromadinho y Samarco en Brasil, carecen de la mínima seguridad que la prudencia (no el lucro) exigiría. Las conclusiones preliminares del profesor Emerman sobre las de Rio Tinto son inquietantes: su diseño es defectuoso, la proporción de agua de los lodos es demasiado alta, y el vertido actual está aumentando la mezcla de arenas y limos, incrementando así la probabilidad de licuefacción estática. Además, se ha iniciado ya la erosión interna en las presas. Conclusión de Emerman: hay un riesgo importante de rotura.

En octubre, otra vez con el agasajo de la Junta, se celebrará la III Edición del Mining and Minerals Hall. Es previsible que, como en las ediciones anteriores, ABC saque un especial a todo color. ¿Estará esperando a entonces para publicar el informe de Emerman? No lo sabemos: es confidencial.

[1] véase el mapa de conflictos ambientales generados por minería en el Atlas de Justicia Ambiental: http://www.ejolt.org/),
[2] Chastagnaret, Humos y sangre, 2017

Félix Talego Vázquez
 https://portaldeandalucia.org/opinion/aminer-la-junta-abc-y-los-lodos-de-rio-tinto/

María la portuguesa

El sistema capitalista no aprende de sus errores. La crisis de 2008 fue producto de los instrumentos matemáticos que aseguraban contra todos los peligros. Pero el sistema en vez de corregir el rumbo ha acelerado en la misma dirección con los algoritmos. Con la crisis climática está ocurriendo lo mismo. Las fuerzas políticas —tradicionales y nuevas— no aspiran a solucionar emergencia climática, solo a mantenerla dentro de un límite asumible. Unos diciendo que no acabarán con ella, aunque la mitigarán, otros intentando convencernos que la receta es crecer de manera ‘sostenible’. Esta dinámica se reproduce también respecto a la crisis climática la pugna izquierda/derecha, con la pugna entre el Green New Deal (izquierda) y el capitalismo (derecha), verde si es liberal. Fuera de ese eje está la propuesta del partido verde.
Recordemos las iniciativas de las distintas fuerzas políticas en relación con la crisis climática: el Horizonte Verde, de Unidas Podemos; el Green New Deal  (GND), de Errejón; la modernización ecológica, del PSOE; el capitalismo verde, de Ciudadanos; el neoliberalismo del PP; el negacionismo climático de VOX. Y la transición y regeneración ecológica de EQUO. Mientras transcurren los días «de Ayamonte hasta Villareal, sin rumbo por el río, entre suspiros, una canción viene y va.»
Estas iniciativas tienen en común que sucumben al sentido común económico establecido: el crecimiento económico. Incorporando matices cada uno, pero sin renunciar a él. Ninguna fuerza política reivindica el decrecimiento, salvo EQUO. La crisis climática es afrontada, así, desde los presupuestos económicos ortodoxos del FMI, del Banco Mundial, del Banco Central Europeo o la UE y abordada políticamente desde la lógica del eje izquierda/derecha: que es la de la redistribución de la riqueza y no la de los límites del planeta. Por esa razón, excepto el partido ecologista, las fuerzas políticas plantean como transición ecológica lo que solo es una propuesta de sustitución energética —energías sucias por energías limpias— que resulta imposible de materializar por falta de recursos, a fin de mantener el crecimiento económico a toda costa.
Iniciativas que son expresión de continuidad de la política del crecimiento perpetuo, no proyectos para una nueva política económica. EQUO con su visión decrecentista adopta la posición rupturista, aunque su propósito sea tan conservador como mantener los derechos existentes.
Resulta miserable que la ‘izquierda guay’ ante una cuestión que afecta a la supervivencia de la civilización, se dedique a decir que el ecologismo abandonó la idea de los «límites del crecimiento» para abrazar la «noción de desarrollo sostenible» por «influencia de la hegemonía neoliberal». Hay que recordar a estos recién llegados a la ecología que el partido ecologista nunca ha abandonado esta idea y que es la única fuerza política que defiende la necesidad de decrecer para atajar la crisis climática. Y decirles también que la estrategia de ‘objetivos realistas aunque insuficientes’ que proponen ya fue ensayada y fracasó.
«Momento maquiavélico». Proseguir hoy con políticas de crecimiento económico sería un error, porque el ‘mientras tanto’ —el tiempo que los científicos dicen que tenemos para eludir un cambio climático sin control— es de 10 años. La política económica hoy debe proporcionar cohesión social y una cierta estabilidad financiera. Pero en la situación emergencia climática en que estamos debe tener como prioridad la la seguridad y la estabilidad ecológica. Y la de proscribir la política que estimula el deseo más allá de los límites biofísicos del planeta. Frente a la repetición de políticas de crecimiento económico hoy incompatibles con la supervivencia de la sociedad, es urgente iniciar una transición ecológica que sirva realmente para atajar la emergencia climática y resulte útil a la gente.
Solo con ella se podrá lograr mejorar el trabajo, que las economías individuales vayan mejor y que las posibilidades de futuro sean esperanzadoras. Solo desde ella la gente que se va a dormir preocupada porque no tiene trabajo; porque tiene uno pero los ingresos son insuficientes o porque teniéndolo no sabe cuánto tiempo va a conservarlo podrá conseguir la estabilidad y seguridad que anhelan. Pero lo más importante, solo desde ella se podrá alcanzar el equilibrio climático y ecológico, sin los cuales nada de lo anterior es posible.
Ello implicará posicionarse frente a los economistas ortodoxos —tanto de la izquierda como de la derecha—, a las multinacionales, a los conglomerados empresariales y a las empresas tecnológicas: Amazon, Facebook, Uber, y favorecer a los parados, a los precarios, a los autónomos, a los pequeños empresarios y comercios, y a los funcionarios.
No se puede decir lo mismo del Green New Deal (GND) —ese que nos dicen sus promotores que «no nos permitirá apagar el incendio» aunque «si mitigarlo»—, ni de los programas ambientales de las fuerzas tradicionales que se colocan en el lado de la continuidad, de lapolítica económica ortodoxa pintada de verde, perpetuando así la inestabilidad y la precariedad que afecta a la gente. Imagínese a un paciente aquejado de colesterol al que el médico en vez de darle un tratamiento para reducirlo a los niveles aconsejables, le manda una pastillita para que el colesterol no descienda sino que su tasa se incremente más lentamente. Esto es el GND de la ‘izquierda guay’.
EQUO —el partido ecologista— debe actuar estratégicamente y no limitarse a buscar el apoyo de la parte de la parte izquierda de la población, sino atraerse el de la mayor parte de ella, ya que la emergencia climática y la crisis ecológica nacen de las mismas lógicas. Debe buscar también las contradicciones de la política de crecimiento, ahondar en ella, ver como perjudica a la población y proponer sus soluciones para atajar la crisis climática y conservar el Estado del Bienestar, teniendo en cuenta que las circunstancias que se dieron en la segunda mitad del siglo XX en nada se parecerán a las de este siglo. Y debe liderar cultural, moral y políticamente la transición que hemos de iniciar. Es su tiempo.

¿Habrá otros septiembres?

¿Y otros marzos? ¿O es que solo vamos a tener julios y agostos? A estas simples preguntas no sabría darle respuesta tras la investidura fallida del candidato Sánchez. En esos días se gastaron muchas palabras en cosas pequeñas. Solo se balbucearon algunas palabras sobre el cambio climático —eufemismo que diluye la gravedad de la situación—, pero la crisis climática no sobrevoló el Congreso, a pesar que los científicos nos dicen que estamos perdiendo la batalla contra ella. A pesar de las cumbres climáticas y de las medidas que se han adoptado, que se han revelado inútiles. A pesar de la presencia del partido ecologista —EQUO— en el Congreso y de una izquierda que se ha proclamado ecologista este asunto no suscitó discusión ni debate ¡Señor, señor!

New Green Washing. Comienza a abrirse paso entre cierta izquierda el New Green Deal. El de Alexandria Ocasio Cortez. Y leo  —con incredulidad— que esta ‘izquierda guay´dice que éste —el Green New Deal— «no nos permitirá apagar el incendio.» Aunque «si mitigarlo». ¡¿Comoorr!? El planteamiento de «salir a ganar con objetivos realistas, aunque insuficientes» que hacen algunos, no es más que una estrategia hipócrita que —como no sabe qué hacer con el mensaje de la crisis climática— propone guardarlo en un cajón para más adelante.

Con esta maniobra −que es una simple rearticulación política de lo existente con un sentido diferente, un bonito lavado verde de cara que no evitará que la casa siga en llamas− se supedita la acción política a la obtención de buenos resultados en el corto plazo y se adapta el mensaje —que se construye y envía a la gente— al nivel de conciencia de la mayoría («indagar en el sentido común realmente existente»). Resulta que aquellos que llevan años con la boca llena de palabras como pueblo, gente, los de arriba y los de abajo y se han autoproclamado sus representantes, casi sus salvadores, los consideran idiotas y aspiran a gobernarlos mediante el engaño, si fuera preciso.

La pregunta realmente importante que debemos hacernos ante esta astucia es: ¿de qué servirá ganar elecciones si quienes proponen el Green New Deal dicen que no servirá para atajar la crisis climática? El problema es que cuando esta estrategia se muestre insuficiente y/o errónea —ya fracasó en Podemos— la frustración por las mentiras sobre la crisis climática desde el poder, el miedo y la necesidad harán que la gente abra las puertas al fascismo, siendo la derecha y la extrema derecha quienes expliquen entonces a la sociedad la crisis climática, sus causas y sus consecuencias. Y sus soluciones.

Esta estrategia revela, además, un análisis de coste/beneficio que asume «en diferido la muerte de muchas personas» y el sufrimiento de otras. Tremendo. La experiencia histórica nos advierte del peligro de considerar a las personas saldos sobrantes por constituir una amenaza a las necesidades de bienestar y seguridad de los grupos establecidos. Seguridad que hoy está vinculada al calentamiento global, debido a las convulsiones que este causará en las migraciones, el agua, la agricultura, los bosques, las pesquerías y los sectores industriales de todas las naciones, sin importar su ubicación, fortaleza económica o poderío militar.

La táctica presenta también un ángulo muerto. La hibridación de los conceptos de la teoría del discurso y la hegemonía con los de la ecología política, que propone Errejón, con su dialéctica de agravios, su ‘guerra de posiciones’ y ‘contragolpes’, puede tener efectos no deseados al propiciar ésta el refuerzo de identidades y agudizar las diferencias entre grupos, abonando el terreno para el avance del nacionalismo, que tendrá así una vía más para penetrar las emociones: la seguridad ambiental, usada para movilizar la conciencia y la acción ambiental. ¿Ecologismo? No. Puro populismo pintado de verde y al servicio de un objetivo: alcanzar el poder a toda costa. ¿Incluso a expensas de seguir manteniendo a la sociedad en un espejismo?

Decrecimiento. Un mundo más caliente, más rápido, más loco. Un mundo en el que no pensamos, no nos paramos, no aprendemos. Un mundo impulsado por un crecimiento exponencial que amenaza a la supervivencia, en el que los científicos nos dicen alarmados que no tenemos más allá de 2030 para actuar con rapidez y adoptar medidas sin precedentes y audaces. Un mundo así exige la adopción de una estrategia franca y a la vez ilusionante. Hay que advertir, por tanto, a la gente de la crisis climática sin tapujos ni remilgos, de sus efectos sociales, de la urgencia de ponernos manos a la obra sin demora y de la necesidad de «construir la siguiente civilización». El resultado será vivir cualitativamente mejor que ahora. Se trata de visualizar la crisis climática como una oportunidad, como el Gran Reto de este siglo que vamos a protagonizar como especie.

Esta estrategia — radicalmente opuesta a la estrategia hipócrita de ‘salir a ganar’ de otros— se concretaría en una acción política articulada sobre cinco ejes, definidos en nuevas estructuras, modelos y valores para una oposición en el terreno de los hechos: federalismo biorregional como forma de reorganización del poder del Estado y como expresión de la adaptación de la organización político-administrativa a la realidad físico-climática en la que se asienta; decrecimiento de la producción hasta el nivel que el planeta puede asimilar, tanto por consumo de recursos como por asimilación de residuos; la ‘especie’ como categoría política subjetiva portadora de los derechos y obligaciones planetarias que poseemos y a la que deben quedar subordinadas las categorías de nación, pueblo e individuo; equidad intergeneracional o pacto de justicia entre generaciones, que brinde a cada generación ciertos derechos planetarios para usar y disfrutar el planeta legado por los antepasados, a la vez que impone sobre cada una de ellas ciertos deberes planetarios para preservar la base de recursos naturales y culturales para las futuras generaciones; y fraternidad como nuevo valor y expresión de «un elevado sentido de los vínculos sociales derivado de una comunicación efectiva, de un uso constructivo del poder, del afecto optimista y de unos objetivos colectivos compartidos».

Hace muchos años, allá por los años 80 del siglo pasado,  Petra Kelly —la líder más conocida e importante del Partido Verde alemán— decía: «se ha hecho cada vez más importante votar lo que uno cree que está en lo cierto […] en vez de perder el voto en lo menos malo. Los debates dirigidos por los partidos establecidos […] son una impactante muestra de su incapacidad para dirigirse a sí mismos las nuevas preguntas sobre la supervivencia».

Si queremos tener otros septiembres debemos ofrecer a la gente la opción de votar a una fuerza política ecologista sin más apellidos, con líderes políticos pero también morales, que concurra a las convocatorias electorales de forma independiente y autónoma. No habrá futuro para ese partido sino. Los pactos y las coaliciones son la ilusión de quienes solo quieren explotar las ideas verdes para alcanzar o mantenerse en el poder, más allá de los límites físicos de un mundo finito. Toca ya emprender el camino.


Francisco Soler
https://mas.laopiniondemalaga.es/blog/barra-verde/

Una historia de cómo la burocracia y la adhocracia se contraponen y se suceden


La narración de historias ha sido el modo de transmitir la cultura, lo que somos, desde siempre en la humanidad. Ya he hablado en otras ocasiones de este asunto de la adhocracia (De martillos, de visiones y de caminos), pero no lo he contado como una historia, como algo que efectivamente tiene que ver con quiénes somos y cómo nos relacionamos, aunque en muchos casos, aún, parezca que no nos damos cuenta.


En los años 60 y 70 del siglo pasado varios autores alertaron sobre una serie de cambios en nuestros modos de vida que estaban afectando al modelo de estabilidad que había reinado en las últimas décadas y que respondía a un modelo organizado y burocrático de sociedad.

En 1.966 Warren Bennis (Bennis, Warren G. 1966, Changing Organizations) psicólogo social y profesor de management industrial, predijo que la organización de la sociedad superindustrial sería cada vez más dinámica, llena de turbulencia y de cambio y pronosticó el fin de la sociedad burocrática. Acuñó el término Adhocracia para intentar describir un nuevo modelo de organización flexible, intuitiva e innovadora emergente frente a la burocracia.

Un precedente de organización de este concepto de adhocracia ya se puso en práctica  durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los ejércitos en liza creaban equipos ad hoc que se disolvían después de terminar su misión específica y transitoria. El tiempo de duración de estos equipos no estaba definido; podían mantenerse un día, un mes, o un año, hasta cumplir su misión. Los roles desempeñados por los miembros de los equipos eran intercambiables.

Pero fueron pensadores como Henry Mintzberg y Alvin Toffler quienes hicieron madurar el concepto. Ambos comparten la idea de que el aparato vertical y burocrático de las organizaciones grandes y de los gobiernos toca a su fin. Y por eso se esfuerzan en crear un imaginario de adhocracia, un cuerpo teórico de organización flexible, multidisciplinar y dinámica.

Alvin Toffler (1970) describe una nueva sociedad −dinámica y cambiante en extremo− en la cual todo tipo de organización social necesitará ser innovadora, flexible y muy participativa. Por tanto cabe esperar que las adhocracias se volverán más comunes y probablemente reemplacen a la burocracia en un futuro más o menos próximo.

Para Toffler esto supondrá cambios que irán más allá, “pues si la aceleración del cambio y la creciente novedad del medio requieren una forma nueva de organización, exigen también una nueva clase de persona...el nuevo espíritu es más propio de la persona emprendedora que de la persona de organización.” (Alvin Toffler, 1970, El shock del futuro).

Si el modelo de conducta de las personas de la organización y de la sociedad burocráticas era más proclive a buscar la aprobación de la jerarquía y la autoridad aún a costa de la propia individualidad, el de la sociedad adhocrática está más comprometido con la realización personal: el individuo está dispuesto a emplear su energía creadora para resolver los problemas de la organización y/o de la comunidad, pero únicamente lo hace si el problema le interesa.

Toffler se refiere a esta nueva relación persona-organización con la palabra asociado:  “Más que subordinación, la palabra asociado implica igualdad, y la difusión de su empleo revela claramente el cambio de las normas verticales y jerárquicas por los nuevos sistemas, más laterales, de comunicación...Así como la persona de organización se hallaba sometida a ésta, la persona asociativa se preocupa poco de ella.  Así como la persona de organización tenía conciencia de la jerarquía y buscaba posición y prestigio dentro de la organización, la persona asociativa los busca fuera de ésta. Así como la persona de organización llenaba una casilla determinada, la persona asociativa pasa de una casilla a otra, según un modelo complejo y motivado, en gran parte, por ella misma. Así como la persona de organización se dedicaba a resolver problemas rutinarios, de acuerdo con reglas bien definidas, evitando toda manifestación de heterodoxia o de creatividad, la persona asociativa, al enfrentarse con problemas nuevos, se ve impulsada a innovar. Así como la persona de organización tenía que subordinar su propia individualidad al «juego del equipo», la persona asociativa comprende que el propio equipo es transitorio. Puede subordinar su individualidad durante un tiempo, en condiciones elegidas por ella misma; pero esta subordinación no es nunca permanente.” (Alvin Toffler, 1970, El shock del futuro).

Mintzberg nos trae en 1.979 (Mintzberg, 1.979, La estructuración de las organizaciones) consideraciones sobre la organización adhocrática que hacen referencia a los mecanismos de coordinación racional intencionada que se ponen en práctica en su seno, basados en estructuras horizontales de decisión, coordinadas por medio de la adaptación mutua y de procesos de aprendizaje colaborativos.

Los equipos de trabajo se forman y disuelven según se necesite. La organización ideal la constituirán equipos ad hoc, no oficinas permanentes ni departamentos funcionales. La característica central del nuevo patrón serán grupos que cooperan para resolver problemas y realizar trabajos. La autoridad tenderá a ser descentralizada entre los que están más cerca de determinadas tareas y no a estar fija en funcionarios alejados del personal en una cadena burocrática de mando.

El foco de interés deja de estar centrado en la gestión para focalizarse en las personas, la formación continua y el desarrollo organizativo. Esto implica avanzar hacia procesos organizacionales de inteligencia colectiva (learning organization: la organización considerada no como una máquina, sino como un organismo que gestiona conocimiento y aprende). Este tipo de organización está abierta a la innovación y su foco fundamental es el aprendizaje.

En general, la idea que subyace, tanto en Toffler (1970) como en Mintzberg (1979), es que sólo creando las condiciones propicias para que se den la iniciativa humana, la responsabilidad y la cooperación, pueden, las organizaciones, beneficiarse de la participación y la competencia de los seres humanos.

La alternativa propuesta por estos críticos de la burocracia es, pues, reemplazar la máquina burocrática por estructuras y procesos altamente flexibles, capaces de adaptarse continuamente a las condiciones cambiantes del ambiente, autoadministradas y, por tanto, más orientadas a las personas y a los actos que nos hacen ser precisamente personas, los actos de la comunicación. El camino está por recorrer y es una inmensa búsqueda de soluciones creativas.


 Javier Moreno Ibarra
https://www.elcorreoextremadura.com/noticias_region/2019-06-03/2/31062/una-historia-de-como-la-burocracia-y-la-adhocracia-se-contraponen-y-se-suceden.html

De martillos, de visiones y de caminos

Merece la pena releer el Ocaso de los Ídolos o Cómo se Filosofa a Martillazos, donde Nietzsche, en 1.887, propone que filosofar a martillazos no es destrozar ningún ídolo (las construcciones conceptuales que aceptamos como ciertas y esenciales), sino golpear suavemente en su superficie a ver si suena a hueco o, por el contrario rebota un sonido macizo que nos da noticia de que ahí sí hay contenido. También plantea, como método de conocimiento, lo que él llama la inversión de todos los valores, que consiste, no en adoptar los valores contrarios a los imperantes, sino en darles la vuelta a todos ellos (invertirlos), a ver si cae algo de dentro o si, por el contrario, están tan vacíos que no cae nada.

Ya hemos hablado en estas páginas (Autenticidad, Calidad, Profundidad) de la necesidad de filosofar a martillazos para ver cuántos de los ídolos de nuestra democracia tienen pies de barro y suenan a hueco. Sigamos por ese camino y, tras perseguir los sonidos hueros, volteemos algunos recipientes más. Vayamos un poco más alla de los partidos políticos y de las instiruciones democráticas, esas dianas que nos complace tanto señalar, y mirémonos como sociedad, invirtamos los valores, exploremos lo que esconden algunos envoltorios y veamos si convivimos con algunos ídolos que no estaría mal voltear.

No se alarme el respetable, no vamos a desatar los perros de la ira, ni vamos a arrojar diatriba alguna contra nadie... que ese menú, o vicio, o pandemia o lo que quiera que sea ese padecimiento, no nos azote por hoy.

Siguiendo al genial y visionario Toffler (Alvin Toffler, 1970, El shock del futuro, Capítulo VII Organizaciones: la proxima «ad-hocracia»)“...presenciamos la llegada de un nuevo sistema de organización, que desafiará cada vez más y acabará por sustituir a la burocracia. Es la organización del futuro, a la que llamo «Ad-hocracia» (91)...Para poder captar el significado de este extraño vocablo, Ad-hocracia, debemos, ante todo, reconocer que no todas las organizaciones son burocracias. Hay otras maneras alternativas de organizar a la gente (92)...Mientras una sociedad permanece relativamente estable e inmutable, los problemas que presenta al ser humano suelen ser rutinarios y previsibles. En un medio semejante, las organizaciones pueden ser relativamente permanentes. Pero cuando se acelera el cambio surgen ciertos problemas por primera vez, y las formas tradicionales de organización resultan inadecuadas a las nuevas condiciones (98 y 99)”

Tras el martillazo de Toffler creo que estamos en condiciones de decir que las organizaciones necesitan adaptarse a las situaciones sociales cambiantes, que les exigen modelos de gestión más flexibles y participativos.

Estas condiciones no pueden responder al modelo burocrático de gestión imperante en el pasado. La alternativa es avanzar hacia formas de innovación en la gestión de las organizaciones, con estructuras y procesos más flexibles, capaces de adaptarse continuamente a las condiciones cambiantes del ambiente, autoadministradas y más orientadas a las personas.

Con Mintzberg, que nos marca el camino (Mintzberg, 1.979, La estructuración de las organizaciones), podríamos hablar de tres condiciones para empezar a tirar del hilo y mirar hacia un modo de gestión de las organizaciones más flexible e innovador:

Coordinación organizacional por medio de la adaptación mutua: Estructuras horizontales de decisión en la organización en las que los individuos pasan a ser actores colectivos y el foco de interés está más centrado en las personas que en la gestión.

Liderazgos compartidos, transitorios y laterales: autoridad descentralizada de una manera igualitaria entre los que están más cerca de las tareas a llevar a cabo, frente a estructuras de autoridad alejadas y desconectadas por una cadena burocrática de mando.

Procesos organizacionales de inteligencia colectiva: organización abierta a la innovación de una manera informal, ad hoc, discontinua, con sensibilidad hacia el contexto y con su foco fundamental dirigido hacia el aprendizaje.

Nietzsche, Toffler y Mintzberg hace ya tiempo que nos lo vienen diciendo: cada vez más somos personas adhocráticas, nuestros compromisos son temporales y por proyectos, se tejen y se destejen continuamente con hilos que desdibujan las fronteras de las organizaciones, las instituciones, las empresas, las iglesias, las plazas de abastos y los mercados bursátiles, los grupos de interés y cabildeo, las asambleas, las asociaciones deportivas y gastronómicas, las patronales, los sindicatos, las hermandades y cofradías, las mancomunidades y consistorios, los parlamentos y diputaciones, las fundaciones, los partidos políticos, las escuelas, las organizaciones sociales, los hospitales, las bibliotecas, las personas clientes, votantes, usuarias, profesionales, trabajadoras...  en una red de personas que se comunican. El camino está por recorrer y es una inmensa búsqueda de soluciones creativas.


                                                                                               Javier Moreno Ibarra
 https://www.elcorreoextremadura.com/noticias_region/2019-05-02/2/30780/de-martillos-de-visiones-y-de-caminos.html