POR UN SENADO CIUDADANO


La separación entre poder ejecutivo y poder legislativo está desvirtuada desde el momento en que la disciplina interna del partido de la mayoría obliga a la cámara legislativa a actuar como mero registro notarial de la voluntad del Ejecutivo. La mayoría es utilizada además para ejercer de pantalla de protección en el control al gobierno. Las promesas de la oposición de revitalización del parlamento, por otro lado, se difuminan una vez alcanzada la mayoría.

En estas condiciones, siendo los partidos indispensables a la democracia y la razón de ser de las elecciones producir mayorías, cabe preguntarse si el parlamento está irremediablemente condenado a ser el rehén de los aparatos antes que la expresión del interés general, o si, por el contrario, existe algún diseño institucional que fortalezca su papel y ofrezca una mayor correspondencia entre representación parlamentaria y voluntad popular.

La aspiración a una democracia de calidad exige que el parlamento cumpla con su misión de la manera más honesta posible: que los procedimientos legislativos sean verdaderos procesos de deliberación, con información suficiente, atendiendo a argumentos, mostrando una voluntad real de compromiso, con transparencia sobre los grupos de intereses y permitiendo escuchar a la sociedad civil; que la labor de control del Gobierno y de investigación sea ágil y eficaz, sin trabas pero sin abusos por parte de la oposición; que los nombramientos que le corresponden se basen en criterios objetivos, audiciones exigentes y consensos amplios, no en cuotas partidistas; que las iniciativas populares reciban la debida atención; y que la disciplina de voto de los grupos no merme la capacidad de los representantes de reflejar la voluntad de sus representados.

Los pensadores de la democracia parlamentaria en el siglo XVIII desconfiaban de las facciones por el temor a que los intereses partidistas pervirtieran la búsqueda del interés general. La Historia les ha dado con frecuencia la razón. Pero la Historia también ha demostrado que, frente a la pluralidad de intereses presentes en la sociedad, los partidos políticos son un instrumento eficaz de organización de las preferencias.

¿Cómo conseguir entonces que el parlamento acoja el legítimo juego de intereses políticos a través de los partidos sin que éste derive en un menoscabo, cuando no menosprecio, del interés general o de la voluntad popular?

La solución a este dilema ideada en los albores de la democracia moderna nos puede servir de inspiración, con las evidentes adaptaciones al tiempo presente. Las tres democracias parlamentarias pioneras, la británica, la estadounidense y la francesa, lo intentaron resolver instaurando un parlamento bicameral en el que una cámara fuera la sede de los intereses partidistas emanados del voto popular y otra de carácter más elitista, inspirada del senado romano, velara por el interés general.

Significativamente, a la primera se le llamó Cámara baja y a la segunda Cámara alta. Ese es el origen de la House of Lords británica, del Senado norteamericano y del Consejo de los Ancianos francés. En palabras de Madison, “el fin del Senado es proceder de manera más pausada, reflexiva, ponderada y sabia que la cámara popular”.

Hoy en día no tendría ningún sentido resucitar una cámara de ancianos compuesta de privilegiados terratenientes. Sí lo tendría, sin embargo, una segunda cámara, un Senado ciudadano cuya misión fuera velar por el respeto del interés general y la calidad de la democracia, corrigiendo o atenuando los defectos de la “cámara partidista”.

Para cumplir correctamente con su papel, una cámara de estas características debería contar con miembros independientes de los partidos. De entre los tres modos posibles de selección –la elección, la rotación y el sorteo– el tercero sería el más apropiado. Con una composición superior a 150 o 200 senadores, el sorteo entre el conjunto de la ciudadanía aseguraría un resultado representativo y legitimador, aunque se puedan concebir algunas modulaciones. Para el designado, el mandato sería una obligación cívica salvo que se den circunstancias personales o laborales particulares, con una duración de dos o tres años, no renovable, dando así tiempo a adquirir experiencia y que la cámara se beneficie de ella pero sin que suponga una ruptura excesiva en la trayectoria personal. Si el mandato fuera por ejemplo de tres años, un tercio de sus miembros se renovaría anualmente con el fin de asegurar una transmisión fluida de los códigos y la memoria de la institución.

El Congreso seguiría siendo la cámara legislativa, salvo para las normas que afectan directamente a los partidos en las que el Senado ciudadano tendría la última palabra. En el resto de los procedimientos legislativos, el papel del Senado sería vigilar y ejercer de árbitro del fair play político. En determinadas condiciones, tendría capacidad para requerir que un proyecto de ley sea sometido a alguna de las vías de participación ciudadana que el nuevo sistema político habilitaría: asambleas o jurados ciudadanos, sondeos deliberativos, consultas online, referéndum consultivo, etc. El dictamen ciudadano sería vinculante para el Congreso, el cual sólo podría desviarse de él previo acuerdo del Senado. También velaría por la debida tramitación por parte del Congreso de las iniciativas populares.

En el ámbito del control al Gobierno, los ministros rendirían cuentas regularmente de su gestión al Senado ciudadano, pudiendo éste reprobarlos e incluso revocarlos en caso de incumplimiento de los compromisos que el propio Gobierno haya adoptado o de conductas reprochables. El presidente del Gobierno sería evaluado anualmente sobre el cumplimiento de su programa electoral. Dos evaluaciones anuales negativas forzarían la dimisión del mismo. La potestad del presidente del Gobierno de adelantar las elecciones estaría supeditada a ratificación por el Senado ciudadano.

En los nombramientos para órganos judiciales y estatales, el Senado ciudadano tendría la última palabra, así como capacidad para exigirles cuentas en todo momento.

Una crítica frecuente a las propuestas que confieren un poder decisorio a la ciudadanía es invocar su falta de competencia sobre los complejos asuntos públicos. Esta afirmación carece de base empírica, numerosas experiencias de participación ciudadana demuestran la capacidad de la ciudadanía para identificar el interés general. Además, en la mayoría de los casos, la función del Senado ciudadano no sería decidir sino arbitrar atendiendo a los argumentos de los grupos políticos, con el apoyo documental y pericial de la administración, del tribunal de cuentas, de órganos asesores y de expertos. Por otro lado, esta dinámica forzaría a los partidos políticos a defender sus propuestas con argumentos razonados, elevando así la calidad del debate y de las decisiones.

No se trata de todos modos más que de un esbozo de propuesta. Pretende ayudar a reflexionar sobre soluciones conceptuales y prácticas que mejoren la calidad de la democracia, poniendo de relieve que la forma institucional actual de la democracia representativa no es el fin de la historia. En tiempos de profunda crisis de la representación política no podemos permitirnos el lujo de obviar este debate.

PD: ¿quid del Senado actual? Sería perfectamente sustituible por un procedimiento legislativo o consultivo, en asuntos de competencia territorial, que implicara a parlamentarios autonómicos.

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Antonio Quero coordina el grupo Factoría Democrática de militantes y simpatizantes socialistas. Es funcionario de la Comisión Europea. Actualmente en la Dirección General de Presupuesto, ha trabajado en los departamentos de I+D, de Relaciones Exteriores y de Economía.

ANDALUCÍA: ¡SOBERANÍA ENERGÉTICA YA!


Toda civilización necesita para su desarrollo y tecnologías una base energética sobre la que apoyarse. La denominada civilización occidental, durante los últimos 250 años, se ha basado en las energías fósiles (hidrocarburos y sus derivados, primero el carbón y luego el petroleo). Sin embargo, los análisis de la propia AIE (Agencia Internacional de la Energía) apuntan que este modelo energético es finito y, por tanto, insostenible en el tiempo. Es más, apuntan que el pico energético del petróleo (máximo nivel de extracción) se alcanzó en 2006, por tanto se hace necesaria, y cada año que pasa más urgente, buscar una alternativa energética que sea abundante y de fácil acceso, que resuelva los problemas de suciedad y contaminación que han provocado el calentamiento global y que, además, sea eficiente y sostenible en el tiempo.
De momento, y a la espera de otras alternativas viables, son las denominadas energías renovables (las basadas en el sol, el agua, el viento y la biomasa) las que cumplen todos estos requisitos. Nuestra geografía es rica en todos estos elementos, lo que nos permitiría, en el supuesto de apostar por estas energías, ahorrar (respecto a la actual necesidad de comprar petroleo), alcanzar mayor soberanía energética y, además, cumpliendo con los acuerdos de Kioto, contribuir a una mejora en la calidad medioambiental de nuestro entorno. Si esto es así (y las evidencias empíricas así lo avalan) ¿por qué el gobierno central actúa justamente al contrario, castigando el uso y desarrollo de las energías renovables y estimulando y legislando a favor del uso y consumo de las energías contaminantes y caras basadas en fósiles? ¿Por qué el gobierno andaluz, y quienes tienen al frente de sus respectivos departamentos, no dan un paso decidido en el uso y desarrollo de las energías renovables y continúan con el peligroso deshojar de la margarita?
Andalucía debe dar un paso al frente y abanderar, sin complejos, el nuevo modelo energético que represente la apuesta, en este siglo XXI, de una sociedad moderna, no contaminante, sostenible, soberana energéticamente hablando y democrática en cuanto al uso y consumo de la energía. Una sociedad, cualquier sociedad del mundo y en cualquier época conocida, sólo ha podido y puede alcanzar su plenitud si acierta en la elección de la energía en la que apoyar su desarrollo. Andalucía carece de hidrocarburos (en todo caso es una energía sucia, finita, insostenible y contaminante) pero es rica en sol, agua, viento y biomasa ¿qué más necesita este autogobierno andaluz para dar el paso decidido que nos ponga en la avanzadilla mundial de la renovación medioambiental y, culturalmente, en la vanguardia de un consumo energético responsable y democrático?


Isidro Maqueda Sánchez


La revolución energética pendiente...de ti





Cualquier planteamiento sobre nuestro futuro debería incluir una toma de postura sobre nuestro presente energético. En este sentido considero que un discurso ambiental, social o económico sostenible requiere lograr un enfoque adecuado en relación a cómo gestionamos los recursos energéticos. Pues la clave de la perdurabilidad de cualquier opción que se elija debería posibilitar un acceso democrático y equitativo a las fuentes energéticas. Y es urgente que comencemos ya.

Lo que el comportamiento de ultraderecha del Partido Popular en esta materia (y en otras) intenta marcarnos con un descaro ofensivo es el acercar al ciudadano-votante a la idea de que a la energía solo se puede acceder de manera tutelada, como consumidores-contribuyentes, nunca como gestores (o pequeños gestores) de la misma. Y algo más grave aún, que sobre este sensible tema no tenemos nada que aportar. Todo esto pone de manifiesto un modélico ejercicio de confusión de la opinión pública, en una orgía de intereses económicos y de poder de los que se margina al ciudadano en cada toma de decisión.

En un momento de coyuntura económica desfavorable, muchos ciudadanos empezaban a vislumbrar la posibilidad de lograr una mayor independencia energética. El habitante de un medio rural o el de una conurbación tipo Aljarafe (casas individuales o adosadas diseminadas por el territorio bajo el esquema de "mancha de aceite") podían empezar a ver cómo el uso del sol (placas solares), del viento (mini-eólica) o de la vegetación muerta (biomasa) podían restar euros a su factura de gasolina o electricidad. Y justo en ese momento oportuno viene la jugada maestra desde el Gobierno: se retiran los incentivos y se retrocede décadas en el camino hacia un modelo sostenible de gestión energética. Sin una oposición parlamentaria suficientemente sensible a las cuestiones socio-ambientales (ocupada en otras batallas), y con aquellos que siendo sensibles tienen un escaso predicamento mediático, la ciudadanía asumirá el movimiento con la docilidad acostumbrada. 

En poco tiempo el escaso debate sobre este tema será inexistente. Y los manipuladores del modelo energético seguirán controlando nuestra factura de la luz, y el depósito de combustible de nuestro utilitario. Sin ninguna resistencia importante seguirán aplicando la misma fórmula: sacrificio para la mayoría-reparto desigual de la riqueza. Y mientras tanto, se prepara el escenario para la próxima burbuja que podría estallar con consecuencias mas que desastrosas: la energética.

La nueva normativa (Real Decreto ley 9/2013, de 12 de julio, por el que se adoptan medidas urgentes para garantizar la estabilidad financiera del sistema eléctrico) que pretende poner el gobierno de la nación sobre la mesa sobre esta materia no tiene precedentes. Y no deja de ser sintomático que haga especial hincapié en la penalización, acudiendo como en otros casos a la vía de urgencia. En el colmo de los disparates se hace referencia a sanciones millonarias para aquellos que desobedezcan sus directrices y osen a entrar por la senda del autoconsumo. Se penaliza, por tanto, el ahorro y la eficiencia energéticas. En esto se refleja de manera nítida el chantaje al que es sometido el gobierno por parte de los lobys energéticos. España logrará el poco ejemplar récord de ser el único país en el que el Sol esté secuestrado. El denominado "peaje de respaldo" hará inviable de facto que un ciudadano pueda generar energía al margen de las fuentes de suministro habituales, desde los sistemas de distribución estandarizados. Además, se perderá una importante oportunidad de generación de empleo, perdurable en el tiempo y de calidad. 

Así que si usted tiene o tenía pensado tener placas solares en su tejado vaya olvidándose; así de triste, así de absurdo. Se impide el que un ciudadano adquiera autonomía energética, y además que los posibles excedentes que pudiera producir los volcara a la red eléctrica, empleando el sistema energético a modo de una gigantesca batería común (¿socialismo energético?).

A finales de septiembre de este año 2013, se hará público el último informe del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático). Me temo que los resultados expuestos en dicho informe serán demoledores a tenor de lo que ya se ha filtrado en internet. El mundo sigue sin entender que con el Mundo no se juega, con las reglas de la física no se juega. Seguimos, como civilización, alterando de manera drástica la química de la atmósfera emitiendo de manera incesante gases de efecto invernadero. El alterar este equilibrio alcanzado tras millones de años de evolución planetaria tendrá un peaje, queramos verlo o no lo queramos ver.

Bajo la tiranía de un modelo energético sucio y contaminante quedan pocas opciones. Las de futuro tienen que pasar, a mi modo de entender, por opciones renovables, participativas y por extensión democráticas. Las únicas opciones que tendrán algún sentido para nuestros hijos, y depende de nosotros el alcanzarlas.


Francisco Carrascal Moreno
Biólogo y consultor ambiental




Sobre la izquierda y el poder


Dice Amy Goodman que el poder nunca ha hecho nada sin una reivindicación previa. Es decir, que al poder hay que doblegarlo. Y creo que nos hace un favor al recordarlo, porque atravesamos una situación política en la que eso que hemos venido llamando “la izquierda” se encuentra perdida. No sabemos desde los partidos políticos cómo hacer frente a la situación que tenemos encima.

Por un lado, los partidos “izquierda” se encuentran en una evidente minoría frente a los dos grandes partidos que se turnan en el poder. Y en cierto modo esto ha provocado que interioricemos nuestro papel de eterna oposición. Esta dinámica a su vez, es favorecida por las circunscripciones, principalmente, pero también por la ciudadanía que vota, pues la mayoría tiende a pensar en voto útil.

Por otro lado, la realidad es que el PP y el PSOE no han hecho mucho por gestionar desde lo público para el interés general, y la prueba está en que ambos partidos han tomado las mismas medidas ante la situación: la senda de lo que discursivamente se llama austeridad, pero que de toda la vida son recortes. No han explorado nuevas rutas, no han tomado medidas estructurales.

¿Cuál es la situación?

Estamos estancados económicamente. Recesión, crisis, el país con más desempleo de la UE tras Grecia, a la que parece que nadie quiere parecerse en la familia, enorme desempleo juvenil y un déficit público que el BCE, el FMI y la Comisión Europea nos dicen que debemos reducir porque es muy elevado. Es importante saber que cuando España entró en la UE cedió competencias como Estado, es decir, perdimos soberanía. Recordemos ese acontecimiento televisivo de la modificación de la Constitución Española para sellar en la carta magna que el déficit debe estar por debajo del 3%. Y que esto esté recogido en la Constitución Española obliga a cualquier gobierno, sea del color que sea, a cumplirlo. Como hay que cumplir y rendir cuentas, porque a España como Estado se le prestó un dinero que ahora debe devolver y con intereses, como todo hijo de vecino, pues a pagar que toca.

Y las cuentas no salen. España tiene hasta 2016 para reducir su déficit del 6,5% actual al 2,8% que deberíamos tener en 2016. No se olvide que el déficit del que hablamos es público, es decir, la diferencia que hay entre los ingresos y los gastos del Estado. Si ese resultado es negativo, ¡déficit! Para calcularlo debemos tener en cuenta tanto las cuentas del Estado, como de las CCAA y los Ayuntamientos.

Pues bien, este es el gran problema de la izquierda: que no sabe hacer política sin invertir. Porque a la izquierda siempre le ha gustado mucho teóricamente decir que el Estado debe intervenir en economía y debe invertir en educación y sanidad, pero ahora esa izquierda se encuentra desconcertada, porque si sigue su programa, las cuentas no salen.

¿Los caminos de la izquierda?

Decía antes que los partidos políticos de “izquierda” no sabemos cómo actuar. Si defiendo dar el protagonismo a los partidos políticos no es porque me gusten más o menos o porque yo milite en uno, es porque formalmente son las instituciones que pueden participar en el espacio de lo público.


Eso no significa que no existan otros espacios políticos. Existen. Lo que pretendo traer a debate es la idea de partitocracia y hasta qué punto el sistema de partidos se ha pervertido. Recordemos la reciente comparecencia del presidente del Gobierno en la cámara baja del Parlamento. Los diputados allí presentes fueron subiendo grupo a grupo a la tribuna para hablar de la crisis que atraviesa un partido concreto: el Partido Popular. Todos conocemos ya los desmanes de Bárcenas y sabemos también que es un caso que se está trabajando en los juzgados, como es lógico. Lo que no es tan lógico es que por ser el actual presidente de Gobierno de ese partido, los grupos parlamentarios hayan forzado al Presidente a comparecer para aclarar asuntos de su partido, en lugar de aclarar asuntos sobre la Nación, que es lo que a todos nos interesa; ya que todos somos ciudadanos, pero no todos militantes del PP. Pues bien. ¿Por qué la izquierda entró en este juego? ¿No tiene la izquierda asuntos más importantes por los que forzar a comparecer al Presidente?

Mi teoría es que la izquierda está bloqueada, noqueada, no sabe qué hacer. Si cogiésemos los programas electorales de aquellos partidos que se definen de este palo ideológico, observamos que hay una serie de puntos en los que coinciden. Son puntos claves para una convergencia de izquierdas en este país y asuntos como una reforma fiscal y una banca pública parecen plantear una reforma estructural, pero estos partidos se encuentran con la barrera para llegar al poder.


Pero ¿para qué quiere la izquierda el poder? ¿Lo quiere para redistribuirlo o lo quiere para hacer política de forma paternalista? En Andalucía tenemos un gobierno en coalición en el que al menos una de las fuerzas es de izquierda y no parece que haya mucha diferencia. Manifiestan el problema de los ajustes en los presupuestos y reconocen que las cuentas ponen en riesgo el mantenimiento de la sanidad, la educación y las políticas sociales, pero acatan los recortes. Es decir, que su papel puede ser más perjudicial que beneficioso, pues contribuyen a que el discurso de la austeridad sea interiorizado, asimilado y justificado por la ciudadanía.

El problema de fondo es que la idea de democracia en sí misma ha perdido sentido. Si se reduce la capacidad de tomar decisiones de los ciudadanos, si las instituciones nos tratan como eternos menores de edad, no podemos hablar de democracia en la práctica.

Mencionaba que existen otros espacios políticos y los movimientos sociales son un ejemplo de esos otros espacios. Sus reivindicaciones, las razones de ser del asociacionismo responden a los huecos a los que el Estado no llega, hay problemas a los que el Estado no hace frente y si lo hace no siempre es de manera eficaz: el caso del feminismo y las políticas de igualdad, que aún no es un problema que preocupe seriamente a la institución, o el caso del medio ambiente y la ecología. En la práctica suele observarse con demasiada frecuencia el interés electoralista por encima de la calidad del proyecto de Gobierno.

Quizás uno de los caminos a recorrer por la izquierda sea el de ponerse a trabajar conjuntamente con estos movimientos. Que los partidos se desintoxiquen y pasen al origen: canales de representación. Pero esa representación hoy en día debería poder ser directa e indirecta. Conocemos las herramientas informáticas que permiten a los ciudadanos participar directamente. Los movimientos sociales han trabajo en ello y el poder de esta forma podría ser redistribuido. También han trabajado en la idea de Renta Básica y en la Tasa Tobin, pero estos temas no están en el debate político de los partidos. Igualmente un Gobierno debería reunirse con los movimientos implicados en los asuntos a legislar, en lugar de gobernar a decretazo. La esencia de la democracia es el debate público y parece que hemos perdido el norte.

Hay que doblegar al poder, hay que hacerlo democrático y hay que doblegar a los partidos de izquierda para hacerlos “izquierda”. El discurso al que estamos expuestos es el de la no salida. El de “esto viene de Bruselas y hay poco que decir o hacer”. No tenemos margen de acción. La izquierda debería estar planteando si existen otras formas de salir de la crisis que no sea perdiendo Estado del Bienestar, debería estar hablando de política y no de partidos.

Marina Agraz (Coportavoz de EQUO Sevilla)

¿CHINA SI O CHINA NO?


La globalización es un término que hasta hace algunos años nos era ajeno o incluso nos parecía alejado de nosotros, una globalización que no está claro si primero fue a nivel cultural, social o económico -o todo a la vez-, pero que hoy en día nos hace sentir partícipes de unos lazos que cada vez nos unen más con lo distante y nos hace perder parte de nuestra identidad y de nuestra independencia, independencia en aras de un mundo teóricamente más igualitario y donde estas pautas de relaciones nos hacen sentir más partícipes en este planeta que -por otra parte- la mayoría de los ciudadanos desconocemos en su complejidad y diversidad.

Estas reglas del “juego” se mezclan con lo que Adam Smith, allá por el siglo XVIII, ya definió como el liberalismo económico, donde la máxima de su teoría económica era la no intervención del Estado en los mecanismos de la economía, ya que esta se autoregula por la ley de la oferta y la demanda. Hoy hablamos de un neoliberalismo que sería lo mismo que el liberalismo pero acentuando la desregularización del sistema económico o el desmantelamiento del Estado como garante del ajuste entre los más que más tienen y los más desfavorecidos, para que así -en teoría- el sistema se sienta libre para crear riqueza y con ello bienestar.

¿Y qué tiene que ver esta pequeña reflexión con el título del artículo? Pues la respuesta viene a continuación. Estos días se está gestando una guerra comercial entre Europa y China, el motivo esencial es la venta de paneles solares chinos a precios muy reducidos en el mercado europeo. Desde Bruselas se acusa a China de practicar el dumping, es decir, vender un producto por debajo del coste real para desplazar a sus competidores y así hacerse con el mercado, con la posibilidad del cierre de las empresas que fabrican estos paneles en Europa. En un principio esto nos llenaría de orgullo y algunos exclamarían: !!Por fin le hacemos frente a la industria China!!, !!Ya era hora de que defendamos nuestros puestos de trabajo!!, gritarían otros. Estas reacciones nos parecerían desde nuestro punto de vista lógicas y hasta loables en tiempos de crisis.

Así pues, las autoridades europeas amenazan a China con subir los aranceles los paneles solares entre un 11% y un 47%, aunque en teoría esta subida sólo se realizaría durante un periodo de 6 meses, en la segunda mitad de este año 2013. Pero como suele suceder, las cosas no son tan sencillas. Por un lado China amenaza con subir los aranceles a los vinos europeos (siendo Francia la más perjudicada) y a los tubos de acero. En términos cuantitativos, si la subida de aranceles se hacen efectivas son los exportadores chinos los más perjudicados, ya que ellos exportaron a la UE paneles solares por un valor de 27000 millones de dólares en 2012, no llegando las exportaciones de vino a los 1000 millones de dólares.

Con esta medida se pretenden salvar 25000 empleos en la UE, relacionados con la fabricación de los paneles solares. Aunque esta guerra comercial podría tener consecuencias nefastas para otros sectores productivos, ya que según la propia Federación Alemana de la Industria (BDI), 1 millón de personas dependen de las exportaciones a China, solo en Alemania.

Puede ser verdad que China fabrique los paneles por debajo del coste, ¿pero sólo lo hace con estos productos?, ¿es que nunca nos preguntamos cómo se puede fabricar tan barato?, ¿cuantas empresas europeas ya han desaparecido por la competencia de los fabricantes chinos o de otros países asiáticos?. ¿Por qué ahora se actúa con esta producción en concreto?.

Más allá de las condiciones laborales chinas -que sí constituirían una práctica de “dumping social” que no quiero hacer objeto de este post- este posible enfrentamiento comercial me lleva a plantearme otra serie de cuestiones. ¿Y si no fuera tan negativo que la UE se inundara de placas solares baratas chinas? ¿Qué beneficios podríamos obtener con esta “competencia desleal”? Los estudios de eficiencia energética sobre la producción eléctrica doméstica, nos aportan unos datos esperanzadores sobre la obtención de nuestra propia energía a precios muy competitivos. Debemos de disponer de unos 30m2 de tejado orientado al sur en nuestra latitud, en este espacio libre podríamos instalar las placas necesarias para producir la energía eléctrica que necesita un hogar medio. La instalación ronda unos 4000 euros, y la amortización de la instalación se logra a los 6 años aproximadamente (calculando el consumo medio de una familia española en unos 670 euros anuales) , a partir de este momento la energía es gratis durante el resto de los 25 años de vida útil (por ahora) que tiene una instalación de este tipo. Es verdad, que necesitamos estar conectados a la red eléctrica para obtener la electricidad en momentos de lluvia o en época invernal. Esta dependencia se puede compensar, con lo que se denomina el balance neto, es decir “vender” a las compañías eléctricas el sobrante de energía producida en épocas de máxima captación gracias a los contadores reversibles. Así, al final de año, se hace una simple resta y pagamos la diferencia (si la hubiera) a la compañía eléctrica.

¿Y cuales son los inconvenientes de este sistema de producción eléctrica?. En primer lugar la legislación vigente no es nada clara en cuanto a la gestión del balance neto. En segundo lugar existe un interés por parte de las grandes compañías eléctricas de seguir monopolizando el sistema energético y no olvidemos que estas compañías controlan tanto la producción como la distribución de la energía, ya sea por los medios tradicionales (termoeléctricas, nuclear o hidroeléctrica) como de las renovables (eólica, termosolar o fotovoltaica).

En España no se sabe cuanto vale producir y distribuir un Kwh, bueno rectifico, sabemos lo que las compañías dicen que cuesta producirlos y transportarlos, pero hasta ahora se han negado a admitir a auditorías externas para evaluar estos costes. Sospecho que estos costes no son reales, si no ¿cómo se puede entender que en la presente reforma del sistema eléctrico español las compañías “asuman” 2700 millones de euros de lo que desde el Estado llama el “déficit tarifario”? Me cuesta creer que las compañías eléctricas vayan a perdonar” a la ciudadanía esta gran cantidad de dinero.

Si esto fuera cierto, porqué no incentivar este tipo de instalaciones en todos los hogares que tengan la posibilidad de hacerlo y también -a gran escala- en las fábricas y naves industriales, reduciendo la factura de la energía que supone un gran lastre para las empresas y con ello reducir los costes de los productos que fabrican.

No sé como Adam Smith vería esta situación, por un lado estaría la disyuntiva de favorecer al más competitivo (en este caso a las empresas de placas solares chinas), por otro continuar con el monopolio energético actual que genera tan pingues beneficios a estas empresas y que se supone que repercuten esta riqueza en la sociedad, o bien con la posible creación de mini-productores que contribuyen al sistema globalizado de producción eléctrica.

Lo anteriormente expuesto me hace cuestionar que la globalización es solo interesante siempre y cuando no se toquen ciertas líneas rojas de privilegios y connivencias entre poderes políticos y económicos. A pesar de todo, me gustaría convivir en una sociedad con energías limpias y baratas... mi esperanza es verlo algún día.



Juan de Mata Toledo Muros.

Sin agua no hay vida.


Los manantiales subterráneos de Sevilla y su Aljarafe en eminente PELIGRO.


En nuestro post El diseño de Doñana (http://accionpoliteia.blogspot.com.es/2013/07/el-diseno-de-donana.html), nos hicimos eco del proyecto ALBERO, que pretende convertir parte del subsuelo de Doñana en almacén de gas para redistribuir a través de una red de gaseoductos.

También hemos hablado con detalle de la técnica fraking de extracción no convencional de hidrocarburos (http://accionpoliteia.blogspot.com.es/2013/07/fractura-hidraulica-fracking.html)

Queremos llamar la atención ahora sobre el proyecto PENÓLOPE, que afecta a 18 municipios de la provincia de Sevilla, incluidas la capital y la mayoría de su Aljarafe, para buscar posibles yacimientos de hidrocarburos NO convencionales.

El proyecto PENÉLOPE está pasando desapercibido, ¿casualidad?

Todo arranca el pasado 10 de abril de 2012, cuando la Junta de Andalucía hace pública la concesión de tres permisos, a la empresa Oil & Gas Capital, S.L., para investigar los posibles yacimientos de hidrocarburos no convencionales en las provincias de Jaén (proyectos ULISES II y ULISES III) y de Sevilla (proyecto PENÉLOPE). Además, existen otras solicitudes y permisos que afectan a Córdoba, Cádiz y Huelva.

El método de extracción de hidrocarburos NO convencional lleva algo más de una década utilizándose, de modo intensivo, en los EE.UU. de América, donde varios de sus Estados han prohibido su uso. En Europa, Francia por ejemplo, también lo ha prohibido.

La posibilidad real de contaminar las aguas subterráneas ha quedado puesta de manifiesto por las numerosas denuncias ganadas, por particulares, en los EE.UU.
Es cierto que los hidrocarburos de roca de Esquisto pueden mantener, durante un tiempo determinado, el uso de las energías de origen fósil pero no es menos cierto, como las evidencias han puesto de relieve, que este tipo de energía contribuye sobremanera a las emisiones de CO2 y, por tanto, al calentamiento global.

La respuesta inteligente, si se quiere conservar unos estándares tecnológicos de vida determinados, debe pasar por la disminución del consumo despilfarrador al que estamos acostumbrados, hacer un uso más eficiente de los recursos disponibles y, sobre todo, generalizar un modelo tecnológico basado en las energías renovables que son más limpias y sostenibles pero, sobre todo, es imprescindible poner en valor, la necesidad de continuar desarrollando los programas de I+D+i, programas estratégicos y de vital importancia para cualquier sociedad que se precie.

Recordemos, es lícito buscar estrategias que nos permitan alcanzar el mayor grado de soberanía energética posible, pero jamás puede ser a costa de poner en peligro, aunque sea por accidente, los acuíferos subterráneos de los que nuestro territorio está tan bien abastecido. La contaminación de las aguas subterráneas sería una tragedia irreversible. Sin hidrocarburos se puede vivir (existen alternativas, entre otras, las renovables), pero sin agua la vida sencillamente no es posible.
Sin agua, no hay vida.
Isidro Maqueda

FRACTURA HIDRÁULICA (fracking)


Rectificar es de sabios, empecinarse en los errores es de burros (pido perdón, a estos simpáticos animales, por tan horrible comparación).


Anónimo, y oído desde pequeño a mi padre, que en paz descanse.






¿Por qué y desde cuándo hablamos de fracking?
Fractura hidráulica es la traducción castellana del término anglosajón fracking, utilizado para referirse a una técnica de extracción de hidrocarburos no convencional. Técnica que viene utilizándose intensiva y extensivamente, en USA, desde hace algo más de una década.
Aunque el fracking se conoce desde hace algo más de un siglo, los cambios adoptados en los materiales utilizados para la fracturación de la roca y la evolución tecnológica alcanzada para perforar horizontalmente a grandes profundidades, han permitido explotar yacimientos de hidrocarburos no convencionales que era impensable rentabilizar hasta principios de este siglo.
La técnica de extracción de hidrocarburos convencional (petróleo y gas natural), conocida mucho antes de su explotación intensiva (desde mediados del siglo XIX y fundamentalmente durante el siglo XX y hasta hoy día), ha permitido un desarrollo tecnológico sin precedentes en la civilización occidental, pero las consecuencias de tal desarrollo ponen en evidencia una serie de alteraciones ambientales que amenazan la salud del Planeta y de quienes lo habitamos.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) hizo público, en noviembre de 2010, que la producción de petróleo alcanzó su máximo nivel de extracción (pico o cénit del petróleo) en 2006. Este hecho, junto al preocupante aumento de la demanda (incorporación de países como China, Brasil e India) pone en evidencia la insostenibilidad del actual sistema económico y el modelo de vida que, en la civilización occidental, lleva aparejado.
El modelo económico en el que se asienta nuestra sociedad occidental está sustentado sobre el petróleo y sus derivados, para el transporte (Gasolina, turbosina, diesel…), para el uso industrial o doméstico (queroseno, gas natural -propano, butano-, fuel oil…) y también como materia prima para la fabricación de disolventes, aceites lubricantes, pinturas, tintas, productos agrícolas, cauchos, ceras, asfaltos, plásticos, neumáticos, poliéster, detergentes, fungicidas, plaguicidas, nylon, … Sin el petróleo y sus derivados la vida que conocemos actualmente sería literalmente, si no imposible, al menos muy diferente.
Es en este contexto global donde debemos situar la actual polémica sobre la fractura hidráulica. ¿Es oportuno continuar con un modelo de sociedad basado en las energías fósiles? ¿Debemos seguir, a pesar de las emisiones de gases de efecto invernadero, del calentamiento global, del altísimo riesgo de contaminación basando el desarrollo tecnológico en el mundo de los hidrocarburos? EEUU, el mayor de sus consumidores, apuesta por continuar apurando las energías fósiles aunque sea a base de la extracción de petróleo y gas no convencional (pizarra o esquisto, arenas compactas, arenas bituminosas…).
Desde hace unos años, desde que se concedieron los primeros permisos de estudio, investigación y prospección en el País Vasco, la polémica ha ido creciendo al mismo ritmo que los permisos de investigación y prospección han alcanzado a la mayoría de nuestras comunidades autónomas.


Dos visiones contrapuestas
No cabe la menor duda que la energía es uno de los vectores esenciales en la construcción de cualquier civilización. Esta afirmación es compartida por ambas visiones, sin embargo, los modelos de sociedad que representan las hacen contrapuestas. Mientras las energías fósiles representan la globalización, las energías renovables representan la glocalización.
Quienes apuestan por el fracking apuestan por mantener el modelo energético del pasado reciente (siglos XIX y XX) basado en las energías fósiles (energías que se han evidenciado sucias y contaminantes, finitas y no renovables). Apostar por el fracking, es seguir insistiendo en mantener los actuales hábitos de consumo e ineficiencia, o lo que es lo mismo, proponer un modelo social insostenible y antidemocrático pues concentra la producción y la distribución energética en manos de una oligarquía multinacional que hace de la dependencia a los hidrocarburos su poder.
La apuesta por el fracking basa sus argumentos en dos ideas motoras: alcanzar nuevos yacimientos que posibiliten un posible abaratamiento de los precios, provocando una supuesta soberanía energética y la creación de multitud de puestos de trabajo (no debemos olvidar que los conceptos que desarrollan estas ideas motoras son: crecimiento, competitividad, consumismo y autoridad de los mercados). Sin embargo, esta postura no se para a considerar que el petróleo se produce en el interior de la Tierra por la transformación de la materia orgánica acumulada hace millones de años, lo que lo convierte en un recurso natural no renovable.
En la actualidad el petróleo es utilizado como el principal recurso energético para la industria y los transportes en el denominado mundo occidental o “desarrollado”, aunque se hace necesario recordar que en la antigüedad su uso era diferente y hasta mistad del siglo XIX no empieza a utilizarse como base para el alumbrado en las grandes ciudades. A finales del siglo XIX, y sobre todo durante el siglo XX, se empieza a utilizar como combustible para los motores y, por tanto, para el transporte. ¿Por qué digo esto? Porque parece que sin petróleo no sería posible la vida cuando, en realidad, ha sido utilizado como base energética sólo durante un siglo. Quienes apuestan por el fracking, no consideran, tampoco, las nefastas consecuencias que las emisiones de CO2, CFC, Metano… están provocando en la atmósfera (calentamiento global) y sus desastrosas consecuencias para la vida en la Biosfera. El modelo social que proyecta este modelo energético, como ya ha quedado puesto de manifiesto, es consumista, ineficiente, insolidario, irrespetuoso con el medio ambiente y muy antidemocrático pues su gestión se concentra en poquísimas manos y configura un modelo de globalización.
Quienes nos oponemos al fracking, representamos una visión diametralmente opuesta de sociedad. Apostamos por un modelo energético del siglo XXI, que sustituya los hidrocarburos como base del modelo energético actual y que se decante por invertir en los avances tecnológicos producidos en el mundo de las energías desde que el calentamiento global ya no es cuestionado por nadie, desde que ha sido aceptado como evidencia científica e irrefutable y que, por tanto, nos obliga a reducir, en la medida de nuestras posibilidades, las emisiones de gases de efecto invernadero.
Las energías renovables no son una novedad. Los molinos de viento, el sol, las norias… han sido utilizados para diversas acciones como moler, regar, calentar,… Los avances tecnológicos, que tienen que ver más con el siglo XXI que con el pasado, están permitiendo dar un uso diferente a estas energías renovables, limpias, no contaminantes, respetuosas con el medio ambiente y bastante más democráticas ya que su gestión configura un modelo de glocalización.
Sin entrar a considerar la soberanía energética que representan las energías renovables, he de comentar, también, la descentralización que representan las renovables frente a la centralización de las energías fósiles (hay yacimientos donde los hay y, desde esos lugares, han de ser transportados al resto del mundo, lo que supone un incremento del gasto innecesario y un mayor riesgo de accidente).
Si consideramos, además de todo lo expuesto, el conocimiento y la propiedad de patentes de las diferentes tecnologías la comparación no se soporta. El fracking y el cóctel de químicos que, junto a la arena y los millones de toneladas de agua dulce, se inyectan en las entrañas de la Tierra, es tecnología y patente americana, mientras que las renovables ponen a España entre los países que lideran a nivel mundial estas tecnologías. (De hecho son empresas españolas las que están desarrollando los parques renovables en los EEUU).
La defensa del modelo económico y social, basado en las energías fósiles, es cortoplacista y anticuada por cuanto mira más al modelo del siglo XX que al del siglo XXI. Las energías alternativas deben superar las contradicciones que el actual modelo no ha sabido superar. Debemos basar nuestra tecnología en energías limpias y no contaminantes que reduzcan y eviten las emisiones de CO2 y Metano, principalmente. Debemos basar nuestra tecnología en unas energías renovables que hagan sostenible cubrir nuestras necesidades y que sepan respetar los límites de la Biosfera. La sociedad glocal debe apostar por un modelo energético solidario y eficiente, que no olvide que la energía es uno de vectores imprescindible en cualquier civilización y que ésta no debe seguir obviando las condiciones de vida de más de la mitad de la población mundial
Las posibilidades reales de conocer la situación mundial, a través de los medios de comunicación, fundamentalmente Internet, han provocado una revolución del conocimiento, no sólo en cuanto a la información sino también a su inmediatez. Esta transformación está generando una conciencia glocal de que otro desarrollo económico, político, social y cultural es posible. Así pues, apostar por continuar o no con el uso de las energías fósiles, nos muestran dos visiones contrapuestas de entender y comprender que conceptos como futuro, desarrollo, progreso… no tienen una única y determinada dirección, son opcionales, son posibilidades que se nos ofrecen para elegir otros posibles futuros, otros posibles desarrollos u otras diferentes maneras de entender y comprender qué es y cómo progresar colectivamente, en sociedad.


¿Quiénes están detrás del fracking y qué nos ofrecen?
En España, quienes apuestan por la fractura hidráulica, son fundamentalmente empresas multinacionales con fuertes intereses económicos. En octubre de 2012, según su propia página web, se constituyó, para defender los intereses del fracking en España, la plataforma Shale Gas España, patrocinada por diferentes empresas del sector. La construcción de este poderoso lobby tiene como objeto principal influir todo lo posible en quienes toman las decisiones (los gobiernos) para que éstas sean beneficiosas a sus intereses.
Pero ¿qué nos ofrecen a cambio? Lo fundamental ya ha quedado expuesto más arriba: posible abaratamiento de los precios en la adquisición de energía y supuesta creación de empleo.
Sin embargo, se olvidan mencionar que en el proceso de reflujo o de retorno a la superficie (sólo se recupera entre un 15 y un 80 % del fluido inyectado, el resto se queda en el subsuelo) del gas natural se liberan, también, otros gases como el metano, residuos altamente tóxicos, cancerígenos, mutagénicos, metales pesados y otros elementos radioactivos. Olvidan mencionar, también, la contaminación y toxicidad de acuíferos subterráneos y en superficie. La sobre explotación de recursos finitos como el agua potable para la agricultura, la ganadería y la propia vida humana.
Las consecuencias para la salud humana y la del planeta se ponen en una balanza para competir con los posibles beneficios de unas empresas que, una vez alcanzados sus objetivos económicos, se marcharán dejándonos un paisaje transformado, contaminado y arruinado, imposible de reutilizar.
Lo dicho, el uso del petróleo y sus derivados ha permitido un desarrollo tecnológico sin precedentes en la civilización occidental, pero las consecuencias de tal desarrollo ponen en evidencia una serie de alteraciones ambientales de altísimo riesgo que amenazan la propia vida del Planeta. Aún estamos a tiempo, “rectificar es de sabios, empecinarse en los errores es de burros”.




Isidro Maqueda