TTIP, esa Armada (In)vencible


El TTIP y demás tratados sobre libre comercio que se pretenden firmar entre EEUU y la UE: TISA y TAFTA, son los buques insignia de la armada comercial que EEUU envía a Europa. Igual que la «Felicísima Armada», apodada por los ingleses «Invencible», amenazadora, la flota americana navega a sotavento. Su estrategia es el desembarco e invasión comercial de Europa. Este plan, sin embargo, tendrá el mismo fin que la fracasada invasión de Inglaterra.

Pero, ¿qué son el TTIP, el TISA y el TAFTA? Las siglas inglesas TTIP significan Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones. Es un proyecto para establecer una zona de Libre Comercio entre la UE y EEUU. El TISA es el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios. Tiene como objetivo la liberalización de los servicios de: empleo, transporte, comunicación, datos, educación, salud, residuos, suministro de agua, distribución de energía, comercio digital, servicios legales y subvenciones agrícolas. Y el TAFTA es un proyecto de Zona de Libre Comercio entre EEUU y la UE, que incorpora los asuntos de propiedad intelectual y derechos de autor. Se alinea el proyecto con la industria del entretenimiento y ataca las licencias creative commons. A ellos se suma el CETA, que es el Acuerdo Integral de Economía y Comercio entre la UE y Canadá. El hermano pequeño del TTIP, del que algunos dicen que es su Caballo de Troya. ¿Pero, qué se juega España con estos tratados? Un ejemplo anecdótico, pero revelador: en relación a las denominaciones de origen los tratados abren la puerta a que imitaciones de vinos como los de Jerez o los de Málaga, o del turrón de Jijona, puedan exportarse a la UE bajo esos nombres aun siendo fabricadas en EEUU.

¿Y cuáles son las principales amenazas de estos tratados?: una menor autonomía legislativa de los Estados; y un poder sin precedente de las multinacionales, a las cuales se les otorga capacidad de colegislación, bajo el eufemismo de «cooperación regulatoria». Esta potestad se apoya en la posibilidad de demandar y exigir indemnizaciones millonarias a los Estados ante tribunales de arbitraje privados, si consideran que sus intereses empresariales pueden ser perjudicados por leyes o políticas. Un ejemplo de esta capacidad es la reclamación que presentó la empresa canadiense TransCanada a EEUU por bloquear la construcción de un oleoducto. Exige 15.000 millones de dólares al Gobierno estadounidense, por los daños provocados por su negativa a aprobar la construcción del oleoducto, que hubiera permitido transportar el crudo desde los yacimientos canadienses hasta las refinerías estadounidenses en el Golfo de México.

Estos tratados son un peligro democrático, social y ecológico, y atentan a las soberanías nacionales. La negociación de los mismos está siendo muy opaca, al imponerse una confidencialidad extrema que restringe exageradamente el acceso de los diputados europeos a los documentos de la negociación. Esta estrategia es torpe porque no tiene en cuenta o desdeña otros factores como la movilización ciudadana, rebelión que ha provocado mayor rechazo, cada vez, a estos tratados, así como un sentimiento creciente que los acuerdos comerciales no tienen en cuenta los intereses de los ciudadanos. La filtración de Greenpeace Holanda reventó la estrategia de opacidad, a la vez que ha confirmado las sospechas que ya existían sobre el contenido del TTIP. A partir de este momento el tratado está muerto. Tras el fracaso de la negociación vuelve a resonar la frase de Felipe II tras la vuelta de la Armada (In)vencible: «Yo envié a mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades».

La Comisión Europea dice ahora, sin embargo, que no aceptará en ningún caso una rebaja de la regulación en cuestiones como seguridad alimentaria, protección al consumidor, privacidad o medio ambiente. En el apartado de energía, con todo, los tratados prevén, en su redacción actual, facilitar la exportación, desde EEUU a la UE, de carbón, petróleo crudo, productos derivados del petróleo y gas natural, incluidas las exportaciones de gas de esquisto estadounidense y las de petróleo de arenas bituminosas de Canadá. ¿La creemos? Va a ser que no. Prefiero confiar en este asunto, en partidos como EQUO o IU, para los cuales el TTIP es un asunto de oposición frontal. O en Podemos que hará de este asunto un tema central en la campaña electoral a punto de comenzar. Pero señores capitalistas, si pretenden triunfar en esta empresa, que al parecer es de origen divino, como era la de la Armada (In)vencible, lo que pueden hacer es ordenar, a sus negociadores y demás personal de las delegaciones, observar la orden que dio Felipe II a su flota antes de partir: no blasfemar y antes de la caída del día rezar el Ave María y los sábados la Salve.




Francisco Soler

Israel Pintor -El héroe instrospectivo-


Por las céntricas calles de Sevilla rezuma el olor a azahar. Ha llegado la primavera. Sus blancos pétalos esparcidos, acompañan nuestros pasos. Sevillanos pegados al manillar de sus bicicletas de alquiler, deambulan a primera hora de la tarde. Interrumpiendo entre la muchedumbre, la sombra de Israel Pintor aparece en la puerta de la cafetería. Se distingue la figura de un joven de estatura y complexión media que parece recién aterrizado de otro planeta. Camisa blanca impoluta, cárdigan rojo y vaqueros. A lo british. Sobriedad y sencillez en estado puro. Lo más llamativo son las redondas gafas vintage que adornan su rostro. Un rostro carismático, entrañable y risueño. 

Entre sorbos de café y té, se cruzan las primeras palabras. “Acá en México decimos infusiones a todo”. [Sonríe]. La cita con el escritor tiene como premisa fundamental la literatura. 

La literatura es una forma de arte por antonomasia. Cuando se le pregunta sobre su propia concepción del arte, el gesto se su rostro se torna entre fascinación y sorpresa. “¡Vaya pregunta! Primero te digo lo que significa para mí, y luego a ver si soy capaz de aterrizar en una palabra que pueda definirlo”. Nos retrotrae en el tiempo, concretamente a su infancia. Esta vez no es la magdalena de Proust, sino todos los objetos donde se pudiera escribir. Desde libretas, bolígrafos, papel, hasta en el suelo. “Cuando crecí, fue despertándose de manera más clara mi vocación. Entendí que a través de la literatura podía hacer algo que yo iba buscando hacer a través de mi carrera.” 

Empezó estudiando comunicación. “Yo tenía la intención de establecer un vínculo de comunicación con las personas. Siempre he sido bastante cotilla.” [Risas]. La vocación literaria la afiancé en la universidad dedicando mi último año de mi carrera al periodismo cultural y a la creación literaria. [Hace una pequeña pausa y retoma el hilo]. “Sabía que a través del periodismo lo iba a poder conseguir pero no había tenido la oportunidad de confirmar que en el periodismo se comunica mucho, sí. Pero casi siempre se comunica lo que otros quieren que comuniques.” Cuenta la pasión que le reportó el periodismo en los años que lo ejerció hasta descubrir que, lo que realmente le motivaba a escribir, era la comunicación personal. Aquella que no estuviera condicionada por terceros. Sentirse libre. “Exacto. Puede ser de la naturaleza que sea, da igual si es más trascendente o más frívolo. Eso no me importaba. Lo que me importaba era tener la autonomía suficiente para poder hacerlo. Para mí el arte de la literatura es eso. La vía a través de la cual soy capaz de comunicarme con las personas de la manera más efectiva posible. Y creo que mi capacidad para establecer vínculo con las letras es la más efectiva.” 

Definir el arte es más difícil. Comenta los intentos que ha tenido la academia para establecer una designación lo más completa y fidedigna posible. Se recurre a la subjetividad. “Para mí sigue siendo y fíjate como vuelvo inevitablemente a la subjetividad, un medio a través del cual las personas podemos expresar nuestras emociones, nuestros sentimientos pero también nuestras ideas. Quizás otra disciplina, otras áreas en las que se construye el conocimiento. La humanidad se preocupa al menos por la expresión de ambas partes de manera conjunta. Me refiero a la expresión de las ideas, los sentimientos y las emociones.” 

Intentamos escudriñar en el panorama literario actual. Israel hace especial hincapié en el contexto. En una escritura cada vez más globalizada, es difícil encontrar las diferencias pero sigue habiéndolas. “La producción literaria que puede entrar en un circuito de distribución o de publicación más formal a través de una editorial, suele estar ya bastante permeada de una cultura más global”. Recurre al ensayo titulado “Luz Nueva” del escritor Vicente Luis Mora, a modo de ejemplo. Estos nuevos escritores, nacidos entre los 80, proponen definiciones sobre la literatura moderna, postmoderna y otro tipo de literatura a la que designan como “mutante”. “Es narrativa que empieza a destacar por la influencia que tiene culturalmente hablando, la tecnología y su naturaleza en la vida cotidiana. Se escriben relatos tomando como pretexto fragmentos de búsqueda de Google. “La tecnología de alguna forma está calando en la forma de concebir la literatura y de darle forma.” Puntualiza. 

Los temas que inspiran a nuestro escritor están protagonizados a menudo por el amor, la escritura creativa, la creación literaria y el sexo. Confiesa que en estos últimos años siente una mayor atracción por conceptos de carácter más espiritual. Nos planteamos la exigencia de transmutación del dolor en arte. La idea romántica del escritor frustrado y la necesidad de la desdicha para el proceso creativo. “Creo que sí. Partir del dolor, de la infelicidad, de algo que en tu vida te puede resultar complicado, puede ser fuente a veces incalculable y valiosa de inspiración para la creación artística pero creo también que no es la única forma ni la mejor.” Israel establece dos perspectivas. “Algunas de mis obras, quizás la mitad de ellas, han necesitado del conflicto, de la crisis, del dolor, para ser creadas. Pero estamos hablando de proyectos puntuales y no de que eso sea metódicamente necesario para la producción del contenido. En la otra mitad no he partido de allí, sino de una inquietud estética, una intención comunicativa completa. Eran experimentos más que de fondo, de forma.” Nos cita a la escritora Elizabeth Gilberth, autora del libro “Come, reza, ama” como ejemplo de autora que recoge en su última obra “Big Magic”, el proceso creativo que no parte de la crisis.

Confiesa que formar parte de la Fundación Antonio Gala le cambió la vida. Supuso el principio de su carrera literaria. Lo relata como un encuentro muy enriquecedor entre artistas de todas las disciplinas. Escribió además su primer cuento titulado “Pasiones Íntimas”, de la mano del propio Antonio Gala. Tras publicar “Puertas del Paraíso” a raíz de una propuesta en común con el director mexicano Julián Hernández, llega entre tintes warholianos y rezumantes de cultura pop, “Curso de amor, belleza y sexo”, premiada con el Premio Andalucía Joven de Narrativa 2015. 

Es una novela que habla de la creación como forma de vida. El autor hace un ejercicio de riesgo, de introspección. Su estilo recuerda a autores de la generación perdida, en palabras del jurado. Desde Scott Fitzgerald, hasta Arthur Miller. En ella intervienen los cinco sentidos. En la construcción del personaje, del propósito de vivir como escritor y como persona que ama a través de la literatura. Dotada de puros tintes vanguardistas, está escrita en segunda persona. Pura ironía a los manuales de autoayuda. La búsqueda que hace su personaje de la belleza inalcanzable. Aquella que va desde lo sublime a lo más frívolo.


Lucía Velasco

Innovación organizativa en EQUO ¿La promovemos eficazmente?


hamel

En un artículo del eurodiputado, Florent Marcellesi, nos explicaba que la mayor parte de la bibliografía que consultó sobre “organizaciones horizontales”, se definían a la contra de las organizaciones jerárquicas o verticales. No describían cómo hacer funcionar una organización horizontal. De manera que si alguien quiere leer/aprender algo acerca de cómo funcionan las organizaciones horizontales lo tiene mal.

El presente artículo es una recensión del libro El futuro del management de Gary Hamel con Bill Breen, dándonos pistas sobre cómo construir organizaciones en red. Son propuestas específicas que funcionan en empresas con menos jerarquías y más autonomía de los equipos.

Es un libro que recomiendo totalmente a toda persona que se interese por construir una organización en red.

Antes de entrar en materia, una previa histórica. El actual modelo de gestión de las empresas y de las organizaciones en general, se inició a finales del siglo XIX y principios del XX con Frederick Winslow Taylor, del que surgió el taylorismo, como estudio de las mejores maneras de llevar a cabo determinadas tareas mecánicas, métodos de cálculo de costes, etc. Antes no existía nada parecido por que no existían empresas industriales tan grandes como la Ford. Para que esa filosofía y sus posteriores mejoras burocráticas se hayan introducido en la mayoría de las empresas medianas y grandes se ha tardado un siglo. Por tanto, la filosofía innovadora que propone el libro y que propongo introducir en EQUO, el funcionamiento en red, no la haremos en un año. Pero si que podemos avanzar en los próximos años, en la próxima década. Por que como dicen los autores, si no tenemos referentes de cómo funcionar en red, hacerlo se hace muy difícil. Es mejor partir de las experiencias previas exitosas que ya se han experimentado para adaptarlas a nuestra organización.

Mi hipótesis es que en EQUO tenemos poca experiencia de funcionar con eficacia en red, por lo que tenemos que aprender a hacerlo y vamos dando palos de ciego y creo que es mejor tener referencias. Además, como en otra ocasión hice notar, a partir de un comentario de Jean François CARON, presidente los cargos electos de Europe Écologie Les Verts de Francia, las verdes solemos tener demasiado énfasis en la ideología y poco en la práctica. ¡Y él hablaba de las verdes de Francia, donde son un partido potente! Por tanto este libro ayuda a operativizar esa idea de funcionar en red.

En la investigación que realizaron los autores, Hamer & Breen, observaron que las empresas que tenían un liderazgo distribuido, operativizaban tres ideas para promover sistemas de gestión/organización innovadores:

  1. Basarlo en principios originales. Por ejemplo. Se habla mucho de empoderamiento, que por supuesto es un principio original ¿Pero cómo se fomenta dentro de la organización? A la mayoría de las personas de EQUO que les pregunto sólo dan respuestas genéricas inoperativas.
  2. Que las acciones que se emprendan sean sistémicas. Es decir que afecten a toda la organización, sea directamente o indirectamente.
  3. Que sea un programa continuado. No es un un tema para una Universidad verde, sino que tiene continuidad a lo largo de periodos extensos. Por ejemplo 5 años. 

Todo ello para mantener una mínima burocracia y una máxima operatividad.

Los autores también proponen una serie de preguntas para mejorar la organización:

  • ¿Cuál es el problema de gestión/organización que me encontraré en el futuro, que puedo trabajar ahora para evitarlo después?
  • ¿Cuál es el hueco más grande entre la retórica y la práctica?
  • ¿Qué incompetencias hay que cambiar y qué habilidades hay que promover? 

Todo esto lleva trabajo, pero trabajo que a medio plazo es muy fructífero y sirve para construir una organización sólida. De hecho los autores han encontrado organizaciones que sus dedican una décima parte de su trabajo y/o presupuesto a probar nuevos enfoques. ¿Qué tal hacerlo en EQUO?

Como supongo que a estas alturas ya tendrás ganas de leer el libro para pensar cómo llevar a cabo algunas de sus propuestas, una prevención. Este libro tiene un testimonio de Francis Fukuyama, autor de “El fin de la historia y el último hombre”, donde expone que el capitalismo es la mejor ideología para la humanidad. Y en el libro pone el ejemplo de mejora de organización de General Electric, conocida por ser una de las grandes constructoras de centrales nucleares. Y seguramente habrán algunas propuestas de funcionamiento empresarial que te pueden poner los pelos de punta. Aconsejo pasar por alto esto y enfocarse en las formas innovadoras que proponen los autores; no se trata de juzgar lo “malos” que son Fukuyama o General Electric, de lo que se trata es de aprender a funcionar de formas más eficientes, para ir más allá en nuestras organizaciones.

Por otro lado, en el libro hay un ejemplo de empresa verde: Whole Food Market, que es la mayor cadena de productos biológicos de EEUU donde desde siempre, se han explorado con formas organizativas.

Algunas ideas que se me han ocurrido para aplicar a EQUO, leyendo el libro:

  • Crear un grupo para compartir experiencias fructíferas de otros territorios; las buenas prácticas se pueden extender de unos grupos a otros.
  • En cada asamblea de EQUO dedicar recursos para la innovación organizativa y de aprendizaje de habilidades: hacer talleres, intercambio de experiencias, etc.
  • Dar varios propósitos a una tarea. Por ejemplo si hay una reunión de un grupo nuevo para hablar de un tema, organizar la reunión de manera que se desarrolle el sentido de pertenencia y el conocimiento mutuo. 

La mayoría de partidos tienen una estructura muy formada y anquilosada. En EQUO, al ser de nueva creación, tenemos la oportunidad de crear un funcionamiento innovador, efectivo, de liderazgo distribuido.

Pero hay mucho más en el libro y te invito a aprender con él y compartirlo conmigo y otras personas.

Carles Porcel




Túnez en el corazón



Patio romano de la legendaria ciudad de Cartago. Foto: Isa Z.


No hay nada comparable a la emoción de salir de viaje. Las rutinas quedan atrás, todas las ganas de conocer, de saber qué hay detrás de la siguiente colina, se ponen en marcha. La primavera está a la vuelta de la esquina y la llamada a la aventura está ahí, al alcance de la mano. Para mí, desde siempre, pocos lugares hay entre los que he visitado que me atraigan tanto como Túnez, el país blanco y verde. Su mediterraneidad y su variedad de experiencias lo hacen cercano y familiar, ese refugio que todos soñamos tener. Conocido como Tunis en árabe, Tunisie en francés, me gusta llamarlo por su nombre más íntimo, Ifriquiyya.

Para poder entrar en la Ifriquiyya más africana conviene saltarnos la capital, Túnez, demasiado europea y urbanita. Por suerte, hay un vuelo directo entre Madrid y Tozeur, al sur del país. Así, uno se ve aterrizando en mitad del desierto. Se llega de noche a un aeropuerto pequeño y blanco, como una paloma. Tozeur es famoso por su palmeral inmenso, que produce unos dulces dátiles. También es conocido por sus esbeltas mezquitas de ladrillo. En la ruta de las antiguas caravanas del desierto la ciudad es hoy en día un centro turístico importante.

Pasamos la noche en Tozeur y, al día siguiente, salimos a dar una vuelta a un oasis cercano, con sus palmeras, es Chebika. Junto con Tamerza y Mides, esta aldea es una de las tres de montaña, cerca de la frontera con Argelia. Un manantial, un paseo a la sombra del palmeral y una subida al ksar para contemplar la llanura de los chotts desde lo alto, donde se destaca el Chott el Gahrsa. Después de jugar con unos gatos y tomarnos unos tés, decidimos salir a campo abierto, hacia el desierto. Atravesamos unos lagos de sal que apenas tienen agua, son los chotts, de colores cambiantes. Lo fascinante de ellos es que la luz solar reflejada en los cristales de sal nos deslumbra, dándonos una sensación de irrealidad.

Al otro lado del lago salado llamado Chott el Djerid, el más famoso de Túnez, a unos cien kilómetros, se llega a la pequeña Douz. La llaman la Puerta del Desierto, y es un cruce de caminos, de donde partían las rutas caravaneras. En Douz da gusto hablar con la gente, tomarse un té en sus cafetines y regatear por el afán de pegar la hebra. Aquí se celebra en diciembre el Festival Internacional del Sahara, y es un buen punto de partida para recorrer las dunas, como la famosa Gran Duna, en el camino de Gleissia.

A unos 50 kilómetros al suroeste de Douz nos quedamos a pasar la noche, en medio de las dunas anaranjadas. La docena de tiendas o jaimas está situada de cara a La Meca para facilitar el salat, la oración musulmana. Aquí juegan unos niños en la arena, como hace mil años. Ellos juegan, arriba y abajo, en el nítido, limpio desierto. Estamos en un campamento temporal de tiendas, junto a un pozo o bir, en árabe. Las dunas se suceden con la sensualidad de cuerpos deslizantes, complacientes. En el campamento, uno de los beduinos se postra en actitud de oración. Cae la tarde, y yo, en un aparte, envidio a ese hombre que reza con el cuerpo, inclinado sobre su esterilla. Me quedo fuera de su vista, para velar por su intimidad. Aún sin esperarlo, la emoción me anega. Vuelvo el rostro hacia el confín de las dunas, por donde asoma una luna pálida.

En la noche del desierto, estalla la fiesta. Árabes y españoles danzan con más alegría que técnica junto a la hoguera. Lejos de las ciudades, tan solos en esta inmensidad, uno se hace más hermano de los que tiene a su lado. Hay risas y miradas excitadas. Hay niños árabes que enseñan a los niños españoles sus pasos de baile.

De vuelta a Túnez, por pistas de tierra, a bordo de un todoterreno. El país saheliano tiene las dimensiones de Andalucía, y se atraviesa en unas cuatro horas. Nos merecemos una buena cena en la capital. En M’rabet se puede disfrutar de música árabe, danza bereber y buenos platos tradicionales, servidos por un camarero que parece más bien el príncipe Asmar. Por fin estamos cenando en un restaurante, en el corazón de la medina, en Túnez. La cena con otros viajeros se anima con relatos mil y con la mirada de las camareras, mientras los demás, en un patio andalusí lleno de encanto, pasan su cena entre bromas. Un tunecino tañe el laúd para nosotros en un rincón del patio.

A la mañana siguiente estamos en la entrada de la medina, Bab el Bahr, junto a la Porte de France. Luego de callejear por las tortuosas callejuelas del zoco vemos llegado el momento de acercarnos al mar. Tomando un tranvía se puede llegar a Sidi Bou Said, La Goulette y Cartago. Son lugares que conservan ese poder de evocación que le dio a Flaubert la inspiración para escribir Salambó… Desde la colina de Byrsa, donde una vez se levantaron los blancos palacios y los templos púnicos, hasta la pequeña población de Sidi Bou, blanca y azul, nos paseamos sin prisa. Desde el Café des Nattes bajamos a la playa de Cartago, donde me detengo con mi hija, y señalando la bahía, creemos ver por donde los trirremes fatales de Roma llegaron un día para arrasar la opulenta Cartago.

Túnez es también el país de una escritora y aventurera, Isabelle Eberhardt. En 1899, después de viajar por Argelia y Túnez, se detuvo en Susa para visitar el Sahel tunecino y la costa de Moknine. Enamorada del país escribió Los diarios de una nómada apasionada, y conoció en profundidad la sociedad beduina y la opresión del colonialismo francés. Esta mujer, este ser “solitario y dolorido”, pudo pasar la barrera de la cultura y dejar de ser una europea curiosa, una mera espectadora, para pasar a ser considerada uno de ellos. En sus Hacia los horizontes azules, mi peripecia viajera en Ifriquiyya se identifica plenamente.

En estas tierras tunecinas, de gentes sencillas, musulmanas y alegres, me siento como en casa, me siento en paz. As Salam aleykum, un saludo.




Por Francisco Ortiz / Fotografía: Isa Z.

Resistencia y resiliencia



Si preguntara en Cádiz que es la resistencia y que es la resiliencia, me dirían que su ciudad tiene tres mil años de antigüedad y mil quinientos de desempleo. Yo, que soy más trágico que carnavalesco, lo explico usando la historia y el género. La resistencia es la historia hasta el siglo XX y la resiliencia será la historia a partir del siglo XXI. Hasta el siglo XX han sido tiempos masculinos, mientras que el siglo XXI inaugura el tiempo de lo femenino. Veámoslo con cuentos populares y canciones infantiles.

El redoblar de los tambores ha sido constante en la historia: guerras de conquista, de reconquista, dinásticas, religiosas, de colonización. Como los malvados duendes Kallikantzaros, hemos cubierto de hachazos el Árbol del Mundo. La canción de Mambrú: «Mambrú se fue a la guerra, que dolor, que dolor, que pena (…) Mambrú se ha muerto ya…», ha sido cantada constantemente, una y otra vez. Guerras, tantas guerras que hemos aprendido a resistir. Luchas de resistencia, movimientos de resistencia, resistencia civil, guerras de resistencia. El lema de la resistencia: «No pasarán». Clavarse al suelo para no moverse, mantenerse firme, persistir. Resistir es honrar, reverenciar. Muerte, destrucción, sufrimiento. Puro heroísmo sacrificial. Vence quien es capaz de poner encima de la mesa, y resistir, mayor número de muertos. Nadie pregunta: ¿después qué, después cómo? Resistir es testosterona sin ritual ulterior de purificación. Es pasar de la sangre a la fábrica y viceversa. Pero el final de las resistencias, ya sean golpes de martillo y escoplo sobre las cervicales o soldaditos y bailarinas de plomo, es un final entre cenizas, entre las que no quedan corazones o lentejuelas.

Los redobles de tambor, los gritos de terror, no ahogan, sin embargo, el hartazgo de las mujeres por la sangre derramada que nada crea. De la violación como arma de guerra. De las inseminaciones patrióticas por soldados, para reponer las pérdidas humanas de la guerra, por la falta de hombres en las aldeas. De la humillación, de la vergüenza. Del abuso de lavar en el río, de hacer el pan, de buscar agua y leña. De ser usadas. De ser privadas de todo, hasta del placer. A pesar del miedo las mujeres se han dicho: ¿¡quién teme al Lobo Feroz!? Han decidido afrontar el dolor en positivo, superar el desaliento, la impotencia, no esperar pasivamente soluciones. Y han resuelto rescatarse ellas mismas, no esperar que las rescate ni el estado ni nadie, pues como dice una amiga mía: «todos los príncipes azules destiñen». Y muchos destiñen rojo, rojo sangre. 

La estrategia es reducir el daño, pedir y dar apoyo, usar la vitalidad, el humor. Han construido para defenderse del Lobo Feroz una resistente casa de ladrillos: Villa Resiliencia. En África, en América Latina, ante la violencia y la injusticia han tejido alianzas y han comenzado a crear iniciativas locales de vida sostenible, centradas en ellas y su entorno familiar. Usan la creatividad. Plantan árboles, cuidan ríos, son las Mujeres Árbol, las Mujeres Río, nuevas formas de lucha contra la opresión política, la injusticia y a favor de la protección y conservación del medio ambiente. Wangari Maathai o Berta Cáceres son ejemplos. Las mujeres han aprendido las ventajas de que la carroza sea una calabaza, pues así además de transporte proporciona alimento. Slow y ecológico.

Pero si hay mujeres resilientes es porque hay hombres que se resisten.





Francisco Soler