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Se ha escrito un crimen o el comienzo del curso escolar 2020-21


Estamos viviendo probablemente el curso escolar más atípico desde la posguerra. La aparición de la pandemia de la COVID19 el curso pasado trastocó el curso escolar con consecuencias que todavía no se perciben con demasiada claridad. Sabemos que un porcentaje del alumnado se desconectó durante el confinamiento, que afectó especialmente al alumnado vulnerable (con necesidades lingüísticas, de PMAR, con problemas de aprendizaje, con escasos medios, etc.). El Ministerio de Educación y las Consejerías de Educación calcularon que entre un 10 a un 15% del alumnado, que varía mucho entre CC.AA., barrios, ciudades, etc., se desconectó durante este período. Añadan al trimestre dado a medio gas, con el pobre sustitutivo que son las clases online, el tercio de aprendizaje que se pierde en los meses de vacaciones de verano y comprobarán que el panorama es desolador.

Si el problema hubiese sido sólo de medios, se hubiera solventado con cierta rapidez. Pero a los medios hay que añadirles la falta de competencias para el uso de las herramientas digitales (aunque sea irónico al hablar de los famosos “nativos digitales”), los problemas de conexión a internet, los problemas de espacio o que el aparato que había en casa se tuviese que repartir entre varias personas.

La enseñanza presencial es insustituible para todo el alumnado, que no sólo aprende conceptos, teoría, competencias, educación en valores, ciencias, letras, artes, u otras disciplinas, sino que también aprende a socializarse, a ser disciplinado, a pensar por sí mismo, etc. Todo esto es muy difícil de transmitir a través de una pantalla y con distracciones alrededor. No se logra el mismo efecto. Recordemos que en la Universidad, donde el alumnado no necesita tanto el espacio de socialización o la tutorización de un docente, los estudios que más se abandonan son los online.

Si estamos de acuerdo con que la Escuela presencial es insustituible, y así nos lo han hecho saber la Ministra de Educación, Isabel Celáa, como los Consejeros/as de Educación de las CC.AA., habría que intentar lograr que la vuelta a las clases sea lo más segura posible, aunque sepamos claramente que no pueden ser 100% seguras.

La propuesta más evidente y clara es utilizar los fondos COVID, que ha puesto el Gobierno central a disposición de las CC.AA., reducir las ratios y contratar docentes. Esto choca en numerosas CC.AA. con la política que se estaba llevando desde hace tiempo, o se ha empezado a ejecutar en esta legislatura, que es perjudicar a la Escuela Pública en favor de la Concertada-Privada. Pongamos que hablo de Madrid o de Andalucía. En el caso de Madrid, que es la Comunidad modelo de la política neoliberal, segregadora y clasista del PP (y las derechas nacionalistas, con la excepción del PNV), lleva años “desmochando” a la Educación Pública a favor de la Concertada-Privada, teniendo el mayor número de alumnado matriculado en estas (53% frente al 47% respectivamente), además de ser la Comunidad más segregada de España por clase social y que ha tenido varios casos de corrupción derivados de la adjudicación de suelos a dichos centros. Si la COVID19 ha demostrado la necesidad de fortalecer lo Público, en especial la Sanidad y la Educación, ¿por qué el Gobierno de Díaz Ayuso (y otros presidentes del PP) va a dar marcha atrás a su programa político en estas circunstancias? Es evidente que reducir las ratios y contratar docentes va a mejorar la calidad de la Educación y puede reducir la distancia entre la Pública y la Concertada-Privada, pero si la Pública mejora habría menos incentivos para enviarlos a la Concertada. Reforzar el Estado del Bienestar no está en la agenda del PP tal y como están demostrando. La pregunta es obvia: ¿Qué han hecho las Comunidades Autónomas del PP, la catalana y alguna del PSOE con los fondos COVID? Porque las propuestas de muchas Consejerías son claramente insuficientes para afrontar las necesidades de la Educación, además de que en algunas Comunidades los fondos serán repartidos para contratar personal entre la Pública y la Concertada. En Andalucía, como en otras Comunidades, se descarta bajar las ratios. Les pongo un ejemplo, en Andalucía, en mi IES hay 3 clases, dos de 2ºESO y una de 4ºESO, a 34 alumnos/as y no nos han permitido hacer desdobles.

Algunas CC.AA. están contratando sucedáneos de docentes que son los llamados “docentes COVID”, digo sucedáneos porque los contratos, aunque son prorrogables, serán hasta diciembre, lo que complica a los centros escolares su asignación para tareas concretas. El segundo problema que tienen es que dichos docentes (dos de ciencias y dos de letras en el caso andaluz, aunque no se saben de qué especialidad) si no llegan antes del claustro de comienzo de curso no se les podrá asignar un horario como al resto de los docentes y habrá que rellenar sus horarios de guardias y más guardias. Sería mucho más interesante bajar las ratios para reducir las posibilidades de contagio, contratar a más docentes (CC.OO. calcula que hacen falta unos 70.746 docentes para todo el país) para mejorar la calidad de la Educación y poner medios para que si se produce un confinamiento en alguna clase o centro el alumnado pueda seguir las clases a distancia correctamente.

Por último, las Consejerías de Educación han delegado sus funciones de orientar con protocolos claros a los centros escolares, que luego se pudiesen modificar según las necesidades de cada centro. Dicho de otra manera, han hecho dejación de funciones endosando las responsabilidades a los equipos directivos y a los/las coordinadores/as COVID, que han recibido una formación de 10 horas y son las personas responsables de realizar los protocolos en cada centro. De enviar a personal con conocimientos y formación sanitaria suficientes nada de nada, que con un curso de 10 horas y buena voluntad se arregla todo. Esa dejación de funciones tiene un objetivo claro: responsabilizar a los equipos directivos o al coordinador/a COVID de los problemas acaecidos en el centro escolar con respecto a la pandemia. Por no hablar de la pruebas que se hará a los docentes, desde el negocio que ha montado el PP de Madrid para RIBERA Salud, pasando por las enormes colas, o lo irracional de que las pruebas no se hagan con mayor frecuencia.

Para que no titulemos este inicio escolar como “Se ha escrito un crimen”, las Consejerías de Educación deben velar por los intereses de los educandos y de los trabajadores de nuestro sector. Reforzar lo Público es imprescindible, no sólo por justicia sino también por Salud Pública.

  

Por Pedro González de Molina Soler. Profesor de Geografía e Historia, ExSecretario de Educación y Formación de Podemos Canarias y militante de CCOO.


Educación y desigualdad social: Un reto que afrontar


Las crisis tienen la virtud de sacar a relucir las desigualdades preexistentes. Muchas se encontraban ocultas a los ojos por el velo de la cotidianidad. Este es el caso de la Educación. En cuanto pasamos a un sistema online de estudio y de evaluación se le ven las goteras al sistema educativo, que ha afectado a nuestro alumnado de forma desigual.

Por un lado, nos encontramos a una minoría del profesorado que no estaba habilitado para poner en funcionamiento una clase online y que han tenido verdaderas dificultades para poder seguir con su práctica docente. Por otro lado, tenemos una parte del alumnado, que suele coincidir con el que más fracasa escolarmente, o con el alumnado vulnerable (ya sea socialmente o por problemas idiomáticos), que se ha desconectado durante este proceso o tiene serias dificultades para poder seguir las clases. A lo que hay que añadir una aparente paradoja: aunque el alumnado de secundaria sea “nativo digital”, es decir, que ha nacido con un móvil en la mano y sabe usar los programas estilo Instagram, Tiktok o Twitter, no necesariamente esto implica que sepan usar correctamente el correo electrónico, un procesador de textos o que hagan búsquedas correctas de información en internet sin ir directamente a la Wikipedia. Por consiguiente, no es suficiente con ser nativos digitales, sino que hay que enseñarles y entrenar habilidades para su correcto uso.

Esta situación anómala que vivimos ha afectado más al alumnado de clase baja que al resto. Por grande que haya sido el esfuerzo del profesorado para compensar las carencias, la indudable e importante función socializadora de la Escuela ha quedado suspendida temporalmente, lo que ha afectado más a los menos favorecidos. Esto es debido a que el escaso capital cultural, la poca ayuda que le pueden ofrecer sus progenitores para hacer los deberes, a veces la falta de medios adecuados para poder estudiar o conectarse (ya sea porque no tienen ordenador y sólo tienen móviles, o porque comparten un ordenador entre varias personas), etc., lastran su aprendizaje. Por no hablar de que una parte importante del proceso de enseñanza-aprendizaje se realiza a través del contacto directo y de las emociones, que son difícilmente sustituibles por las plataformas online y los vídeos que se graban los y las docentes. Es cierto que la brecha digital es un problema, pero en realidad es un síntoma de la brecha social que existe entre nuestro alumnado.

El problema no sólo es económico (falta de recursos económicos para estar conectados), aunque podría ser solventado con una inversión por parte del Estado (como ocurre en algunas CCAA), sino que es también cultural, de capacidades y habilidades para poder aprender en este paso a la enseñanza online. Y aún teniendo los medios para realizarlos arrastrarían otros problemas como el desfase curricular y cultural respecto al alumnado más favorecido que impide el cumplimiento de la tan manoseada igualdad de oportunidades. Dicho de otra manera, la desconexión de una parte del alumnado que el Ministerio de Educación cifra en un 10% sobre los 8,2 millones de alumnos/as de enseñanzas generales, es otra cara de la segregación escolar por clase social que ya existía antes de la crisis del COVID19 y que amenaza con agrandar la brecha educativa precedente.

De hecho, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) ha realizado proyecciones sobre las consecuencias que tendrá el cierre de colegios por la pandemia. Entre los posibles efectos negativos que sugiere el informe destaca que el impacto por el cierre de los centros escolares en España podría ser de hasta el 3% de la desviación estándar. Es decir, un alumno que vuelva a clase el 1 de junio perdería el equivalente a un 11% de lo que se aprende en un curso escolar. También calcula que habrá repercusiones negativas en el largo plazo, como sería la reducción de un 1% del salario al alumnado afectado cuando alcancen los 30 y 40 años. Tendría, además, un impacto sobre la tasa de abandono escolar que podría aumentar sensiblemente en el alumnado vulnerable.

La situación de la pandemia coloca a una parte del alumnado en una situación muy precaria, ya que no pueden seguir aprendiendo, lo que nos demuestra la importancia de la Escuela como tabla de salvación que puede servir para que muchos alumnos/as no caigan en la exclusión social.

Por consiguiente, si queremos una Escuela más inclusiva y que afronte los verdaderos problemas que aquejan a nuestra Educación, que no son otros que las desigualdades educativas múltiples y las desigualdades de oportunidades educativas, debemos encarar los problemas fuera del debate empobrecido que se ha instalado en los medios de comunicación y de los discursos vacuos de la “modernización” de la Escuela que tienen algunos partidos y grupos de presión empresariales.

Nuestro sistema educativo debe ser más inclusivo. Para ello las políticas educativas han de estar unidas a políticas de carácter social, ya que el problema del alumnado vulnerable no se soluciona sólo aportando más recursos económicos, sino produciendo un cambio en los barrios deprimidos donde viven. Eso significa que hay que subir el nivel cultural, en general, de nuestro alumnado para compensar las diferencias con el más favorecido.

Hay que enterrar el discurso de la meritocracia, basado en la falsedad de “quien quiere, puede”, ya que obvia los graves condicionantes sociales, culturales y económicos que lastran las posibilidades de unos alumnos/as, mientras que a otros los catapultan hacia las estrellas. Este discurso es reaccionario puesto que tiende a ocultar las desigualdades de clase bajo la figura del “triunfador”, del hombre (o mujer) hecho a sí mismo que logra escalar en la pirámide social con su solo esfuerzo. Ejemplos de ellos tenemos algunos como Amancio Ortega; obvia decir que en España hay un sólo Amancio Ortega y que ese tipo de “triunfo”, de ser deseable, no es el destino de la inmensa mayoría de nuestro alumnado.

Tenemos que realizar políticas que reduzcan la segregación escolar por clase social. Somos un país bastante segregador dentro de la UE, con Comunidades como Madrid que son de las más segregadas de Europa. No podemos permitir que en nuestro país tengamos centros guetto. Habría que redistribuir al alumnado con dificultades de aprendizaje y al alumnado inmigrante entre todo el sistema educativo. No se debería permitir que la Concertada siga escogiendo a su alumnado por razones de clase social, obviando que juega un papel auxiliar y de apoyo a la Educación Pública. Esta máquina de segregación por clase social que es la Escuela concertada compite para obtener fondos de las Consejerías de Educación en detrimento de la Pública. Dicho desvío de fondos, justificado por una supuesta “libertad de elección” por parte de los padres y madres no es otra cosa que seguir acentuando la brecha social y educativa, puesto que empobrece a la Enseñanza Pública muy necesitada de personal y recursos y que atiende al alumnado con mayores dificultades.

Hay que realizar una fuerte apuesta por una formación continúa de calidad para nuestros docentes a lo largo de toda su vida laboral, que supere los más que claros límites de la formación impartida por los órganos dependientes de las Consejerías de Educación. La calidad del profesorado marca, sin duda, la calidad del sistema.

Estos y otros tantos asuntos deberían ser prioridad para aquellos que creen que la Escuela debe jugar un papel de redistribución de los roles en nuestra sociedad y no sólo como reproductor de las desigualdades sociales (aunque siempre se den de manera deformada). La crisis del COVID19 ha desvelado aquellas problemáticas, más allá de la brecha digital, que estaban presentes en nuestra sociedad y que hay que abordar para lograr un siglo XXI más justo socialmente y que dé más oportunidades a aquellos que no las tienen.


Por Pedro González de Molina.
Profesor de Geografía e Historia. Ex-Secretario de Educación y Formación de Podemos Canarias. Militante de CCOO.


¿Educación siglo XXI?



¿Se imaginan que en un tiempo no muy remoto las instituciones educativas decidieran prescindir de la ‪#‎Literatura‬ o la ‪#‎Historia‬ en los planes de estudio, argumentando su falta de interés social y de relevancia para el tejido económico? Seguramente se llevarían las manos a la cabeza. Pues vayan remojando sus barbas porque las del vecino ya se están pelando. Véase si no la tendencia economicista que está imperando en las políticas educativas, reduciendo poco a poco áreas como ‪#‎Música‬, ‪#‎Plástica‬ y ‪#‎Filosofía‬. Y se está llevando a cabo no solo mediante la reforma del currículo de Secundaria, sino también aislando a estas disciplinas en su seno académico, las ‪#‎universidades‬

Sin embargo, seamos críticos, este no es un problema solo político, lo es también social. Crece la tendencia a despreciar todo conocimiento que no tenga un rédito cuantificable, una utilidad práctica tangible a corto plazo. Asimismo, la crisis económica ha prestado alas a esta idea, sentenciando que la escuela debe tener como objetivo primordial preparar a los alumnos para la vida laboral. De ahí que disciplinas que no aporten contenidos curriculares que favorezcan esta integración son prescindibles. 

Crece también una ‪#‎pedagogía‬, alimentada por editoriales y otras empresas afines al sector educativo, que difunde esta cultura pragmática, tecnificada, cuantificadora, y que ha cuajado en las instituciones educativas. Recuerden que el actual ejecutivo en funciones llegó a proponer que la nueva ‪#‎Selectividad‬ se realizara con el modelo de examen tipo test. ¿Se imaginan preguntando contenidos de Filosofía mediante este método? ¿Aseguraríamos un conocimiento crítico y analítico?

El alumno en la Europa del siglo XXI se convierte en un dato estadístico, un potencial cliente, un consumidor. La necesidad de ‪#‎aprender‬ per se, sin tutelas ni condicionales, va camino de convertirse -si es que ya no lo ha hecho- en un género poético, mera metafísica. Técnicos ajenos a lo educativo, contables, expertos en coaching empresarial, teledirigen la escuela.

Lo inquietante de todo esto es que acabe calando en la ciudadanía y acabemos por asumir como razonable lo que antes nos resultaba intolerable. La defensa de la cultura porque sí, sin más razones que su mera existencia, como patrimonio irrenunciable, debe provenir sobre todo de la vida cotidiana, debemos ser los propios ciudadanos quienes sintamos como inviolable el derecho a mantenerla. Nuestra propio déficit cultural abre la puerta a aquellos que quieren debilitarla.


Ramón Besonías

PRINCIPIOS COOPERATIVOS


Primero:Libre Adhesión
Las cooperativas son organizaciones voluntarias, abiertas para todas
aquellas personas dispuestas a utilizar sus servicios y dispuestas a
aceptar las responsabilidades que conlleva la condición de socios, sin
discriminación de género, raza, clase social, posición política o religiosa.
Segundo:Control democrático de los socios
Las cooperativas son organizaciones democráticas controladas por sus
socios, quienes participan activamente en la definición de las políticas y
en la toma de decisiones. Los hombres y mujeres elegidos para
representar a su cooperativa, responden ante los socios. En las
cooperativas de base, los socios tienen igual derecho de voto (un socio,
un voto), mientras en las cooperativas de otros niveles también se
organizan con procedimientos democráticos. 
Tercero: Participación económica de los socios
Los socios contribuyen de manera equitativa y controlan de manera
democrática el capital de la cooperativa. Usualmente reciben una
compensación limitada, si es que hay, sobre el capital suscrito,
como condición de socio. Los socios asignan excedentes para cualquiera 
o todos los siguientes propósitos: el desarrollo de la cooperativa, mediante la
posible creación de reservas, de las cuales al menos una parte debe ser
indivisible; los beneficios para los socios en proporción con sus
transacciones con la cooperativa; y el apoyo a otras actividades, 
según lo aprueben los socios.
Cuarto: Autonomía e independencia
Las cooperativas son organizaciones autónomas de ayuda mutua controladas
por sus socios. Si entran en acuerdos con otras organizaciones
(incluyendo gobiernos) o tienen capital de fuentes externas, lo realizan
en términos que aseguren el control democrático por parte de sus
socios y mantengan la autonomía de la cooperativa.
Quinto: Educación, entrenamiento e información
Las cooperativas brindan educación y entrenamiento a sus socios, a sus
dirigentes electos, gerentes y empleados, de tal forma que contribuyan
eficazmente al desarrollo de sus cooperativas. Las cooperativas informan
al público en general, particularmente a los jóvenes y creadores de
opinión acerca de la naturaleza y beneficios del cooperativismo.
Sexto: Cooperación entre cooperativas
Las cooperativas sirven a sus socios más eficazmente y fortalecen el
movimiento cooperativo, trabajando de manera conjunta por medio de
estructuras locales, nacionales, regionales e internacionales.
Séptimo: Compromiso con la comunidad
La cooperativa trabaja para el desarrollo sostenible de su comunidad por
medio de políticas aceptadas por sus socios. Al mismo tiempo que se
centran en las necesidades y los deseos de los socios, las cooperativas
trabajan para conseguir el desarrollo sostenible de las comunidades,
según los criterios aprobados por los socios.
Aprobación de Principios y Valores Cooperativos adoptada por la Asamblea General
de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), en setiembre de 1995 en la ciudad de Manchester,
con motivo de la celebración del Centenario de la Alianza (fundada en 1895)

LECCIONES DE DINAMARCA


En el estado actual de derrumbe de la economía española conviene no perder la calma. Se hace preciso mirar al horizonte y observar modelos de economías que han producido resultados satisfactorios. El modelo español impulsado por el motor de la construcción no fue un modelo en sí mismo reprobable. Cuando estaba a su máximo rendimiento los propios resultados no invitaban a buscarle defectos. Y ello en el entendido de que los modelos no son imperecederos y eternos. El milagro español dió satisfacciones, supuso un crecimiento económico superior al que proporcionaban otros modelos y generó un dinamismo que permitió avanzar en otros sectores. No conviene, pues, demonizar al sector de la construcción por más que en su interior tuviera un mecanismo de sobrealimentación que terminó estallando. Otras opciones de modelo productivo aparentemente llenas de I+D y de generación de conocimiento han terminando agotándose. Buen ejemplo es Finlandia con las dificultades por las que atraviesa su gigante tecnológico Nokia.

Los modelos se agotan y se hace preciso reorientar la economía. Ahora , desde el sonido de fondo de los ataques de histeria de los mercados y las caras de incredulidad de los políticos y economistas , hay que mirar por encima , de lejos. Comparar, estudiar, analizar. No se pueden recuperar las tasas de crecimiento o empleo mirando hacia el cielo esperando que llueva, o confiar la solución a los gurús de saldo que aparecen por sorpresa. Es preciso planificar en un empeño común y en una finalidad compartida. Cuanto más claro tengamos lo que hay que hacer y más nos unamos en conseguir los objetivos, España tendrá una oportunidad de oro para situarse de forma estable y fuerte en la cima de la economía. Lo digo completamente en serio.

Generalmente , al hablar de modelos económicos ejemplares, se alude a Finlandia, aunque aquí la literatura se centra en su modelo educativo, a Suecia, a Noruega , al estado de California y , hasta el crash de 2008, a Islandia. Sin embargo, nunca he oído hablar de Dinamarca.

Lo comento porque he tenido ocasión de leer últimamente un estudio de la Fundación IDEAS sobre Dinamarca. Se denomina “ El modelo danés: Un éxito en Europa” (se puede descargar de la página web de este organismo de análisis y estudios-www.fundacionideas.es). El autor es Mogens Lukketoft, un socialdemócrata que disecciona con precisión las características del modelo danés. A modo de resumen , este modelo se basa en los siguientes pilares:

1.- Prioridad en la educación. Se cumple el principio de que existe una ecuación perfecta entre educación- ausencia de corrupción-competitividad. Se configura una educación de alta calidad que hace hincapié en el desarrollo de competencias sociales. No se ha dejado en el cubo de la basura a la formación profesional.

2.- Política industrial muy liberal. Llama la atención que un socialdemócrata muestre como logro que el Gobierno danés no acuda a auxiliar a empresas en dificultades. No obstante, se evidencia que hay modelos y actuaciones que están por encima de ideologías políticas asentándose en el terreno del sentido común.

3.- A regañadientes, les ha costado desprenderse del sector público por exigencias de la integración en la Unión Europea. No obstante, el sector público que queda es eficiente y orientado al ciudadano.

4.-Apuesta por las energías alternativas.

5.-Modelo de relaciones laborales definido, basándose en salarios mínimos altos( es el país con los salarios mínimos más altos del mundo) , práctica eliminación de sectores de baja remuneración al reducir, a través de un esfuerzo educativo, a los trabajadores de baja cualificación y apuesta por el modelo de flexiseguridad , lo que exige reducción de los días de indemnización en caso de despido. Es así, el país con el modelo más flexible de mercado laboral.

Particular atención merece la modulación del porcentaje de la prestación por desempleo a la retribución : los que percibían mayor salario reciben menos cuantía de subsidio y los que percibían menos retribución tienen un porcentaje más alto. Supone, pues, un mecanismo de garantía para evitar perder la vivienda en caso de paro. Todo ello con la idea básica de formar a cualquier trabajador que pierda su empleo en nuevas competencias. Así se ha logrado una baja tasa de desempleo (6.6% en 2010) y que Dinamarca se constituya como el país del mundo con menor desigualdad salarial.

6.-Política fiscal definida. Impuesto de sociedades reducido ( al 25%) . Contribuciones reducidas de los empleadores y un impuesto de la renta alto ( 46% de media).

Un aspecto que merece destacarse del modelo danés es la rapidez de adaptación a situaciones de crisis y cambio de fórmulas y , por encima de todo, la capacidad de los socialdemócratas y conservadores de llegar a acuerdos sobre aspectos esenciales de la economía: política de tipo fijo, gravámenes sobre las plusvalías, impuesto de la renta, IVA... La relación entre los sindicatos ( con un alto nivel de afiliación- el 75% de los trabajadores está sindicado) y la patronal es de colaboración y entendimiento, teniendo el gobierno un papel muy discreto en los procesos de negociación.

Indudablemente, España no es Dinamarca y las soluciones no pueden ser exactamente iguales, pero la lectura de este documento nos lleva a una reflexión comparativa y una conclusión final. La reflexión comparativa salta a la vista:
  1. Dinamarca lleva apostado por la excelencia en la educación desde sus niveles más básicos desde los años 50. Aquí, la prioridad de la excelencia educativa apenas acaba de entrar en la agenda pública. Recientemente nos hemos dado cuenta de que nuestro modelo educativo es ineficiente.
  2. España lleva a cabo una política industrial llena de incentivos y dependencias, frente a Dinamarca que adopta un modelo liberal.
  3. Nuestro sector público, salvo honrosas excepciones, no está orientado al ciudadano. Está orientado a la estructura y necesidades de la propia Administración . El crecimiento del sector público- sobre todo en entes locales y comunidades autónomas- con agencias y empresas públicas , no tiene un fundamento claro de mejora de la calidad y eficiencia a la vista del extraordinario coste presupuestario y resultados de gestión.
  4. Nosotros no tenemos un modelo moderno y definido de relaciones laborales .Lograr el acuerdo sobre cambios sustanciales resulta tarea casi imposible. Los sindicatos giran en torno a concepciones derivadas de relaciones de producción ya superadas y a los empresarios les falta la dosis de audacia necesaria en estas situaciones. Al Gobierno se le exige un papel destacado en la consecución de los acuerdos, puesto que las posturas de partida de los empresarios y sindicatos son encontradas, cuando no prácticamente irreconciliables. Con estos elementos es más probable no llegar a acuerdos o lograr auténticos engendros que no resuelven las situaciones.
Añadiríamos una consideración adicional: Dinamarca es el país del mundo con menor grado de corrupción en sus instituciones (según el Indice de Corrupción Percibida – CPI de Transparencia Internacional). Existe un altísimo grado de confianza en sus gobernantes y en el sistema. Se sabe que el dinero público se utiliza adecuadamente. Además, es uno de los países con menor discriminación por razón de sexo. Todos estos elementos lo sitúan a la cabeza mundial en niveles de competitividad.

La reflexión final nos lleva a una sana envidia: hay países donde la cultura del diálogo y el acuerdo les hace avanzar ,reaccionando con rapidez a los cambios que se producen en la economía. En el modelo danés, con sus claroscuros- que los tendrá- late el acuerdo, el consenso, el tener definido el camino a seguir. En España nos faltan reflejos, rapidez, planificación y, sobre todo, acuerdo. Nos sobra potencial, pero carecemos de capacidad de consenso. Como siempre, el problema de España es de mentalidad.


Jesús Ferreiro
Politinomics
puentes.blogspot.com