Tratado teológico – político, Baruch Spinoza


“Que contiene diversas disertaciones que muestran cómo la libertad de filosofar puede garantizarse sin perjuicio de la piedad y la paz del estado, y que no puede destruirse sin que se destruyan también la propia piedad y paz estatales”. Así nos presenta Spinoza su Tratado teológico político.

María José Villaverde nos dice que el objetivo de Spinoza al escribir su Tratado teológico-político fue el de defender la libertad de pensamiento y expresión, combatiendo a la vez a los predicadores intolerantes, con la intención de minar su autoridad.

Spinoza defiende que el valor de la religión es el de promover entre las personas elementales reglas morales de justicia y caridad. Lo que cuenta es su función social, no sirve para determinar qué es verdad o qué no lo es: poco importa admitir el libre albedrío o creer que todo está determinado, poco importa aceptar o no la existencia de un más allá donde se premia a los buenos y se castiga a los malos.

Las religiones reveladas son solamente útiles para aquellos que no se quieren regir por la autonomía de la razón y la propia voluntad, obedecen a mandato ajeno y dejan constancia de que en sus acciones no son autónomos sino dependientes de otro: “A quien da a cada uno su derecho, solo por miedo al poder público, obedeciendo a una autoridad extraña y bajo la presión del mal que recela, no se le puede llamar justo. Al contrario, el que da a cada uno su derecho, porque conoce la razón de las leyes y su necesidad, obra con cuidado constante, no por voluntad extraña, sino por la propia, merece realmente el nombre de justo” (Spinoza, Tratado teológico-político, Tecnos, p. 21).

El ámbito de la religión es el de la obediencia, la sumisión y el sometimiento, el ámbito de la razón es el de la libertad. Las autoridades religiosas no tienen competencia sobre la verdad. Todo credo es tolerable siempre que salvaguarde los principios públicos de libertad de pensamiento y expresión y tan sólo sea aplicable a sus fieles, no a los demás ciudadanos. Si no obra así, no sólo debe ser prohibido, sino también combatido.

El fin del estado no es el de dominar a los individuos y someterlos al derecho de otro, sino el de permitir a cada uno que conserve el derecho natural que tiene a la existencia sin daño propio ni ajeno. La libertad de pensamiento y expresión debe ser salvaguardada y las autoridades públicas, el estado, deben ser el garante de esa salvaguarda, si no lo hacen estarán cometiendo impostura. La democracia (si es de índole deliberativa, mejor) es el medio más adecuado para salvaguardar el marco de seguridad y libertad que posibilita la autorrealización humana. Una autorrealización que sólo se puede experimentar de manera individual, pero que no puede darse sin la concurrencia, el respaldo, la complicidad, la comprensión y la colaboración del resto de la sociedad: “Sin la ayuda mutua (las personas) viven necesariamente en la miseria y sin poder cultivar la razón” (Spinoza, Tratado teológico-político, Alianza, p.334).

Según Tierno Galvan, para Spinoza “cualquier concepción religiosa y cualquier forma exterior de culto son compatibles con cualquier forma de estado, siempre que se mantengan en los límites de la razón […] La razón, en cuanto tiene que ordenar el mundo, tiene que ordenar la religión […] La fe, o, en otros términos, la religión, no justifican la política. El pensador político no lo es si está condicionado por principios religiosos” (Tratado Teológico-político. Estudio preliminar, Tecnos, pp. LXXIII-LXXVI).

(Notas tomadas de Spinoza y de Villaverde Rico y Tierno Galván en la introducción y estudio preliminar del Tratado teológico-político de Baruch Spinoza, Tecnos, 1996, en 5ª edición de 2010)

#TerritorioCarbonilla


4 comentarios:

A Politeia dijo...

nada hay externo al sistema de la existencia, pues la ética es sólo una expresión de la ontología http://territoriocarbonilla.tumblr.com/post/106448706671/etica-y-ontologia #TerritorioCarbonilla

A Politeia dijo...

Baruch Spinoza expone sistemáticamente, por primera vez en occidente, un vitalismo capaz de conservar la vivencia religiosa sin la concurrencia de un dios personalizado y transcendente y sin derribar por ello las murallas del mundo: nada hay externo al sistema de la existencia, pues la ética es sólo una expresión de la ontología (Tierno Galván en el estudio preliminar del Tratado teológico-político de Basuch Spinoza, Tecnos, 1996, en 5ª edición de 2010).

Germán Jiménez dijo...

Gracias por recordarlo en unas fechas en las que una fe vuelve a imponerse sobre la razón y el sentido común.

A Politeia dijo...

Un placer, Germán. Salud

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