La economía se ha convertido en los
últimos 4 años en el principal tema de preocupación en nuestro
país. El estallido de la burbuja inmobiliaria, la crisis financiera
de 2007/2008 y, posteriormente, la crisis de la deuda pública
provocada por la especulación de los mercados han hecho saltar todas
las alarmas: rápido aumento del desempleo (todo apunta a que seguirá
creciendo en los próximos años), cierre de empresas, desahucios de
viviendas por impago de hipotecas, etc. Todo ello unido a medidas
políticas y económicas impulsadas desde la Unión Europea y
secundadas por nuestros gobiernos: recortes sociales, reformas
laborales, reforma de la Constitución, ayudas a la banca, etc.
Esta situación y estas políticas han
sido ampliamente analizadas desde la izquierda, dando una visión muy
crítica del proceso que nos ha llevado hasta aquí e incluso
haciéndose propuestas de medidas alternativas a las que se imponen
desde el BCE y la derecha y la socialdemocracia europeas.
Pero en estos análisis, hay dos
elementos que no se están teniendo suficientemente en cuenta a la
hora de hacer propuestas de cambio en las políticas económicas:
- La liberalización de los mercados a nivel global y la consecuente deslocalización de la producción.
- Los límites físicos al crecimiento de la economía. Las propuestas para solucionar el desempleo ya no pueden pasar por la necesidad de reactivar la economía, en el sentido clásico de crecimiento del PIB. Nuestro planeta es limitado y los recursos disponibles también, por lo que hay que hacer propuestas más creativas y políticamente más arriesgadas, que pueden ir desde el reparto del empleo (y de la riqueza), al cambio de modelo productivo por otro más centrado en las necesidades básicas que tenemos como especie, menos productivista de objetos y menos consumidor de energía.
En esta ocasión, me voy a centrar en
el primero de los elementos.
Parece que la globalización ha entrado
en nuestros hogares y la hemos aceptado como algo propio de los
tiempos y como símbolo de modernidad. Sólo tenemos que analizar
nuestra cesta de la compra:
- ¿Cuál es el origen de la ropa que nos ponemos?: aun cuando sean firmas españolas, prácticamente toda lo confección está deslocalizada en Asia, Marruecos o América Latina.
- ¿Cuál es el origen de muchos de los alimentos que compramos?: ajos, miel, legumbres y cada vez más alimentos de China, frutas tropicales y carnes de América latina, tomates de Marruecos, cada vez más aceite de oliva de Túnez o de Turquía (aunque no se identifique en el envase), etc.
- Desde hace relativamente poco tiempo, ¿de dónde vienen los muebles que compramos?: México, Asia, etc. El modelo IKEA se ha impuesto y lo vemos como algo normal.
- Nuestros barrios se han llenado de “chinos” o “moros”, el concepto de tienda de “20 duros” o “1 €”, productos de importación, muy baratos y de mala calidad, que todos visitamos a diario para comprar todo tipo de artículos para el hogar, en busca de la última ganga.
En definitiva, ¿qué ha pasado con
todo el sector productivo que había en España hace 30 años?: un
importante sector textil, el sector del mueble, la industria de los
electrodomésticos,… Prácticamente todo se ha perdido, ya que no
pueden competir con los salarios asiáticos, con el trabajo infantil,
con la inexistencia de leyes ambientales, etc.
¿Qué está pasando en nuestra
agricultura y en nuestra ganadería? Los agricultores y agricultoras
no pueden sobrevivir con los precios que les impone el mercado
global, las grandes superficies o las subastas en los “mercas” de
nuestras ciudades, viéndose obligados a subsistir por las
subvenciones europeas (mientras queden) o directamente a desaparecer.
Esta situación se ha ido generando a
lo largo de tres décadas, pero el sector inmobiliario, que llegó a
ser el motor de nuestra economía gracias al endeudamiento de las
familias españolas, sirvió de colchón. Al detenerse este sector
bruscamente, toda la economía se ha venido abajo.
Por tanto, no hay una crisis económica
a escala mundial. A China, por ejemplo, le va muy bien, siendo el
principal manufacturero mundial. Lo que no funciona es un modelo de
economía de libre mercado a escala mundial. Las propuestas desde la
izquierda deben cuestionar este modelo y cambiar este paradigma de
“Libre mercado” = “Riqueza para todos”. Los únicos que se
enriquecen con el libre mercado son las grandes empresas, que se
pueden deslocalizar, aumentando de esta forma su margen de beneficio.
Para los habitantes de los países
empobrecidos, ya hace algún tiempo que la globalización afectó
fuertemente a sus economías locales, principalmente a la población
campesina, que vio los mercados inundados de alimentos europeos o
americanos subvencionados, y se vieron obligados a migrar a las
ciudades, formando los cinturones de pobreza que luego trabajan en
las maquilas para producir artículos baratos para el mercado europeo
y americano.
Por nuestra parte, los ciudadanos de
esta parte del mundo nos hemos estado beneficiando temporalmente
porque encontramos productos más baratos y podemos tener miles de
objetos inútiles que antes no podíamos permitirnos, aunque a medio
plazo este modelo supondrá el desempleo y el empobrecimiento de
amplias capas de la población y la desaparición de una buena parte
de la actual clase media.
Alejandro Brome









